Almadén y Napoleón

La historia de la minas de Almadén tiene, como no podía ser de otra manera, los mismos capítulos que la historia de España. Otro momento inolvidable de ambas es la guerra de la Independencia.

La guerra de la independencia empieza en Almadén el 10 de junio de 1808 cuando, al llegar la noticia de que se están dispersando tropas francesas por la Mancha, se crea la Junta Local de Reclutamiento. Se establecen entonces rondas de vigilancia en la población, y se reclutan 109 hombres para la enviarlos a la guerra. Entre las providencias acordadas por la Junta de Gobierno de Almadén se encuentra la de habilitar billetes papel moneda que habían de servir, y como en efecto sirvieron, para el pago de víveres entre particulares.

A finales de año llega a Almadén D. Juan de Velasco y Negrillo con la misión de crear un cuerpo de caballería. Éste se forma con 160 hombres y 50 caballos del pueblo. El resto de los caballos y el vestuario llegó de Córdoba. El 15 de noviembre de 1809 tiene lugar su enfrentamiento más memorable cuando, enterados de que una partida de soldados franceses se dirigía a Almadén, preparan una emboscada en la sierra de Cordoneros. Aguardando su paso en el puerto Alegre, muy próximo a Almadén, les atacan de improviso, logrando matar al capitán y haciendo prisioneros a los soldados. A este grupo se le unió la llamada “Compañía de Inválidos”, mandada por el Capitán Francisco González de Vera. Estaba formada por mineros enfermos y su misión principal fue la de proteger la mina.

El 5 de enero de 1809 llega a Almadén el Mariscal de campo D. Tomás Zerain con la quinta división del ejército del centro, en la que se encontraban el primero y segundo Regimientos de España junto a otras unidades, un total de 1.500 hombres. En esta situación, los trabajadores seguían extrayendo mineral pero no podían tostarlo; la producción de mercurio se había paralizado en 1808. Ante la batalla inminente se decide que se dediquen a construir armamento y material de campaña. Queda constancia en el libro de defunciones del cementerio de San Rafael de los nombres y procedencias de los 34 soldados del Regimiento España que fallecieron siendo atendidos en el Hospital de Mineros, y que fueron enterrados en el mismo.

Almadén y Napoleón

El 12 de enero de 1810 el general Zeraín tuvo noticias de que una fuerte columna, el cuerpo de ejército del Mariscal Victor formado por 22.000 hombres, avanzaba a la conquista de Almadén. Al día siguiente pidió ayuda urgente al ejército de Extremadura, a las órdenes del recién nombrado Teniente General Duque de Alburquerque. Gran parte de los 12.000 soldados que formaban este ejército se hallaban entre Mérida y Don Benito. Sin dilación Alburquerque movilizó su ejército hacia Almadén, pero no había cruzado la comarca de la Serena cuando se recibieron noticias de la pérdida de dicha ciudad. El 15 de Enero de 1810, Zeraín se había visto obligado a abandonar Almadén y éste cayó en manos de los franceses.

Con el ejército español huye Pedro Hernando, Gobernador Superintendente de las minas, llevándose gran parte de la tesorería de las minas y trasladando munición y plomo a diversos pueblos. Fue acusado de mantener correspondencia y pedir auxilio a los franceses. Sufrió 4 meses de cárcel, aunque logró finalmente la libertad y con los años fue incluso repuesto en su cargo en las minas.

El ejército francés asola la población quemando y saqueando edificios como el convento de San Antonio en el camino a Chillón, la iglesia de Jesús de Nazareno, conocida ahora como de San Sebastián. La iglesia perdió su gran torre, aunque en 1814 fue reconstruida con la espadaña que luce actualmente. El numeroso ejército se instala en posadas, graneros, almacenes e instalaciones de las minas. Incluso usaron viviendas particulares de las que se desalojaron a sus ocupantes.

Los trabajos mineros se encontraban prácticamente abandonados. Los franceses crean la Junta Protectora de las Reales Minas para su gobierno. Para el puesto de Superintendente de las minas se nombra, entre enero y agosto de 1810, a Juan de la Plazuela, a quien sucedió Francisco Cabello. Como director se mantuvo a Diego de Larrañaga. Todos ellos, junto con otros cargos, fueron juzgados al finalizar la invasión por afrancesados. Al menos Diego de Larrañaga fue finalmente absuelto. El comercio de mercurio lo dirigió Francisco Coello desde Manzanares y dos comisionados destinados en Huelva al comercio de ultramar, Francisco de la Garza y Miguel de Guevara. A principios de 1812 el ejército francés lleva a cabo la fortificación del pueblo, con tapiado y amurallado de las calles más cercanas a la mina. Queda dentro de ella el Castillo de Retamar a que unieron la casa contigua de Carballido, con fachada a la calle Mayor de San Juan. Se establece en Almadén una guarnición con tropas de la columna móvil de la Sierra al mando del coronel Duart.

La escasez total de moneda metálica que se produjo en los años centrales de la guerra, entre 1810 y 1812, hizo que se desbordase el ámbito inicialmente previsto para la circulación de los billetes. El papel moneda se utilizó entonces en todo tipo de transacciones económicas y por todos los habitantes de Almadén y comarca. También se hizo frecuente la circulación de falsificaciones. Por decreto del Duque de Dalmacia, tanto Almadén como Chillón quedaron exentas del pago del estado de contribución y se dispuso el pago de 200.000 reales mensuales a estas minas para emplearlas en la extracción el mineral, fundición y mano de obra. Solo se puede confirmar la llegada del dinero en una ocasión.

No faltaron los incidentes entre los habitantes del pueblo y los franceses. El más grave ocurrió con Miguel Aguilera, oficial de minas y abuelo de Alberto Aguilera Velasco, quien llegó a ser ministro de la Gobernación durante la regencia de María Cristina y alcalde de Madrid en varias ocasiones. Se encontraba su esposa, Isidra Cavanillas, en su casa cuando llegó un soldado francés que quiso abusar de ella. Miguel acudió en su ayuda y cogiendo la mano metálica de un almirel mató al soldado de un certero golpe en la cabeza. Afortunadamente, el propio ejército invasor entendió que los hechos se produjeron en defensa propia y quedó libre.

Los franceses abandonan Almadén en agosto de 1812 y unos meses después, el 6 de enero de 1813, se encienden de nuevo los hornos de Almadén.

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