Los orígenes de Almadén

Aunque existen muchos datos que nos confirman la existencia de las minas de Almadén desde la más remota antigüedad, hoy se hace prácticamente imposible conocer quienes fueron sus primeros explotadores. La primera pista real la tenemos en el nombre de esta región durante la colonización romana, región Sisaponense, que procede de la palabra celta “sisapo”, que significa  “mina”, lo que nos hace suponer que fuese el pueblo celta de los túrdulos su primer explotador. En cualquier caso, la geología del yacimiento, con bancos de mineral casi verticales, hace pensar que el mineral afloraba en superficie, por lo que su presencia se debió de conocer por los primeros pobladores de la zona.

Orígenes de Almadén


Según Celio Rodiginio la mina se empezó a explotar antes de la primera guerra Púnica, esto es hacia el año 264 antes de Cristo. Con el fin de la segunda guerra Púnica Roma tomó posesión de las minas y sin duda alguna las mantuvo en explotación. Se conocen labores mineras antiguas en diversos puntos del territorio. Destaca por su importancia la mina de Las Cuevas, situada a 9 km de Almadén. Los trabajos antiguos que se visitaron en 1774 durante su descubrimiento confirmaron la existencia de un pozo antiguo y galerías de pequeño tamaño y “… se halló abundancia de granos, los mayores como avellanas de finísimo cinabrio, el que según Teofrasto se conducía a Roma” indica Morete de Varela en 1804. Se confirmaron restos cerámicos romanos en superficie así como monedas, correspondientes sin duda a un asentamiento relacionado con la explotación en el próximo «Cerro de los Ladrillos». También se suponen trabajos mineros de origen romano en la mina de Guadalperal , ubicada a unos 8 kilómetros de Almadén, como así lo atestiguan los restos encontrados durante su descubrimiento en 1786: un pozo minero y una galería excavados a pico. En el pozo se hallaron calaveras y huesos humanos, también de animales, monedas romanas, molinos circulares, como los usados para moler el mineral en época romana, lucernas e incluso un dedo de bronce masivo, “… que por su morbidez indicaba ser de alguna diosa de las muchas que entonces se erigían…”  dice también Morete.

El uso del cinabrio, llamado minio en aquellos tiempos, era meramente decorativo. Se usaba para fabricar un pigmento de un color rojo muy potente, el bermellón. Fue un pigmento muy empleado en pintura mural civil, pero debido precisamente a su elevado precio estaba reservado únicamente a ricos y por supuesto al emperador, como demuestra el haberse encontrado en los baños del Emperador Tito en el siglo I D.C. También fue frecuente su uso en celebraciones para decorar la cara de dioses, o los cuerpos de generales tras sus victorias.

La ocupación romana efectiva en esta zona no empieza realmente hasta los siglos I-II A.C., y se dedica a la explotación de las minas la sociedad Socii Sisaponensis, en la Beturia Turdetana. Así, Plinio el Viejo cuenta de Sisapo en su Naturalis Historia (XXXIII, cap VIII)  que: “El minio más conocido es el de la región sisaponense, en la Baetica, mina que es propiedad del pueblo romano. Nada se vigila con más cuidado; no está permitido refinarlo en plaza, sino que se envía a Roma, en bruto y bajo sello, en cantidad de unas 2.000 libras. En Roma se lava. Con el fin de que no alcance precios altos, una ley ha fijado su valor en venta, que es de 70 sestercios la libra. Se adultera de muchos modos, lo que proporciona grandes beneficios a las compañías… En los yacimientos de minio sisaponenses las vetas están compuestas sólo de tierra de minio, sin plata”. Otros textos fijan la producción de cinabrio en 10.000 libras, mientras que otros aseguran que no se trataba de libras sino de pondos, lo que correspondería a 70 veces más. Esto supondría una producción anual de cinabrio de entre 655 kg y 230 t.

Según Plinio, al arrancar el cinabrio con ayuda de picos, se desprendían gotas de mercurio nativo, lo que ellos conocían como argentum vivum  o plata viva. El arquitecto romano Marco Vitruvio nos explica en su tratado De arquitectura, libro VII, cap IX cómo se fabricaba el bermellón en Roma: moliendo el cinabrio en morteros de hierro, secándolo en hornos  y lavándolo con agua para arrastrar la parte más fina, que era el bermellón. Recogían el mercurio que condensaba tras evaporarlo en los hornos, lo llamaban hydrargirum (agua de plata) y lo diferenciaban del argentum vivum  o mercurio nativo, pues consideraban que este último tenía peor calidad. Lo que es seguro es que los naturales de la zona de Almadén conocían ya los procesos de obtener el bermellón, pues sino no se entendería por qué el emperador prohibió que se purificase y calcinase el mineral en la Bética como cuenta Plinio…

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