CIENCIA CIUDADANA

La ciencia ciudadana se hace un hueco en la comunidad científica

Efefuturo.- La ciencia ciudadana se ha abierto un hueco en la comunidad científica y gana adeptos entre los profesionales de la ciencia, hasta ahora algo reticentes a que los neófitos pudieran participar en sus investigaciones.

<p>Un investigador trabajando en el laboratorio. EFE Antonio Lacerda</p>

Un investigador trabajando en el laboratorio. EFE Antonio Lacerda

Un ejemplo de ello es que la red ALTER-Net, formada por las 18 instituciones de referencia en Europa en biodiversidad y servicios ecosistémicos, ha financiado un estudio sobre el potencial que tiene la ciencia ciudadana para la ciencia y como método de aprendizaje.

El estudio, que se ha publicado recientemente en la revista ‘Conservation Biology’, ha contado con la participación de 20 investigadores europeos, dos de ellos del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB).

ALTER-Net anualmente abre una convocatoria para apuntarse a hacer una publicación de impacto de temática libre, las AHIAcalls.

Los equipos de científicos plantean qué estudio les gustaría llevar a cabo y la propuesta que tiene mejor acogida sigue adelante y este año la ciencia ciudadana fue la temática más votada y se decidió elaborar un artículo de revisión sobre el tema.

La idea original de publicar un artículo de este tipo la dio la investigadora húngara Györgyi Bala, y se añadieron otros profesionales como Corina Basnou y Joan Pino, del CREAF-UAB.

“Decidimos apostar por este proyecto porque somos conscientes de la importancia que tiene implicar a los ciudadanos en la ciencia. No sólo para enriquecer el conocimiento, también para potenciar y visibilizar mejor las investigaciones”, ha dicho la ecóloga Basnou.

El estudio ganador de las AHIAcalls ha contado con un equipo de 20 personas con diferentes trayectorias relacionadas con la ciencia ciudadana, que establecieron un vínculo a través de ALTER-Net.

Simbiosis investigador-colaborador

La investigación ha examinado 14 programas, entre los que 6 tenían como objetivo conectar a los ciudadanos con la naturaleza y 3, establecer una red entre los implicados.

El estudio ha revelado que España destaca en los proyectos de monitorización que involucran a la ciudadanía y la acercan al mundo natural, como el programa Catalonia Butterfly Monitoring Scheme (CBMS) y el BioBlitz de Barcelona, que permite a voluntarios participar durante 24 horas junto a científicos en el rastreo de la naturaleza y que ha sido un éxito de asistencia este año.

El CBMS lleva ya 23 años funcionando, y siguen apareciendo voluntarios que proporcionan datos sobre mariposas de Cataluña y favorecen las publicaciones de estudios relacionados.

“Consideramos estos dos grandes proyectos de recopilación de datos, pero cabe decir que no son los únicos en España. También destacan los casos de Mosquito Alert y Natusfera, proyectos con gran impacto entre la población”. ha subrayado la investigadora.

El proyecto Mosquito Alert cuenta con una app en la que los ciudadanos avisan del hallazgo de ejemplares mosquitos tigre, lo que ha permitido a los científicos medir y seguir su expansión.

Europa también cuenta con iniciativas que ponen en contacto a los participantes entre ellos, como por ejemplo Virtual Biodiversity, que, al igual que Natusfera, consta de una plataforma científica y divulgativa con galerías temáticas de fotografías digitales.

“Si bien es cierto que los europeos nos involucramos cada vez más en proyectos de ciencia ciudadana, quedan muchas tareas pendientes”, ha advertido Basnou.

“Una vez terminada y publicada esta revisión, los autores hemos visto que es necesario asegurar que se da un aprendizaje mutuo. Los participantes enriquecen su conocimiento científico, pero los expertos tienen que responder a las preguntas de los participantes, deben querer indagar en ellas y plantearse si sus estudios atacan las dudas de la población”, ha propuesto Basnou.

La ecóloga ha defendido que “debe haber un plan de inclusión social en los nuevos proyectos que aparezcan. Sin darnos cuenta establecemos perfiles de participantes: adultos, con cierta base cultural. ¿Por qué no abrir la ciencia a todo el mundo?”.

Aunque Basnou reconoce que se van dando pasos poco a poco en este terreno en auge, cree que se ha de incentivar que la ciencia ciudadana gane peso en la investigación y en la toma de decisiones, y advertir que no se debe hacer a cualquier precio.

