LIBRO CIENCIA

“Arquímedes, el del teorema”, un libro para aprender ciencia de otra manera

“¡Atención, este es un libro de ciencia!” Con esta declaración de intenciones inicia “Arquímedes, el del teorema”, en el que el divulgador Jorge Alcalde afronta el reto de explicar los grandes avances científicos partiendo de la vida privada, emocional y anecdótica de sus protagonistas.

<p>Portada del nuevo libro de Jorge Alcalde. Planeta.</p>

Portada del nuevo libro de Jorge Alcalde. Planeta.

Stephen Hawking dice que cada fórmula matemática que se añade a un libro de ciencia supone un diez por ciento menos de lectores”, indicó a Efe Alcalde, director de la revista científica Quo, y que en Arquímedes, el del teorema (Planeta) no ha incluido ninguna.


Si en una multiplicación el orden de los factores no altera el producto, no puede decirse lo mismo de las formas en que se puede explica la ciencia y despertar el interés por ella.


Alcalde se planteó que, “posiblemente, si se enseñase la ciencia al revés habría más vocaciones. Igual podía ser bueno recoger las historias humanas, los padecimientos, los sentimientos de tantos hombres y mujeres que han hecho ciencia como excusa para, poco a poco, ir desgranando también la ciencia que hicieron”.




Newton cayó en una estafa similar a las preferentes, la madre de Johannes Kepler fue acusada de brujería, Marie Curie recorrió el frente durante la I Guerra Mundial con una porción de radio para ayudar a curar a los heridos y a la matemática Emmy Noether todo el mundo se dirigía como “señor”.



Pero este, “sobre todo”, es un libro de ciencia y Alcalde pretende que al final “se desprenda el conocimiento de algunas de las grandes teorías, inventos, propuestas que estos científicos hicieron a la sociedad, llegando a ese conocimiento de una manera diferente a la que habitualmente nos enseñan en las escuelas”.



La divulgación científica cuesta


La divulgación científica “siempre cuesta” porque es un esfuerzo de “síntesis, más síntesis y más síntesis, hasta que al final, como en un alambique, se encuentra el mínimo común denominador de la idea para contarla”, explicó Alcalde, quien reconoció que se lo ha pasado “muy bien” escribiendo.




El libro recoge 17 historias de científicos, desde Antoine-Laurent Lavoisier a Edwin Hubble, pasando por Charles Darwin, Albert Einstein, Nikola Tesla o Jocelyn Bell, en una labor de selección que no ha sido fácil.



Al principio “buscaba a los científicos que realmente fueron los pilares del mundo contemporáneo, que tienen que ver “con la evolución de la naturaleza, con nuestra salud y con nuestra posición en el Cosmos”.


Pero “mientras vas buscando esos grandes pilares -explicó- te vas encontrando con nombres que no conocías y que son fascinantes, como la primera cirujana, María Petruccini, y ves que merece la pena que estén”.



No hay nombres españoles


Por supuesto que muchos se han quedado fuera, como “Sigmund Freud, que ha cambiado la percepción que tenemos de nosotros mismos y que tiene una vida fascinante” y además no hay nombres españoles, pero “quién sabe si para una segunda edición”, aventura.


De los científicos que pueblan las páginas de Arquímedes, el del teorema, Alcalde siente predilección por uno que “puede que no sea el más esperado”, el alemán Max Planck.


Tanto por la importancia de su conocimiento, que supuso “un cambio de chip en la mente de la ciencia, con la mecánica y la física cuántica“, como por su biografía que “es tremenda” y que lleva a Acalde a calificarle “como el científico más triste del mundo”.


Un libro sobre gente “apasionada, indómita y contraria al saber establecido”, indica Alcalde a quien le gusta pensar que esas cualidades “todavía están en el interior de los científicos de hoy en día”.

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Publicado en: Ciencia

Stephen Hawking dice que cada fórmula matemática que se añade a un libro de ciencia supone un diez por ciento menos de lectores”, indicó a Efe Alcalde, director de la revista científica Quo, y que en Arquímedes, el del teorema (Planeta) no ha incluido ninguna.


Si en una multiplicación el orden de los factores no altera el producto, no puede decirse lo mismo de las formas en que se puede explica la ciencia y despertar el interés por ella.


Alcalde se planteó que, “posiblemente, si se enseñase la ciencia al revés habría más vocaciones. Igual podía ser bueno recoger las historias humanas, los padecimientos, los sentimientos de tantos hombres y mujeres que han hecho ciencia como excusa para, poco a poco, ir desgranando también la ciencia que hicieron”.




Newton cayó en una estafa similar a las preferentes, la madre de Johannes Kepler fue acusada de brujería, Marie Curie recorrió el frente durante la I Guerra Mundial con una porción de radio para ayudar a curar a los heridos y a la matemática Emmy Noether todo el mundo se dirigía como “señor”.



Pero este, “sobre todo”, es un libro de ciencia y Alcalde pretende que al final “se desprenda el conocimiento de algunas de las grandes teorías, inventos, propuestas que estos científicos hicieron a la sociedad, llegando a ese conocimiento de una manera diferente a la que habitualmente nos enseñan en las escuelas”.



La divulgación científica cuesta


La divulgación científica “siempre cuesta” porque es un esfuerzo de “síntesis, más síntesis y más síntesis, hasta que al final, como en un alambique, se encuentra el mínimo común denominador de la idea para contarla”, explicó Alcalde, quien reconoció que se lo ha pasado “muy bien” escribiendo.




El libro recoge 17 historias de científicos, desde Antoine-Laurent Lavoisier a Edwin Hubble, pasando por Charles Darwin, Albert Einstein, Nikola Tesla o Jocelyn Bell, en una labor de selección que no ha sido fácil.



Al principio “buscaba a los científicos que realmente fueron los pilares del mundo contemporáneo, que tienen que ver “con la evolución de la naturaleza, con nuestra salud y con nuestra posición en el Cosmos”.


Pero “mientras vas buscando esos grandes pilares -explicó- te vas encontrando con nombres que no conocías y que son fascinantes, como la primera cirujana, María Petruccini, y ves que merece la pena que estén”.



No hay nombres españoles


Por supuesto que muchos se han quedado fuera, como “Sigmund Freud, que ha cambiado la percepción que tenemos de nosotros mismos y que tiene una vida fascinante” y además no hay nombres españoles, pero “quién sabe si para una segunda edición”, aventura.


De los científicos que pueblan las páginas de Arquímedes, el del teorema, Alcalde siente predilección por uno que “puede que no sea el más esperado”, el alemán Max Planck.


Tanto por la importancia de su conocimiento, que supuso “un cambio de chip en la mente de la ciencia, con la mecánica y la física cuántica“, como por su biografía que “es tremenda” y que lleva a Acalde a calificarle “como el científico más triste del mundo”.


Un libro sobre gente “apasionada, indómita y contraria al saber establecido”, indica Alcalde a quien le gusta pensar que esas cualidades “todavía están en el interior de los científicos de hoy en día”.

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