Roberto García Álvarez: “Lovecraft no era un ser solitario ni carecía de sentido del humor”

“Ni era un ser solitario y taciturno, ni carecía de sentido del humor”, ha asegurado a Efe Roberto García Álvarez respecto a Howard Phillips Lovecraft, sobre el que acaba de publicar una biografía que actualiza la imagen de uno de los principales autores del fantástico de todos los tiempos.



Roberto García Álvarez


H.P.Lovecraft: el caminante de Providence (GasMask Editores) incluye “muchos documentos, partes médicos, correspondencia y otras novedades que han ido descubriéndose en los últimos años” desde que se publicó la que hasta el momento ha sido considerada biografía canónica del autor norteamericano, firmada en 1978 por el también escritor de género Lyon Sprague de Camp.


En España, “antes de la mía sólo he encontrado una más pequeña, ilustrada y centrada en sus criaturas, elaborada por Teo Gómez y publicada en 2003 por Editorial Océano, pero el volumen elaborado por García Álvarez cuenta con 750 páginas.


“Eran necesarias porque existe mucho material disponible, incluyendo diez mil cartas de su puño y letra, que le da la vuelta a muchas de las cosas que se creían sobre él”, explica el autor que además es psicólogo y profesor de estadística y que confiesa haber quedado fascinado por la literatura de Lovecraft tras descubrirlo, paradójicamente, en la adaptación a videojuego de una de sus obras.




En primer lugar, “no era una persona aislada del resto del mundo” ya que, si bien en Providence “apenas se relacionaba con un par de personas que tenían el nivel intelectual suficiente para debatir, empezaba a viajar a casa de sus amigos en otras localidades a partir de mayo y no regresaba a su hogar hasta octubre”.



Éste es, precisamente, un motivo de queja en sus anotaciones personales puesto que su intensa vida social en este período le impedía escribir tanto como él deseaba.


En estos textos “también se aprecia su fina ironía”, su afán por “actuar como un caballero del siglo XVIII” y un “descubrimiento inesperado: una filosofía potente y muy personal, mezcla de conservadurismo, progresismo y anticapitalismo, muy adelantada para su tiempo”.


De hecho, la investigación permite distinguir un Lovecraft “casi adolescente hasta los 30 años de edad, una especie de ‘ni-ni”, y otro maduro, por delante de las ideas de su época, a partir de entonces.




La infancia del escritor estuvo rodeada de detalles extravagantes que alimentaron su leyenda misteriosa, como el hecho de que su abuelo fuera uno de los fundadores y principal responsable de una logia masónica, su padre muriera internado en un sanatorio mental cuando él era todavía un niño o su sobreprotectora madre, que deseaba tener una hija, le vistiera de niña hasta los seis años de edad.



Sin embargo, “su biblioteca personal está inventariada y no conocemos nada especialmente llamativo en ella”, como por ejemplo algún texto en el que pudiera haberse inspirado para una de sus creaciones más populares: el Necronomicon o grimorio redactado por “el árabe loco Abdul Alhazred” cuya lectura “provoca la locura y la muerte”.


“En realidad, sacó el nombre de este libro ficticio del ‘Astronomicon’, un texto clásico de astronomía de la antigua Roma, cambiando las estrellas por los muertos”, aunque posteriormente citó a autores históricos reales que habrían tenido relación con él para dar verosimilitud a su existencia.


Lovecraft era un hombre “muy culto, leyó muchísimo y tiene múltiples influencias” que le permitieron “beber de fuentes que rompían el terror clásico” y llevar el género “más allá, porque en sus libros todo pierde valor, se abraza el nihilismo hasta el punto de que ni siquiera los Antiguos, los dioses más terribles, están a salvo de ser arrojados a la cuneta por las leyes del universo”.




Sucede por ejemplo con otro de sus hallazgos, el demoniaco y gigantesco Cthulhu, cuyo nombre ha sido pronunciado casi de tantas formas como lectores se han encontrado con él aunque “en una carta asegura que se pronuncia Kuzulu…, no es que quisiera crear grafías raras sino simplemente reflejar un lenguaje que no fuera propio de las cuerdas vocales del ser humano”.



A Cthulhu “se tomó la molestia de diseñarlo personalmente, de dibujarlo con esa mezcla de pulpo, batracio y humano con alas rudimentarias” pero del resto de dioses que aparecen en su mitología particular como Nyarlathotep, Yog-Sothoth, Shub-Niggurath y los demás “sólo aportó descripciones generales porque el más importante de todos para él era el Caos Informe o, lo que es lo mismo, el universo en sí mismo, siempre cambiante pero de leyes implacables”.


La influencia de Lovecraft en la literatura fantástica es descomunal y muchos de los grandes siguieron su estela para enriquecer el mito, desde August Derleth hasta Robert Bloch pasando por Clark Ashton Smith, Frank Belknap Long o Ramsey Campbell, entre otros.


García Álvarez destaca la ironía de que Lovecraft fuera“ateo, materialista y positivista estricto, pero escribía a la manera de los teósofos y ocultistas a caballo entre el XIX y el XX, por lo que sirvió sin quererlo como correa de transmisión a la segunda mitad del siglo XX de ciertas teorías sobre civilizaciones antiguas, lugares de poder, magia…, en las que no creía: ¡si levantara la cabeza y viera los efectos que ha producido su obra!”


EFE


ppm

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