Felicidad Martínez: “No se trata sólo de juntar palabras”

A la hora de escribir, también en el caso de la Ciencia Ficción, “no se trata sólo de juntar palabras, como creen algunos: hay herramientas y experiencia que tienen que adquirirse por el camino y son imprescindibles si uno quiere hacer algo que de verdad merezca la pena”, ha advertido a Efe una de las escritoras más activas de los últimos tiempos en el género en España: Felicidad Martínez.

Ciencia Ficción


Esta ingeniera industrial se cansó “hace años” de “tener que demostrar que valía tanto como un hombre”, así que decidió cambiar de oficio y “ahora soy profesora unos meses al año y, el resto, puedo dedicarme a trabajar en la literatura, que es lo que me gusta” y donde puede aprender y crecer profesionalmente “siempre a base de trabajar y trabajar” con horarios definidos y la mayor autodisciplina posible.

Es un plan de vida que “de momento me permite sobrevivir, aunque es verdad que no se lo recomiendo a todo el mundo porque depende de tus circunstancias personales y es complicado vivir de esto en España, sobre todo si uno es un autor de género”, insiste.

En su caso, reconoce estar “muy contenta” por ser finalista este año en los premios Ignotus por ‘La mirada extraña’, que recibió buenas críticas, igual que ‘Despertares: una historia del metaverso’, y enfrascada en la corrección de ‘La textura de las palabras’, ambientada en el universo de Akasa-Puspa de Javier Redal y Juan Miguel Aguilera, que publicará el próximo mes de enero con la editorial Cazador de ratas.



“Antes leía de todo, pero ahora cada vez más me centro exclusivamente en la Ciencia Ficción, lo mismo que escribo”, reconoce Martínez, y en particular “me gusta mucho la especulación social, por su originalidad” ya que “demasiada gente escribe siempre sobre cosas parecidas…, por ejemplo estoy muy cansada de leer obras de fantasía medieval” .

Aún así, acaba de terminar una novela ambientada en el siglo XVIII, “la primera que he escrito que no es de Ciencia Ficción”, y como todo lo que escribe permanecerá al menos un año “descansando” en un cajón, antes de ponerse a corregirla.

Feminismo y novela corta 


En sus redes sociales, Martínez defiende con firmeza la literatura escrita por mujeres y, además, de un formato intermedio en el que se encuentra particularmente más cómoda que la novela –“requiere demasiado tiempo para que salga bien”– y el cuento –“siempre me ha parecido un género muy difícil”-, que no es otro que el de la novela corta.

“En realidad, somos muy pocas las que escribimos regularmente, casi elementos anecdóticos”, asegura, pero en los últimos tiempos –“hace sólo un año, según mi percepción”, precisa- se ha producido un movimiento de revalorización “importante” con la publicación de la antología Alucinadas, la convocatoria del premio Ripley o la actividad del grupo La Nave Invisible, entre otras actividades.

“Aporté mi granito de arena a este movimiento de reconocimiento tras una reflexión personal: no puedo quejarme de que no me lean por ser mujer si yo misma soy la primera que no leo a otras mujeres”, razona.



En cuanto al formato, la novela corta “está en auge en Estados Unidos y ahora está empezando a extenderse en España” porque “con las prisas con las que vivimos hoy día es más fácil de leer…, es como ver un episodio de una serie de televisión en lugar de una película de tres horas”.

Así, recuerda el caso de la Editorial Cerbero, que publica numerosas obras en este formato y a la que, en el último festival Celsius 232 en julio de este año, “le pronosticaron que se iban a pegar un batacazo…, y luego triunfó gracias a este tipo de novelas”.

En su opinión, parte del éxito de la novela corta es que en la actualidad se publican “demasiadas” trilogías cuando “a menudo no hace falta estirar tanto” una historia.

Leer


Martínez ha recordado que “a mí me metieron en el género gracias a la asignatura de valenciano, porque todas mis profesoras, justamente mujeres, me mandaban leer este tipo de relatos para aprender el idioma” lo que considera un acierto, ya que “si las lecturas en colegios e institutos no son adecuadas a la edad de los chavales, éstos no van a leer nunca” y por eso ha pedido revisar “en serio” la política educativa también en este sentido.

Respecto al fandom, considera que “últimamente hay una obsesión entre la gente a la que le gusta el género: están obsesionados con leerlo todo y leerlo ya, siguiendo las modas” cuando los libros en realidad “están para disfrutarlos, no para tragárselos de cualquier manera”.

 

El público en general demuestra además que “falta cultura del esfuerzo en la sociedad española” lo que, en el caso de la literatura, se traduce en los bajos índices de lectura y una posición desahogada que se resume en el pensamiento de “para qué voy a leer un libro si puedo ver su adaptación al cine”.



Leer requiere “implicación personal, concentración, comprensión lectora…” mientras que ver una película o una serie “no exige esfuerzo sino limitarse a contemplar pasivamente una pantalla”.

La CF en España


La proliferación de festivales, jornadas, presentaciones y otras actividades en torno al género es, a juicio de Martínez, la confirmación de que “ya no estamos en un reducto, en un gueto, como en las antiguas ediciones de la Hispacon, en las que éramos cuatro gatos” y además resulta “reconfortante” ver cómo empiezan a llegar visitantes jóvenes “que se enganchan y siguen leyendo Fantástico a medida que van cumpliendo años”.

Sin embargo, “nos falta ese punto de dejar de sentirnos inferiores, cuando no lo somos” porque en España se escriben y publican obras “tan buenas y también tan malas como las inglesas o las norteamericanas”.

Por ello ha denunciado que “la gran masa lectora sigue despreciando a la literatura de género y ese desprecio termina calando en las editoriales”, a las que por esa razón les cuesta apostar por autores españoles.



Martínez cree que esta actitud es “una herencia del Franquismo porque psicológicamente seguimos instalados en el prejuicio erróneo de que sólo lo de fuera es bueno, que no podemos hacer nada mejor que un extranjero…, y si te atreves a alabar algo que sea español automáticamente te califican de franquista”.

Perfeccionista en su trabajo y moderadamente optimista, concluye reconociendo que “cuanto más sé sobre escribir, más me cuesta hacerlo porque cuido cada frase, aspiro a dejarla perfecta”.

 

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