CÁNCER PRÓSTATA

Identifican un mecanismo que provoca metástasis en cáncer de próstata

EFEFUTURO.- Un equipo internacional de investigadores, liderado por científicos vascos, ha encontrado uno de los mecanismos por el que el cáncer de próstata desarrolla metástasis, un hallazgo que abre la puerta a identificar a pacientes con mayor riesgo de cáncer agresivo y, en un futuro, a definir terapias personalizadas.

<p>Los experimentos se han hecho primero en cultivos celulares de astrocitos y luego en modelos de ratón con enfermedad de Parkinson. Imagen de archi

Los experimentos se han hecho primero en cultivos celulares de astrocitos y luego en modelos de ratón con enfermedad de Parkinson. Imagen de archivo. EFE/Toni Garriga

Los resultados de este trabajo se publican en la revista Nature Cell Biology, en un artículo en el que los científicos describen cómo la ausencia del gen PGC1A -su expresión se encuentra disminuida- se asocia a metástasis en cáncer de próstata.

Las células cancerígenas se nutren de forma diferente a las normales, principalmente porque dedican su metabolismo a generar más células y crecer. El objetivo de este trabajo ha sido el de conocer precisamente los desencadenantes del cáncer de próstata agresivo.

Para ello, los investigadores, liderados por Arkaitz Carracedo, del Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias (CIC bioGUNE), partieron del siguiente planteamiento: en cáncer de próstata existen “reguladores maestros” que orquestan y definen la nutrición de las células tumorales.

Un mal director de orquesta

Para explicarlo, Carracedo pone el siguiente símil: el metabolismo es como una orquesta en el que cada concertista es una ruta metabólica y el director es un regulador maestro. Si un violinista interpreta mal, la música sonará peor aunque la pieza seguirá siendo la misma, pero si el director dirige mal, la obra se verá transformada.

Tras el análisis detallado de una veintena de estos reguladores, se identificó a PGC1A como el mejor candidato.

Se trata de un gen ya conocido por los científicos y vinculado a enfermedades como la obesidad o diabetes. Sin embargo, su relación con el cáncer ha empezado a describirse hace dos o tres años: “ahora es la primera vez que se asocia formalmente a la agresividad del cáncer de próstata”, subraya a Efe Carracedo.

El trabajo lo lidera Arkaitz Carracedo (en la foto), del Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias (CIC bioGUNE). Imagen facilitada por el centro.

El trabajo lo lidera Arkaitz Carracedo (en la foto), del CIC bioGUNE. Imagen facilitada por el centro.

En concreto, una menor expresión del mismo es lo que se vincula al desarrollo de metástasis en cáncer de próstata.

Para llegar a estas conclusiones, analizaron información de unos 700 pacientes distribuida en cinco bases de datos y encontraron una recurrencia en la ausencia del gen PGC1A.

Después, lo comprobaron con 30 muestras de próstata facilitadas por el Hospital de Basurto y el Biobanco Vasco, y más tarde en modelos de ratón: demostraron que al eliminar el gen PGC1A se desarrollaba metástasis y al aumentar la expresión del gen la agresividad del tumor disminuía.

“Hemos descrito uno de los mecanismos por los que el cáncer de próstata progresa y adquiere nuevas capacidades como la de metastatizar”, recalca Carracedo, también investigador de Ikerbasque (Fundación vasca para la Ciencia) y profesor en la Universidad del País Vasco: este es uno de los mecanismos con potencial para ser desarrollado en forma de biomarcador y nuevos tratamientos.

Conocer al enemigo

Para este científico, este trabajo es importante por varias cosas, entre ellas porque se avanza en el conocimiento básico: “El futuro del tratamiento contra el cáncer pasa inexorablemente por conocer al enemigo”.

En este sentido, señala que poner nombre y apellido a cada cáncer -cada uno de ellos es una enfermedad-, revelar su DNI, es crucial para pensar en nuevos modos de atacarlos: el primer paso, es poder separar a los pacientes con mejor y peor pronóstico, algo que los investigadores proponen desarrollar en base a este estudio.

El siguiente paso será cómo traducir estos resultados en un método que llegue a la clínica y mejorar así el diagnóstico y, en un futuro, encontrar tratamientos.

En cáncer puede haber genes activos y una gran variedad de fármacos en el mercado actúan contra dianas directas, es decir, actúan inhibiendo la actividad de genes.

Otros genes -como PGC1A- están inactivados en cáncer. En este caso el objetivo no es actuar directamente sobre el gen, sino encontrar “el talón de aquiles” de estos tumores y diseñar de este modo tratamientos más eficaces contra el cáncer de próstata agresivo.

25.000 nuevos casos con cáncer de próstata

Cada año se estima que se diagnostican en torno a 25.000 nuevos casos con cáncer de próstata en España. Hasta 2 de cada 10 hombres diagnosticados con cáncer de próstata presenta recurrencia de la enfermedad 5 años después de la intervención y tienen alto riesgo de sufrir metástasis.

