Las minas de Almadén 3 (Continuación)

(Continuación)


En 1487 se incorpora la Orden militar de Calatrava a la Corona de Castilla, y con ello se devuelven las minas a la Corona, quedando el rey Don Fernando II de Aragón “el católico” como administrador de los bienes de la orden. Aunque esta cesión tuvo al principio un carácter personal, se convirtió en oficial con la bula del Papa Adriano VI de 1523. Parece que se siguió con la política de no realizar directamente la explotación, lo que parece una práctica habitual de la época. Así, por ejemplo, en 1516 se celebra el contrato “de arrendamiento por cuatro años de toda la piedra de azogue e bermellón de la mina de Almadén, a favor de Alonso Gutiérrez”, que conserva los privilegios y exenciones de los “anteriores arrendatarios”, y lo mismo ocurre con la venta del mismo, como prueba el acuerdo celebrado en 1508 entre la reina Juana I de Castilla “la loca” y el rey de Portugal por el que éste pagaba 5.000 maravedís por cada quintal de mercurio (46 kg), y 6.000 por cada quintal de bermellón.



Minas de Almadén


Cuando el emperador alemán Maximiliano falleció en 1519 le dejó a su nieto español Carlos I (hijo de Juana I) la corona del Sacro Imperio Romano Germánico. Para hacer efectivo el nombramiento tuvo que asegurarse el apoyo de los príncipes electores alemanes con una importante suma de dinero, por lo que tuvo que pedir dinero prestado a unos banqueros alemanes llamados Fugger, conocidos en España como Fúcares. Tras su nombramiento, Carlos I de España y V de Alemania se vio obligado a celebrar unos “asientos” o contratos de préstamo con ellos. Como pago, el emperador Carlos I ofreció las rentas de los Maestrazgos, es decir, los ingresos de los terrenos de las Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara, que estaban distribuidas mayoritariamente en Extremadura y Castilla-La Mancha. Comprendían grandes extensiones de cereales y pastos, derechos de peaje y arriendos agrícolas y las minas de mercurio de Almadén. El contrato se inicia en 1525 y distintos periodos de arriendo se prolongan hasta 1645, año en que fue recuperada la explotación por la Corona de España. Es en estos años, en 1559, cuando al objeto de aumentar la producción, el administrador de los Fugger solicita trabajadores condenados por la Justicia para trabajar en la mina, son conocidos como forzados, a los que se unen esclavos y gitanos. No recibían salario, pero debían de ser adecuadamente vestidos y calzados. El trabajo de estos forzados se prolongó hasta 1801, fecha en la que se cierra la cárcel y se traslada a los últimos presos, quedando en Almadén sólo los reos con causa pendiente o enfermos.


La explotación en aquella época se centró en la conocida como “Rama Sur”, situada al oeste a la explotación moderna, los trabajos llegaron entonces en esa zona hasta la planta 4ª, a unos 130 metros de profundidad. La mina de acuerdo a los planos que se conservan era un laberinto de galerías (cañas), que si tenían mucha inclinación se llamaban cañas agrias, pozos (tornos), que cuando alcanzaban la superficie se llamaban resolladeros, y socavones o galerías horizontales desde el exterior. De esta época datan los socavones del Pozo y de la Contramina y el resolladero de la Grúa, que luego se vendría a llamar pozo de San Aquilino.


La explotación era selectiva, extrayendo sólo el mineral de los lugares de explotación conocidos como “hurtos”. La explotación de la mina se llevó a cabo intensamente, existen testimonios de que en 1548 trabajan en ella más de 80 personas y que usaban 100 mulas y 100 bueyes. Este aumento de producción sin las labores de mantenimiento adecuadas provocó importantes hundimientos como los ocurridos en 1543 en los Hurtos de Ambrán y Mercado, pero el mayor desastre se produjo el 18 de noviembre de 1550, fecha en la que se inició el primero de los dos graves incendios que sufrió la mina en su historia. La mina estuvo ardiendo tres meses y tuvo como consecuencia la pérdida de la entrada principal, al hundirse la caña (galería) Real.


En 1551, tras perderse la mina, la explotación vuelve a la Corona Real y no se logra reanudar la producción de mineral hasta 1557, fecha en la que el rey Felipe II la arrienda de nuevo. Los sucesivos contratos se suceden hasta 1645, fecha en la que empieza a explotarse la mina directamente por la Real Hacienda, lo que se siguió realizando hasta su cierre en 2001.


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