INVESTIGACIÓN CÁNCER

Moléculas chaperonas, oportunidad contra el cáncer

Los científicos han identificado unas 500 proteínas implicadas en los diversos tipos de cáncer pero los fármacos actuales solo actúan contra el 5 % de ellas, por eso buscan alternativas, como estudiar las chaperonas moleculares, una peculiar familia de proteínas que podría dar pie a nuevos medicamentos.

<p>Células de cáncer de pulmón. CNIO </p>

Células de cáncer de pulmón. CNIO

Las moléculas chaperonas pertenecen a una familia de proteínas muy conservadas por la evolución llamada proteínas de choque térmico, que existen en todos los organismos, también en bacterias.

Se descubrieron a raíz de que en los años 60 un investigador calentara moscas de la fruta –Drosophila melanogaster, un organismo modelo habitual en los laboratorios- y observara que apenas unos minutos después estos animales sintetizaban grandes cantidades de las que hoy se llaman proteínas de choque térmico.

Los últimos estudios de chaperonas, a debate

Hoy se sabe de ellas que juegan un papel fundamental en el cáncer y que su estudio podría abrir la puerta a nuevos fármacos.

El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) organizó esta semana, junto a la Fundación “la Caixa”, un encuentro en el que se presentaron las últimas investigaciones sobre estas proteínas.

En esta jornada participó, entre otros, el investigador Paul Workman, presidente del Instituto de Investigación del Cáncer en Londres (ICR, en sus siglas en inglés), quien explica a Efe que las chaperonas moleculares son especialmente importantes para las células cancerígenas, sobre todo dos familias: las HSP90 y HSP70.

“Son críticas para las células cancerígenas porque permiten que las proteínas implicadas en tumores se plieguen y funcionen correctamente”, detalla este científico, que agrega que esta familia de proteínas también “previenen” la muerte de las células tumorales.

Y es que las células cancerígenas tienen por el mismo hecho de serlo daños específicos y son precisamente las proteínas chaperonas las que les permiten sobrevivir a ellos: una célula tumoral necesita proteínas chaperonas para seguir viviendo y proliferando, por lo que una estrategia posible para combatir el cáncer sería bloquearlas.

Fármaco en ensayo clínico

Workman lleva algo más de una década investigando estas proteínas, en concreto su instituto en Reino Unido trabaja en un fármaco para bloquear las proteínas chaperonas de la familia HSP90.

El CNIO señala que al principio fue una idea polémica porque las chaperonas también son indispensables para las células sanas.

Sin embargo, en la actualidad se exploran ya 16 compuestos que bloquean la acción de HSP90 -aún en fase de ensayo clínico-.

En este sentido, Workman se muestra esperanzado, sobre todo por su actividad contra el cáncer de mama.

“Mi equipo ha trabajado intensamente en el descubrimiento de inhibidores contra HSP90 y uno de ellos se está probando en ensayo clínico. En él hemos visto una prometedora actividad, con una respuesta positiva en entre el 20 y 30 % de los casos para ciertos tipos de cáncer de mama y pulmón”, apunta este investigador.

No obstante, este inhibidor también podría actuar sobre otros tumores, recalca a Efe Workman.

En este sentido, insiste en que “es necesario descubrir fármacos innovadores que actúen sobre proteínas huérfanas -para las que no hay medicamentos-, en vez de desarrollar unos del tipo ‘yo también’, que simplemente reproducen el efecto de medicinas ya conocidas”. Efefuturo

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Publicado en: Ciencia

Las moléculas chaperonas pertenecen a una familia de proteínas muy conservadas por la evolución llamada proteínas de choque térmico, que existen en todos los organismos, también en bacterias.

Se descubrieron a raíz de que en los años 60 un investigador calentara moscas de la fruta –Drosophila melanogaster, un organismo modelo habitual en los laboratorios- y observara que apenas unos minutos después estos animales sintetizaban grandes cantidades de las que hoy se llaman proteínas de choque térmico.

Los últimos estudios de chaperonas, a debate

Hoy se sabe de ellas que juegan un papel fundamental en el cáncer y que su estudio podría abrir la puerta a nuevos fármacos.

El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) organizó esta semana, junto a la Fundación “la Caixa”, un encuentro en el que se presentaron las últimas investigaciones sobre estas proteínas.

En esta jornada participó, entre otros, el investigador Paul Workman, presidente del Instituto de Investigación del Cáncer en Londres (ICR, en sus siglas en inglés), quien explica a Efe que las chaperonas moleculares son especialmente importantes para las células cancerígenas, sobre todo dos familias: las HSP90 y HSP70.

“Son críticas para las células cancerígenas porque permiten que las proteínas implicadas en tumores se plieguen y funcionen correctamente”, detalla este científico, que agrega que esta familia de proteínas también “previenen” la muerte de las células tumorales.

Y es que las células cancerígenas tienen por el mismo hecho de serlo daños específicos y son precisamente las proteínas chaperonas las que les permiten sobrevivir a ellos: una célula tumoral necesita proteínas chaperonas para seguir viviendo y proliferando, por lo que una estrategia posible para combatir el cáncer sería bloquearlas.

Fármaco en ensayo clínico

Workman lleva algo más de una década investigando estas proteínas, en concreto su instituto en Reino Unido trabaja en un fármaco para bloquear las proteínas chaperonas de la familia HSP90.

El CNIO señala que al principio fue una idea polémica porque las chaperonas también son indispensables para las células sanas.

Sin embargo, en la actualidad se exploran ya 16 compuestos que bloquean la acción de HSP90 -aún en fase de ensayo clínico-.

En este sentido, Workman se muestra esperanzado, sobre todo por su actividad contra el cáncer de mama.

“Mi equipo ha trabajado intensamente en el descubrimiento de inhibidores contra HSP90 y uno de ellos se está probando en ensayo clínico. En él hemos visto una prometedora actividad, con una respuesta positiva en entre el 20 y 30 % de los casos para ciertos tipos de cáncer de mama y pulmón”, apunta este investigador.

No obstante, este inhibidor también podría actuar sobre otros tumores, recalca a Efe Workman.

En este sentido, insiste en que “es necesario descubrir fármacos innovadores que actúen sobre proteínas huérfanas -para las que no hay medicamentos-, en vez de desarrollar unos del tipo ‘yo también’, que simplemente reproducen el efecto de medicinas ya conocidas”. Efefuturo

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