De Clausthal a Almadén

Sin duda uno de los personajes históricos más referidos al hablar de la historia de la mina de Almadén y de las enseñanzas de la minería en España es Enrique Cristobal Storr, director que fue de las minas y de la Academia de Minas, primer antecedente de las Escuelas de Ingeniería de Minas en España.

Han pasado ya 260 años desde que en 1756, Storr fuese contratado en la ciudad minera alemana de Clausthal para trabajar como ingeniero subterráneo al servicio de las minas de Almadén. No fue el primer ingeniero alemán que vino a Almadén. Un año antes, en 1755, se nombró director de la minas a Carlos Hennig Koehler, oriundo de Estrasburgo, que murió prematuramente en 1757. Tras el fallecimiento de Koehler, Storr inicia un largo periodo de quejas, lamentaciones y discusiones con otros oficiales del Establecimiento Minero, mientras no cesa de pedir que se le nombre director de las minas. Aunque sin nombramiento, Storr desempeñó el cargo de forma interina desde la muerte de Koehler, e intentó siempre llevar personalmente todas las decisiones técnicas de la explotación, oponiéndose reiteradamente a algunas órdenes del gobernador de la mina. Tampoco le faltaron conflictos con los trabajadores, como el que se produjo en abril de 1777 cuando tres destajeros se presentaron en su casa protestando porque los oficiales minoraban las medidas que hacían del trabajo efectuado, y con ello su sueldo. La discusión siguió en la calle donde la gente apoyó a gritos a los destajeros. Finalmente Storr, tras complejos cálculos sobre lo trabajado por un trabajador, les demostró que cobraban de más.

En reconocimiento sin duda a los logros de su trabajo como fue el aumento de la producción, sus dotes de delineador y sus magníficos informes y estudios minero-metalúrgicos, se le designa director por Real Orden de Carlos III de fecha 14 de julio de 1777, aunque aún tuvo que esperar hasta 1781 para hacer efectivo este nombramiento. El rey le impuso además “la obligación de enseñar a los jóvenes matemáticos, que se remitirán de estos reynos y los de América, para que se destinen e instruyan en la theorica y practicamente, la Geometría Subterránea y Mineralogía”. Así se creó la primera Escuela de Minas en España y la cuarta del mundo, tras las de Freiberg (Alemania, 1767), Schemitzz (Eslovaquia, 1770) y San Petersburgo (Rusia, 1772).

En el año de su nombramiento trae a Almadén a su primera esposa Vicenta, sus hijas solteras Juana y Manuela, su hija viuda Dorotea y su hijo Juan Enrique, que formó parte de la promoción de la Academia de Minas de 1785, y acabó siendo destinado a las minas de Indias.

Storr inicia las clases en la Academia en 1778 con seis alumnos, aunque no todos terminaron los estudios; José Cherta fue despedido por padecer una enfermedad pulmonar, seguramente tuberculosis, aunque en la decisión influyó mucho su noviazgo con la hija viuda de Storr, de otra religión, y la oposición de Störr a la relación. Sorprende la determinación de Storr para poner en marcha la Academia pues todo fueron dificultades: la falta de local, de material, de consignación y hasta de alumnos, pues cuando sus alumnos destacaban un poco eran enviados a las minas americanas. Pero todo lo fue logrando. Como no existían libros de textos para la Academia escribió en alemán el Curso de Mineralogía y Geometría Subterránea, las memorias e inventario para las prácticas de Geometría Subterránea y en general todo el material gráfico. Luchó para lograr la construcción de un edificio para albergar la Academia, oponiéndose a la propuesta del superintendente de hacerla enfrente de las casas que él mismo había elegido para tal fin, pues la elección de Storr suponía un elevado coste de construcción por el fuerte desnivel que existía en la parcela. Aunque en principio el edificio se ideó sólo para vivienda del director, finalmente se acondicionó además como Academia de Minas. Lamentablemente, el edificio no se pudo ocupar hasta diciembre de 1785, cuando ya había sido jubilado Enrique Storr.

Las disputas con sus superiores no cesaron en este tiempo, lo que supuso nuevas reprimendas para Storr, como la discusión de 1783 con el superintendente Castaño al oponerse Storr a la orden de éste de enviar destajeros temblones al torno de San Antonio, que era saludable, excluyendo a los trabajadores sanos. En este año ya empieza a estar achacoso Storr y se convierte al catolicismo, al año siguiente pide permiso para retirarse una temporada a Puertollano para tomar aguas minerales. En 1785 fue jubilado forzoso y se traslada a Madrid, a la calle Fuencarral 21, donde tras tener problemas económicos y nuevos encontronazos con las autoridades de Almadén, acaba residiendo en Zamora donde fallece el 30 de agosto de 1802.

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