Drácula Lugosi cumple 85 años

Béla Lugosi saltó a la fama ahora hace 85 años con el papel del conde Drácula en la versión cinematográfica dirigida por Tod Browning, recordada con cariño por un fandom insatisfecho ante la imagen edulcorada del vampiro que transmiten películas como las de la saga de Crepúsculo.

El Drácula original es un ser cínico y despiadado, un verdadero monstruo que no se contenta con alimentarse de la sangre ajena sino que asesina o manda asesinar a quien se cruza en su camino, mientras los vampiros postmodernos son tratados con mucha benevolencia e incluso como modelos a admirar por ser capaces de salir adelante en un mundo “que no es el suyo”, tratando de no hacer daño a los humanos corrientes.

La novela que creó la leyenda, publicada por el irlandés Bram Stoker en 1897, supo combinar los informes reales sobre la entonces poco conocida zona de Transilvania, en Rumanía, con mitos locales y con referentes literarios previos en narraciones firmadas por autores como Sheridan Le Fanu, E.T.A. Hoffmann, John William Polidori o Teophile Gautier.

Recibió buenas críticas y obtuvo buenas ventas en su época pero, al igual que ha sucedido con otros grandes clásicos de la literatura universal como La Biblia o Don Quijote de La Mancha, son muy pocos los lectores que han degustado el original: la mayor parte de las personas que conoce al personaje ha accedido a él a través de sus adaptaciones cinematográficas o de otros formatos como el comic.

En el caso del cine, Lugosi sustituyó a la primera opción escogida por Browning para el papel protagonista: Lon Chaney, también conocido como “el hombre de las mil caras” y uno de los actores más populares en la época heroica de Hollywood gracias a su versatilidad y su habilidad para la caracterización con maquillaje, además de la afabilidad que mostró con sus colegas de profesión.

Pero Chaney desarrolló una neumonía durante un rodaje en el invierno de 1929 y, a finales del mismo año, fue diagnosticado con un cáncer de pulmón; su estado empeoró y falleció a finales de agosto de 1930.

El rodaje del Drácula de Browning comenzó en septiembre del mismo año y duró menos de dos meses: la película fue estrenada en la primavera de 1931 confiando en la experiencia de Lugosi, que ya había interpretado el mismo papel en la obra de teatro estrenada en Broadway en 1927.

En realidad, aquélla no fue la primera adaptación al cine de la obra de Stoker ya que el director Friedrich Wilhelm Murnau había rodado la suya en 1922: Nosferatu, una sinfonía del horror.

Sin embargo, al no disponer de los derechos legales para adaptar la novela, se vio forzado a introducir algunos cambios además del nombre del vampiro protagonista, que pasó a llamarse Nosferatu, una expresión popular rumana para referirse a “los no muertos”.

Irónicamente, Murnau falleció en un accidente automovilístico en marzo de 1931, poco antes de que se estrenara la versión de Browning.

El nombre real de Bela Lugosi era Béla Ferenc Dezsö Blaskó: su apellido artístico lo tomó de su ciudad natal de Rumanía: Lugoj, pronunciada Lugos en húngaro, que formaba parte del imperio austrohúngaro cuando él nació.

Progresivamente poseído por el espíritu del más famoso de sus personajes, a su muerte el actor fue incinerado disfrazado de vampiro en Culver City, California.

No obstante, Lugosi no fue el único vampiro del cine, ni siquiera el más importante, ya que los críticos guardan ese título para el británico Christopher Lee, quien más veces y con mayor verismo ha interpretado al conde en el celuloide.

Con mayor o menor fortuna hemos visto a otros Dráculas en la gran pantalla, como Klaus Kinski (1978), Frank Langella (1979), George Hamilton (1979) y Gary Oldman (1993), entre otros.

Coincidiendo con el 85 aniversario del estreno de la película de Browning y Lugosi, un grupo de científicos de la Universidad de Leicester de Física y Astronomía en el Reino Unido han publicado un ensayo sobre el tiempo que tardaría un vampiro como el de las obras de género fantástico en beber el 15 % de la sangre de un adulto.

Este porcentaje se fijó como punto de referencia medio respecto a la cantidad que podría llegar a extraer el vampiro del cuerpo de una persona sin llegar a provocarla alteraciones cardíacas que pudieran acabar con su vida: después de todo, estos monstruos no buscan matar a sus víctimas sino alimentarse de ellas, por lo que les conviene mantenerlas con vida el mayor tiempo posible.

También tuvieron en cuenta la densidad media de la sangre a temperatura ambiente, así como la cantidad concreta que podría extraerse a través de dos agujeros -de colmillo, naturalmente- de unos 0,5 milímetros de diámetro cada uno en el cuello, precisamente porque allí están las arterias carótidas, donde la sangre viaja con mayor presión y rapidez.

Los científicos llegaron a la conclusión de que Drácula, o cualquiera de los de su estirpe, podría succionar ese 15 % de la sangre de un cuerpo humano, unos 800 mililitros, en sólo 6,4 minutos.

No es el único estudio relacionado con el vampirismo que se ha publicado estos días: en Holanda, otro equipo de investigadores, esta vez del Centro Médico de la Universidad de Leiden, demostraba que, tal y como advierte el tópico, la sangre puede congelarse literalmente por culpa del miedo.

Los científicos se encontraron con que un estado de pavor agudo activa el conocido como factor VIII de coagulación: una glucoproteína encargada de regular el torrente sanguíneo y que, como antihemofílico, es una especie de seguro de vida ante la pérdida de sangre en el cuerpo humano.

Los experimentos se desarrollaron con dos grupos de voluntarios, uno de los cuales vio una película de terror y, el otro, una educativa; tras analizar las muestras de sangre extraídas antes y después de las proyecciones, los resultados demostraron que los niveles de este factor coagulante fueron los únicos que se vieron alterados y, de hecho, se incrementaron en un 57% de los participantes durante la obra de terror.

Por cierto que el escenario en el cual se inspiró Stoker para su novela, el castillo Bran de Rumanía que constituye uno de los principales atractivos turísticos de este país, continúa en venta.

La familia real rumana lo vende por “sólo” 66 millones de dólares, aunque el precio no incluye las reformas que es preciso afrontar como por ejemplo dotarlo de una instalación de agua corriente.

Esta fortaleza es visitada cada año por unas 560.000 personas, aunque el príncipe Vlad III “el empalador”, utilizado también en parte como inspiración para el modelo del conde Drácula, nunca llegó a visitarlo…, ni tampoco lo hizo el propio Stoker, que escribió acerca de él basándose en sus lecturas personales.

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