CAMBIO CLIMÁTICO

La absorción de CO2 puede hacer más productivos los mares con afloramientos

La creciente absorción de CO2 por parte de los océanos amenaza el futuro de muchos ecosistemas, pero, paradójicamente, también podría convertir en más productivas las zonas del planeta donde se encuentran los grandes afloramientos de aguas profundas, como Perú, California o Canarias.

<p>EFE/Carlos M. Duarte</p>

EFE/Carlos M. Duarte

La revista Frontiers in Marine Science publica este mes el primer trabajo derivado del gran experimento que el Centro de Investigaciones Oceanográficas Helmholtz de Kiel (Alemania)-Geomar llevó a cabo en otoño de 2014 en la costa de Gran Canaria, para intentar averiguar cómo responderán los ecosistemas marinos en los próximos 150 años si las emisiones de CO2 siguen al ritmo previsto.

El ensayo consistía en llenar nueve grandes bolsas flotantes (denominadas “mesocosmos”) con 55.000 litros de agua marina cada una, disolver en ellas cantidades diferentes de CO2 para simular las concentraciones que se esperan en 2030, 2050, 2070, 2090, 2110, 2130 y 2150 y observar durante dos meses cómo responde el plancton.

Geomar había realizado ya varios experimentos como este en entornos cercanos al Ártico, en mares fríos y ricos en nutrientes, pero estaba muy interesado en repetirlo en aguas como las que circundan Canarias (mucho más pobres en nutrientes), porque representan a las que se pueden hallar en el 70 % de los océanos.

El proyecto, apoyado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y la Plataforma Oceánica de Canarias, recreó también otro fenómeno que se produce en algunos puntos del Atlántico y el Pacífico: el afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes.

“Nuestro análisis a nivel funcional de los grupos revela un efecto significativo del CO2 en la estructura de las comunidades de plancton, tanto en condiciones oligotróficas (pobres en nutrientes) de la fase 1, como en la floración inducida por la simulación de un afloramiento de aguas profundas en las fases 2 y 3”, aseguran los autores del trabajo, cuyo primer firmante es Jan Taucher, de Geomar.

Sin embargo, las consecuencias de ese cambio pueden ser diferentes según de qué zona del océano se trate, como demuestra la reacción que se produjo cuando se recreó el afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes sobre un ecosistema inicialmente pobre y muy cargado con CO2, precisa a Efe otro de los autores del artículo, el catedrático de Ecología Javier Arístegui, miembro del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la ULPGC.

Consecuencias de la absorción de CO2

En general, explica Arístegui, se da por hecho que la acidificación de los océanos inducida por la absorción de CO2 va a acentuar la “estratificación” de los mares, por lo que cada vez será más difícil que emerjan aguas con nutrientes en vastas zonas de los océanos donde ese mecanismo lo gobiernan los grandes giros.

Pero también se espera que el calentamiento global va acentuar las diferencias de presión y temperatura entre el mar y la tierra, lo que provocará vientos más intensos, algo que ya se está apreciando en lugares como California, Namibia, y Perú, aunque todavía no en los Alisios que determinan el clima de Canarias.

Fotografía de una colección de microbios marinos. EFE/D. J. Patterson

Arístegui recuerda que en todas esas zonas los vientos regulan los afloramientos: básicamente, “empujan” mucha agua de la superficie hacia otros lugares, lo que fuerza a que ascienda otra más profunda para ocupar su lugar y equilibrar el sistema.

Si, como se espera, los vientos se intensifican en esas zonas de afloramiento, el experimento Kosmos realizado en Canarias ya apunta lo que va a ocurrir: la irrupción de nutrientes desde el fondo del mar hacia aguas más cargadas con CO2 provocará que se dispare la proliferación de las diatomeas, las algas de mayor tamaño dentro de las comunidades de fitoplancton, la base de la cadena alimentaria.