“Es este grupo de alto riesgo el que pretendemos identificar a priori con un marcador basado en el conocimiento que hemos desarrollado en este trabajo: identificar estos pacientes supondría incidir de un mayor modo sobre su tratamiento para reducir su riesgo de recurrencia y progresión”, concluye el investigador vasco.

Además de los centros vascos, han participado en este estudio el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona y la Universidad de Duke (Estados Unidos). EFEfuturo

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Publicado en: Ciencia

Los resultados de este trabajo se publican en la revista Nature Cell Biology, en un artículo en el que los científicos describen cómo la ausencia del gen PGC1A -su expresión se encuentra disminuida- se asocia a metástasis en cáncer de próstata.

Las células cancerígenas se nutren de forma diferente a las normales, principalmente porque dedican su metabolismo a generar más células y crecer. El objetivo de este trabajo ha sido el de conocer precisamente los desencadenantes del cáncer de próstata agresivo.

Para ello, los investigadores, liderados por Arkaitz Carracedo, del Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias (CIC bioGUNE), partieron del siguiente planteamiento: en cáncer de próstata existen “reguladores maestros” que orquestan y definen la nutrición de las células tumorales.

Un mal director de orquesta

Para explicarlo, Carracedo pone el siguiente símil: el metabolismo es como una orquesta en el que cada concertista es una ruta metabólica y el director es un regulador maestro. Si un violinista interpreta mal, la música sonará peor aunque la pieza seguirá siendo la misma, pero si el director dirige mal, la obra se verá transformada.

Tras el análisis detallado de una veintena de estos reguladores, se identificó a PGC1A como el mejor candidato.

Se trata de un gen ya conocido por los científicos y vinculado a enfermedades como la obesidad o diabetes. Sin embargo, su relación con el cáncer ha empezado a describirse hace dos o tres años: “ahora es la primera vez que se asocia formalmente a la agresividad del cáncer de próstata”, subraya a Efe Carracedo.

El trabajo lo lidera Arkaitz Carracedo (en la foto), del Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias (CIC bioGUNE). Imagen facilitada por el centro.

El trabajo lo lidera Arkaitz Carracedo (en la foto), del CIC bioGUNE. Imagen facilitada por el centro.

En concreto, una menor expresión del mismo es lo que se vincula al desarrollo de metástasis en cáncer de próstata.

Para llegar a estas conclusiones, analizaron información de unos 700 pacientes distribuida en cinco bases de datos y encontraron una recurrencia en la ausencia del gen PGC1A.

Después, lo comprobaron con 30 muestras de próstata facilitadas por el Hospital de Basurto y el Biobanco Vasco, y más tarde en modelos de ratón: demostraron que al eliminar el gen PGC1A se desarrollaba metástasis y al aumentar la expresión del gen la agresividad del tumor disminuía.

“Hemos descrito uno de los mecanismos por los que el cáncer de próstata progresa y adquiere nuevas capacidades como la de metastatizar”, recalca Carracedo, también investigador de Ikerbasque (Fundación vasca para la Ciencia) y profesor en la Universidad del País Vasco: este es uno de los mecanismos con potencial para ser desarrollado en forma de biomarcador y nuevos tratamientos.

Conocer al enemigo

Para este científico, este trabajo es importante por varias cosas, entre ellas porque se avanza en el conocimiento básico: “El futuro del tratamiento contra el cáncer pasa inexorablemente por conocer al enemigo”.

En este sentido, señala que poner nombre y apellido a cada cáncer -cada uno de ellos es una enfermedad-, revelar su DNI, es crucial para pensar en nuevos modos de atacarlos: el primer paso, es poder separar a los pacientes con mejor y peor pronóstico, algo que los investigadores proponen desarrollar en base a este estudio.

El siguiente paso será cómo traducir estos resultados en un método que llegue a la clínica y mejorar así el diagnóstico y, en un futuro, encontrar tratamientos.

En cáncer puede haber genes activos y una gran variedad de fármacos en el mercado actúan contra dianas directas, es decir, actúan inhibiendo la actividad de genes.

Otros genes -como PGC1A- están inactivados en cáncer. En este caso el objetivo no es actuar directamente sobre el gen, sino encontrar “el talón de aquiles” de estos tumores y diseñar de este modo tratamientos más eficaces contra el cáncer de próstata agresivo.

25.000 nuevos casos con cáncer de próstata

Cada año se estima que se diagnostican en torno a 25.000 nuevos casos con cáncer de próstata en España. Hasta 2 de cada 10 hombres diagnosticados con cáncer de próstata presenta recurrencia de la enfermedad 5 años después de la intervención y tienen alto riesgo de sufrir metástasis.

“Es este grupo de alto riesgo el que pretendemos identificar a priori con un marcador basado en el conocimiento que hemos desarrollado en este trabajo: identificar estos pacientes supondría incidir de un mayor modo sobre su tratamiento para reducir su riesgo de recurrencia y progresión”, concluye el investigador vasco.

Además de los centros vascos, han participado en este estudio el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona y la Universidad de Duke (Estados Unidos). EFEfuturo

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