La ‘marea roja’ del cambio climático

Vista de miles de bivalvos Mesodesma donacium o “Machas” muertos y varados el 9 mayo de 2016, en la playa de Cucao, en la Isla de Chiloé. EFE/Damian Parra.

ORLANDO LIZAMA.- El desastre causado por el cambio climático se hace sentir en todo el mundo en este mismo momento y no es una amenaza a futuro, como quieren hacernos creer algunos… o como lo niegan otros.

Cambio climático

No se trata solo del deshielo en las capas polares que inundará las tierras bajas del planeta en las próximas décadas o siglos, según pronostican los científicos para tranquilizarnos y no pensemos que la amenaza es inminente.

Es mucho más. Está ocurriendo ahora mismo y está causando desastres naturales en dimensiones y consecuencias no registradas en el planeta, con excepción –tal vez- de las glaciaciones.

Si tiene dudas observe el aumento de temperaturas globales, la mayor intensidad de las tormentas, las sequías agobiantes y otros desastres vinculados con este fenómeno que amenaza a la humanidad y cuya causante es precisamente el hombre.

¿Es casualidad que en el hemisferio sur las temperaturas fueron el pasado verano desusadamente altas y duraron más tiempo que nunca antes mientras al norte el invierno se hacía sentir con mayor rigor? 

Microorganismos nocivos

También hay que considerar el surgimiento o multiplicación de microorganismos nocivos y la desaparición de los hábitats naturales y la extinción de muchas especies, algunas de las cuales tratan de sobrevivir emigrando en busca de su desaparecido alimento o de un mejor ambiente.

El caso más ilustrativo es el de “la marea roja”, una microalga que ha causado la muerte de millones de moluscos y peces y es el origen de una rebelión de pescadores artesanales del sur de Chile que han visto desaparecer su fuente de ingresos y su principal alimento. En un intento desesperado por sobrevivir exigen la ayuda del gobierno a través del bloqueo de caminos y huelgas que agravan todavía más la situación.

Según la bióloga Claudia Torrijos, de la Universidad Católica de Concepción, en el sur de Chile, el origen básico de la “marea roja” es el aumento de las temperaturas marinas causado por el calentamiento global.

Agrega que los salmones murieron asfixiados por una microalga, la cual se multiplicó como resultado de condiciones oceanográficas excepcionales de este año en una zona que era dominio de la corriente fría de Humboldt procedente de la Antártida.

Éxodo o desaparición de especies

Hay marea roja porque los moluscos se alimentan de microalgas tóxicas que aparecen cuando las condiciones son óptimas para ellas. Mueren las anchovetas y las sardinas al quedar atrapadas en aguas calientes con mucho nutrientes y poco oxígeno”, señala.

Para la bióloga, el cambio climático es innegable y su influencia causa el éxodo o desaparición de especies, lo que a su vez incidirá en alteraciones socioeconómicas, demográficas y de seguridad. “Las microalgas son una expresión más de este desbarajuste”, afirma.

Satélites obsoletos

En el cambio climático hay otra vertiente que influirá en el combate para enfrentar el problema: muchos satélites lanzados al espacio para observarlo son obsoletos, no funcionan o no se les ha sustituido debido a los problemas financieros que han frenado el liderazgo de la NASA.

Los esfuerzos por medir la presencia de dióxido de carbono y la lucha para determinar fielmente la reducción de emisiones contaminantes sufrieron un duro traspiés en 2009 cuando cayó a Tierra el Observatorio Orbitante de Carbono (OCO).

El satélite era un instrumento crucial para la recolección de datos sobre el ambiente y para el gobierno de EEUU en sus esfuerzos por descifrar las implicaciones de seguridad nacional del cambio climático.

Su caída reveló un problema aún mayor: entender este cambio exige una enorme cantidad de información y la obsolescencia de los satélites encargados de proporcionarla es un obstáculo mayor e insoluble. 

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Manifestantes marchan en apoyo a los habitantes de la isla de Chiloé, a raíz de la protesta que mantienen los pescadores afectados por la presencia de la marea roja. EFE/Mario Ruiz.

OCO era el único satélite que podía proporcionarnos el tipo de información global que necesitamos”, dice James Lewis, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CEEI). “Y ni siquiera hemos pensado cómo reemplazarlo”, agrega.

El Consejo Nacional de Investigaciones dio la alarma en 2005 cuando indicó que el sistema de satélites estaba “a punto de colapsar” debido a la reducción financiera en la NASA.

En 2010 el CEEI volvió a advertir de que en ocho años “todos los satélites meteorológicos habrán superado el lapso de vida activa calculado”.

En este panorama Ed Kearns, subdirector del Departamento de Aplicaciones Remotas del Centro Meteorológico de la Dirección Oceanográfica de Estados Unidos, afirma esperanzado que ante el envejecimiento de los satélites “no se perderá la capacidad de saber cómo cambia el clima”.

Ese cambio es irrefutable. “El problema es que nuestra incertidumbre será mucho mayor que antes”, señala.

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