Y con un resultado paradójico respecto a lo que se espera otros lugares: más diatomeas significa más comida para el resto de seres vivos situados en los primeras eslabones de la cadena alimentaria, más productividad de las aguas y mayor absorción aún de CO2 en esos lugares (las diatomeas capturan dióxido de carbono con la fotosíntesis y lo arrastran con ellas al fondo cuando mueren). EFE

Publicado en: Ciencia

La revista Frontiers in Marine Science publica este mes el primer trabajo derivado del gran experimento que el Centro de Investigaciones Oceanográficas Helmholtz de Kiel (Alemania)-Geomar llevó a cabo en otoño de 2014 en la costa de Gran Canaria, para intentar averiguar cómo responderán los ecosistemas marinos en los próximos 150 años si las emisiones de CO2 siguen al ritmo previsto.

El ensayo consistía en llenar nueve grandes bolsas flotantes (denominadas “mesocosmos”) con 55.000 litros de agua marina cada una, disolver en ellas cantidades diferentes de CO2 para simular las concentraciones que se esperan en 2030, 2050, 2070, 2090, 2110, 2130 y 2150 y observar durante dos meses cómo responde el plancton.

Geomar había realizado ya varios experimentos como este en entornos cercanos al Ártico, en mares fríos y ricos en nutrientes, pero estaba muy interesado en repetirlo en aguas como las que circundan Canarias (mucho más pobres en nutrientes), porque representan a las que se pueden hallar en el 70 % de los océanos.

El proyecto, apoyado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y la Plataforma Oceánica de Canarias, recreó también otro fenómeno que se produce en algunos puntos del Atlántico y el Pacífico: el afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes.

“Nuestro análisis a nivel funcional de los grupos revela un efecto significativo del CO2 en la estructura de las comunidades de plancton, tanto en condiciones oligotróficas (pobres en nutrientes) de la fase 1, como en la floración inducida por la simulación de un afloramiento de aguas profundas en las fases 2 y 3”, aseguran los autores del trabajo, cuyo primer firmante es Jan Taucher, de Geomar.

Sin embargo, las consecuencias de ese cambio pueden ser diferentes según de qué zona del océano se trate, como demuestra la reacción que se produjo cuando se recreó el afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes sobre un ecosistema inicialmente pobre y muy cargado con CO2, precisa a Efe otro de los autores del artículo, el catedrático de Ecología Javier Arístegui, miembro del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la ULPGC.

Consecuencias de la absorción de CO2

En general, explica Arístegui, se da por hecho que la acidificación de los océanos inducida por la absorción de CO2 va a acentuar la “estratificación” de los mares, por lo que cada vez será más difícil que emerjan aguas con nutrientes en vastas zonas de los océanos donde ese mecanismo lo gobiernan los grandes giros.

Pero también se espera que el calentamiento global va acentuar las diferencias de presión y temperatura entre el mar y la tierra, lo que provocará vientos más intensos, algo que ya se está apreciando en lugares como California, Namibia, y Perú, aunque todavía no en los Alisios que determinan el clima de Canarias.

Fotografía de una colección de microbios marinos. EFE/D. J. Patterson

Arístegui recuerda que en todas esas zonas los vientos regulan los afloramientos: básicamente, “empujan” mucha agua de la superficie hacia otros lugares, lo que fuerza a que ascienda otra más profunda para ocupar su lugar y equilibrar el sistema.

Si, como se espera, los vientos se intensifican en esas zonas de afloramiento, el experimento Kosmos realizado en Canarias ya apunta lo que va a ocurrir: la irrupción de nutrientes desde el fondo del mar hacia aguas más cargadas con CO2 provocará que se dispare la proliferación de las diatomeas, las algas de mayor tamaño dentro de las comunidades de fitoplancton, la base de la cadena alimentaria.

Y con un resultado paradójico respecto a lo que se espera otros lugares: más diatomeas significa más comida para el resto de seres vivos situados en los primeras eslabones de la cadena alimentaria, más productividad de las aguas y mayor absorción aún de CO2 en esos lugares (las diatomeas capturan dióxido de carbono con la fotosíntesis y lo arrastran con ellas al fondo cuando mueren). EFE

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