La primera Guerra Carlista en Almadén (continuación)

Al anochecer, patrullas de carlistas valencianos y aragoneses lograron entrar en el pueblo y, poco después, pasó el ejército de vascos y castellanos. Cayó primero el Hospital de Mineros, donde cobardemente asesinaron al capitán José Valcárcel y al teniente Vicente Arias después de rendirse. En ese instante desde el fuerte de Cristina se hizo la señal convenida para que todos se replegasen a los puntos interiores de defensa. La casa de la Superintendencia se entregó por el capitán Salvador Criado, que se pasó a las filas carlistas con toda su compañía. Se ocupó la parroquia de Jesús y todos los tejados que rodeaban las casas fuerte de la defensa: el fuerte de la Enfermería, en la plaza de la Constitución, el de Cristina o castillo de Retamar, la casa Academia y la vivienda de Vicente Carballido. Flinter quemó la calle próxima al recinto que defendía para impedir el avance de los atacantes. A pesar de ello la situación empeoraba por momentos: los carlistas iban horadando los tabiques de las casas cercanas y pasando de una a otra. Advertido Gómez de que por las bóvedas de la iglesia podía dominar la Enfermería, mandó abrir algunas troneras por el ala del tejado. Así amaneció el día 24.

La batalla continuó, y entre las 11 y las 12 de la mañana, los carlistas lograron tomar la Enfermería. Cargaron después sobre el centro de la población, ocupando la Academia de Minas, muy próxima al fuerte del castillo de Retamar, pues el humo y las llamas de las casas laterales obligaron a sus defensores a abandonarla. Los soldados se trasladaron a la casa de Carballido y, finalmente, los últimos 500 hombres que defendían la ciudad se refugian en el castillo de Retamar, muchos de ellos desarmados o sin munición. Un jefe carlista y un ayudante del brigadier Flinter se presentaron de nuevo ante Puente para exigir su rendición, advirtiéndole que ya había caído la Enfermería. Puente insistió en resistir respondiendo que “aún tenía medios de resistencia, y que dijeran a Gómez que respetase el Establecimiento Minero, toda vez que era una propiedad de la nación que debería poseer el vencedor en aquella lucha desastrosa”.

Toma de Almadén.

A las cuatro de la tarde Puente se rindió, “convencido de la absoluta imposibilidad de continuar sin temeridad la resistencia, y viendo por otra parte amenazado de ser entregado a las llamas del cerco de S. Teodoro, y con él las máquinas de vapor para el desagüe y de extracción”. La defensa soportó 34 horas el ataque.

Aunque hay testimonios de que Flinter pidió que lo fusilaran en lugar de tomarlo preso, y que Cabrera se negó a hacerlo con las galantes palabras de que “hombres valientes como tú no me han disparado”, parece poco creíble dado el carácter desagradable de Cabrera.

Algunas casas de Almadén situadas en la calle Mayor de San Juan y Gregorio Lillo fueron saqueadas e incendiadas. Asesinaron a varias personas entre ellas a Braulio Franqueza, Francisco Ferrera, al capitán de tropa Fominaya y a su sobrino. A Fabián Tirado lo dieron por muerto. Se apoderaron de los fondos públicos, el tabaco, papel sellado, el grano, los bueyes y las caballerías que encontraron y, se desconoce si por descuido o por malicia, en medio de la confusión se inutilizaron las minas al inundar algunas galerías. Como resultado de esta acción, “los cristianos sufrieron diecisiete muertos, cuarenta y seis heridos y 1.767 prisioneros”. En las filas de los rebeldes hubo más de 200 bajas.

A las tres de la madrugada del 25 los carlistas salieron de Almadén con dirección a Chillón. Se llevaron con ellos a los prisioneros entre los que encontraban José de Arciniega, ingeniero director de la mina, a Juan Pedro Alcalá, que fue ejecutado en el camino, y a Tomás Pato que logró escapar. Su madre le había dado un puñado de onzas de oro diciéndole “hijo mío, esto para todo vale”. Logró sobornar a un cabo y a dos carlistas cuando pidió retrasarse del grupo para orinar. Los prisioneros que decidieron unirse a los carlistas conservaron sus armas y los otros, después de desarmados, continuaron presos. El día 31, ya en Cáceres, les dejaron en libertad tras jurar que no volverían a enfrentarse a ellos. El brigadier Puente fue encarcelado en el depósito carlista de Marquina (Bilbao) y no fue liberado hasta finales de año. En 1843 fue nombrado senador por Ciudad Real.

El general Rodil culpó de la derrota a Puente y Flinter. De acuerdo a su opinión “Almadén con 1.350 hombres, con edificios de sólida construcción, con un decidido vecindario, con las promesas de sus jefes, debería esperar hiciese mayor resistencia”. El desastre de Almadén tuvo gran resonancia en las Cortes que acusaron al general de imprevisor, inactivo y de ser el causante. Como dijo el diputado Montoya “no debía responder de este hecho á la nación con menos que con su cabeza”. Finalmente, el 6 de noviembre de 1836 se le destituyó del mando de la división de la guardia real.

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