PREMIOS BIOMEDICINA

Ceguera y dolencias del sistema nervioso, primeros ensayos de la optogenética

EFEFUTURO.- Algunos tipos de ceguera y de sordera, las formas de dolor más superficial controladas por el sistema nervioso periférico, y ciertos trastornos intestinales serán las primeras áreas en las que la optogenética hará ensayos clínicos en humanos.

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Gero Miesenböck, catedrático de Biología Celular de la Universidad de Oxford; Edward Boyden, catedrático de Ingeniería Biológica del MIT; Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA, y Karl Deisseroth, catedrático de Bioingeniería y Psiquiatría de la Universidad de Stanford.

Así lo han avanzado hoy Ed Boyden, Karl Deisseroth y Gero Miesenböck, los tres neurocientíficos galardonados por la Fundación BBVA por su contribuición a la biomedicina al crear esta novedosa técnica llamada optogenética que aspira a descifrar cómo trabaja el cerebro humano, cómo surgen la personalidad y las emociones y, sobre todo, a curar las enfermedades y trastornos que tienen su origen en este desconocido órgano.

Los tres premiados, que mañana recogerán el galardón Fronteras del Conocimiento en Biomedicina, han comparecido hoy ante los periodistas para explicar en qué consiste esta reciente técnica.

La optogenética consiste en activar con luz grupos escogidos de neuronas a las que se les ha introducido una proteína sensible a la luz, una técnica que de momento está restringida a la investigación básica, pero que en Estados Unidos ya se utiliza para tratar la ceguera por retinosis pigmentaria, una enfermedad que destruye las células de la retina sensibles a la luz.

El objetivo, ha explicado el bioquímico y médico Karl Diesseroth, es comenzar otros ensayos “en ciertas formas de dolor superficial originadas por el sistema periférico, como los dolores causados por la diabetes o el dolor posquirúrgico, o los dolores provocados por trastornos intestinales o del movimiento”.

En estos casos, la optogenética es una técnica menos invasiva que cuando se utiliza en el cerebro, algo que por ahora sólo se ha hecho en animales de experimentación.

De momento la optogenética no está suficientemente desarrollada como utilizarla en el cerebro de las personas, ya que la técnica requiere introducir un cable de fibra óptica para llevar la luz al cerebro, un método que antes de aplicar a los humanos debe garantizar su seguridad.

Objetivo: conocer cómo funciona el cerebro

A largo plazo, “el objetivo es tratar las enfermedades cerebrales pero todavía sabemos muy poco del cerebro. Nos falta comprensión básica, especialmente en las enfermedades psiquiátricas, pero la optogenética puede ayudarnos a entender cómo funciona este órgano”, ha dicho Diesseroth.

Precisamente por ello, “la optogenética es una técnica apasionante y un área potencialmente prometedora” porque “si llegamos a conocer cómo funciona el cerebro, cualquier terapia será más eficaz, efectiva y segura”.

Para Miesenböck, catedrático de la Universidad de Oxford, esta técnica ha sido “el catalizador del paso de las neurociencias de la observación a la intervención”, además de una herramienta que permitirá “identificar las causas neuronales de la conducta, hacer un mapa del ‘cableado’ del cerebro y de todas las conexiones neuronales, y probar ideas mecanicistas, es decir, intervenir en el cerebro para ver cómo responde”.

Sin embargo, advierte el catedrático de Ingeniería Biológica en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Ed Boyden, el cerebro “no actúa solo”, sino que en su comportamiento influyen aspectos como la microbiota (las bacterias y microorganismos del intestino) que pueden enviar estímulos a las neuronas, lo que significa que “hay una superconexión en todo nuestro organismo” que nos obliga a investigar “el conjunto”. EFE

Publicado en: Ciencia

Así lo han avanzado hoy Ed Boyden, Karl Deisseroth y Gero Miesenböck, los tres neurocientíficos galardonados por la Fundación BBVA por su contribuición a la biomedicina al crear esta novedosa técnica llamada optogenética que aspira a descifrar cómo trabaja el cerebro humano, cómo surgen la personalidad y las emociones y, sobre todo, a curar las enfermedades y trastornos que tienen su origen en este desconocido órgano.

Los tres premiados, que mañana recogerán el galardón Fronteras del Conocimiento en Biomedicina, han comparecido hoy ante los periodistas para explicar en qué consiste esta reciente técnica.

La optogenética consiste en activar con luz grupos escogidos de neuronas a las que se les ha introducido una proteína sensible a la luz, una técnica que de momento está restringida a la investigación básica, pero que en Estados Unidos ya se utiliza para tratar la ceguera por retinosis pigmentaria, una enfermedad que destruye las células de la retina sensibles a la luz.

El objetivo, ha explicado el bioquímico y médico Karl Diesseroth, es comenzar otros ensayos “en ciertas formas de dolor superficial originadas por el sistema periférico, como los dolores causados por la diabetes o el dolor posquirúrgico, o los dolores provocados por trastornos intestinales o del movimiento”.

En estos casos, la optogenética es una técnica menos invasiva que cuando se utiliza en el cerebro, algo que por ahora sólo se ha hecho en animales de experimentación.

De momento la optogenética no está suficientemente desarrollada como utilizarla en el cerebro de las personas, ya que la técnica requiere introducir un cable de fibra óptica para llevar la luz al cerebro, un método que antes de aplicar a los humanos debe garantizar su seguridad.

Objetivo: conocer cómo funciona el cerebro

A largo plazo, “el objetivo es tratar las enfermedades cerebrales pero todavía sabemos muy poco del cerebro. Nos falta comprensión básica, especialmente en las enfermedades psiquiátricas, pero la optogenética puede ayudarnos a entender cómo funciona este órgano”, ha dicho Diesseroth.

Precisamente por ello, “la optogenética es una técnica apasionante y un área potencialmente prometedora” porque “si llegamos a conocer cómo funciona el cerebro, cualquier terapia será más eficaz, efectiva y segura”.

Para Miesenböck, catedrático de la Universidad de Oxford, esta técnica ha sido “el catalizador del paso de las neurociencias de la observación a la intervención”, además de una herramienta que permitirá “identificar las causas neuronales de la conducta, hacer un mapa del ‘cableado’ del cerebro y de todas las conexiones neuronales, y probar ideas mecanicistas, es decir, intervenir en el cerebro para ver cómo responde”.

Sin embargo, advierte el catedrático de Ingeniería Biológica en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Ed Boyden, el cerebro “no actúa solo”, sino que en su comportamiento influyen aspectos como la microbiota (las bacterias y microorganismos del intestino) que pueden enviar estímulos a las neuronas, lo que significa que “hay una superconexión en todo nuestro organismo” que nos obliga a investigar “el conjunto”. EFE

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