Masamune Shirow, la espada en el lápiz

El lanzamiento de la nueva y espectacular versión cinematográfica de Ghost in the Shell ha vuelto a poner de moda la obra de Masamune Shirow, un mangaka o dibujante japonés de historietas muy popular en su país pero completamente desconocido para muchos de los espectadores que están disfrutando ya con esta película.

La espada


En realidad, su verdadero nombre es Masanori Ota y el seudónimo o nombre artístico que emplea hace referencia a un tipo de katana de grandes dimensiones construida de acuerdo con las técnicas del famoso herrero medieval Masamune Ozaki, quien forjaba espadas laminadas en una hoja de hierro con acero trenzado: un arma empleada por los samurais y que a día de hoy sigue siendo considerada como la mejor de su género.

Masamune/Masanori nació en Kobe, la capital de la prefectura de Hyogo y una de las ciudades más pobladas de Japón y, tras graduarse en arte y pintura se dedicó a la enseñanza.

En 1982 publicó sus primeros historietas cortas y tres años más tarde la editorial Seinshisha publicó su primer manga, Black Magic, en el que mezclaba magia y hechicería con tecnología en un entorno político distópico.



El buen recibimiento de esta obra le permitió crear Applessed con la misma editorial: una serie en la que combinó de nuevo la política, la sociología y el cyberpunk, de la cual publicó varios volúmenes hasta 1989 y que ha generado además una producción de dibujos animados y una película 3D, aunque todavía no está terminada.

Ghost in the Shell


Tras crear Dominion, con algo más de sentido del humor pero siempre en la línea de ciencia ficción, en 1989 dio paso a su obra más conocida: Ghost in the Shell, que le convirtió en un autor de culto a nivel mundial.

Aunque de ambientación cyberpunk muy influida por la obra de William Gibson, el manga original analiza el problema de la identidad humana al explorar las consecuencias de la creciente integración de hombre y máquina y la extensión del poder de la inteligencia artificial en un futuro próximo y lejano al mismo tiempo.



El título de la obra hace referencia al Ghost o Fantasma -en realidad, otro nombre para el concepto de alma- como el atributo que diferencia al ser humano real y con derechos frente a los cyborgs, androides o cualquier otro tipo de seres artificiales que parecen humanos y en verdad no lo son.

En la película estrenada estos días la acción se centra principalmente en la persecución del Titiritero, un delincuente de identidad desconocida que es capaz de tomar el control de la mente de un ser humano para sus actividades ilegales.

Contra él combaten los agentes de la unidad antiterrorista especial Sección 9 y en especial la protagonista, la mayor Motoko Kusanagi, quienes terminan por descubrir que su enemigo es una inteligencia artificial al servicio del mismo gobierno para el cual trabajan.

No es la primera versión cinematográfica


En realidad, ésta no es la primera película sobre el tema: en 1995, el director nipón Mamoru Oshii ya estrenó una primera versión de las aventuras de Kusanagi y el resto de la Sección 9 con el mismo título y, en 2004, presentó una versión remasterizada con efectos digitales de nueva generación.

En este último año, el mismo director también presentó la secuela con el títutlo de Ghost in the Shell 2: Innocence, a la que siguió en 2015 Ghost in the Shell 3: The rising dirigida esta vez por Kazuya Nomura.

A estos largometrajes hay que sumar hasta cinco series de televisión –S.A.C. 2nd GIG, S.A.C. Solid State Society, Arise y Alternative Architecture– y cuatro videojuegos.

Ghost in the Shell: el alma de la máquina, la película dirigida por Rupert Sanders y protagonizada por Scarlett Johansson, es la primera que se rueda con actores reales aunque los desbordantes efectos especiales puedan hacer pensar en más de un momento que se trata de otra obra de animación.



La versión de Sanders ha sido injustamente acusada de “blanquear” los personajes y la historia en sí, alejándoles de su original ambientación asiática para “occidentalizarlos” en demasía.

No parece una crítica muy seria cuando vemos que viene del mismo sector cultural que aplaudió a un Heimdall (literalmente llamado el Dios Blanco en la mitología nórdica) interpretado por el actor negro Idris Elba en el Thor de Kenneth Branagh o a una actriz como Jessica Alba, de ascendencia mexicana por parte de padre, encarnando el papel de la muy wasp Sue Storm en Los 4 fantásticos y en Los 4 fantásticos y Silver Surfer, ambas de Tim Story.

Por lo demás, los expertos señalan que Ghost in the Shell influyó en varios aspectos en la obra maestra de los hermanos Wachowski: The Matrix, donde hay referencias tan características como la lluvia de patrones digitales verdes o la relación entre Neo y Morfeo, muy similar a la que existe entre Kusanagi y el Tiritero.

El trabajo de Masamune/Masanori no termina con Ghost in the shell de todas formas: en 1991 lanzó Orion -con la comparación entre el cristianismo y el budismo con telón de fondo-, en 1992 le tocó el turno a Exon Depot -un manga un tanto extraño pues carece de diálogos- y a partir de entonces ha publicado varios libros de ilustraciones además de hacer incursiones en el mundo de los videojuegos.

Este año cumplirá 56 años y sigue trabajando, así que más vale no bajar la guardia…

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