“Hay que plantear bien el retorno de estos proyectos, los beneficios mutuos y quién es el público. Hacer una simbiosis perfecta entre investigadores y colaboradores es difícil, pero se va descubriendo el gran potencial de la fuerza ciudadana”, ha concluido Basnou. Efefuturo

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Publicado en: Ciencia

Un ejemplo de ello es que la red ALTER-Net, formada por las 18 instituciones de referencia en Europa en biodiversidad y servicios ecosistémicos, ha financiado un estudio sobre el potencial que tiene la ciencia ciudadana para la ciencia y como método de aprendizaje.

El estudio, que se ha publicado recientemente en la revista ‘Conservation Biology’, ha contado con la participación de 20 investigadores europeos, dos de ellos del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB).

ALTER-Net anualmente abre una convocatoria para apuntarse a hacer una publicación de impacto de temática libre, las AHIAcalls.

Los equipos de científicos plantean qué estudio les gustaría llevar a cabo y la propuesta que tiene mejor acogida sigue adelante y este año la ciencia ciudadana fue la temática más votada y se decidió elaborar un artículo de revisión sobre el tema.

La idea original de publicar un artículo de este tipo la dio la investigadora húngara Györgyi Bala, y se añadieron otros profesionales como Corina Basnou y Joan Pino, del CREAF-UAB.

“Decidimos apostar por este proyecto porque somos conscientes de la importancia que tiene implicar a los ciudadanos en la ciencia. No sólo para enriquecer el conocimiento, también para potenciar y visibilizar mejor las investigaciones”, ha dicho la ecóloga Basnou.

El estudio ganador de las AHIAcalls ha contado con un equipo de 20 personas con diferentes trayectorias relacionadas con la ciencia ciudadana, que establecieron un vínculo a través de ALTER-Net.

Simbiosis investigador-colaborador

La investigación ha examinado 14 programas, entre los que 6 tenían como objetivo conectar a los ciudadanos con la naturaleza y 3, establecer una red entre los implicados.

El estudio ha revelado que España destaca en los proyectos de monitorización que involucran a la ciudadanía y la acercan al mundo natural, como el programa Catalonia Butterfly Monitoring Scheme (CBMS) y el BioBlitz de Barcelona, que permite a voluntarios participar durante 24 horas junto a científicos en el rastreo de la naturaleza y que ha sido un éxito de asistencia este año.

El CBMS lleva ya 23 años funcionando, y siguen apareciendo voluntarios que proporcionan datos sobre mariposas de Cataluña y favorecen las publicaciones de estudios relacionados.

“Consideramos estos dos grandes proyectos de recopilación de datos, pero cabe decir que no son los únicos en España. También destacan los casos de Mosquito Alert y Natusfera, proyectos con gran impacto entre la población”. ha subrayado la investigadora.

El proyecto Mosquito Alert cuenta con una app en la que los ciudadanos avisan del hallazgo de ejemplares mosquitos tigre, lo que ha permitido a los científicos medir y seguir su expansión.

Europa también cuenta con iniciativas que ponen en contacto a los participantes entre ellos, como por ejemplo Virtual Biodiversity, que, al igual que Natusfera, consta de una plataforma científica y divulgativa con galerías temáticas de fotografías digitales.

“Si bien es cierto que los europeos nos involucramos cada vez más en proyectos de ciencia ciudadana, quedan muchas tareas pendientes”, ha advertido Basnou.

“Una vez terminada y publicada esta revisión, los autores hemos visto que es necesario asegurar que se da un aprendizaje mutuo. Los participantes enriquecen su conocimiento científico, pero los expertos tienen que responder a las preguntas de los participantes, deben querer indagar en ellas y plantearse si sus estudios atacan las dudas de la población”, ha propuesto Basnou.

La ecóloga ha defendido que “debe haber un plan de inclusión social en los nuevos proyectos que aparezcan. Sin darnos cuenta establecemos perfiles de participantes: adultos, con cierta base cultural. ¿Por qué no abrir la ciencia a todo el mundo?”.

Aunque Basnou reconoce que se van dando pasos poco a poco en este terreno en auge, cree que se ha de incentivar que la ciencia ciudadana gane peso en la investigación y en la toma de decisiones, y advertir que no se debe hacer a cualquier precio.

“Hay que plantear bien el retorno de estos proyectos, los beneficios mutuos y quién es el público. Hacer una simbiosis perfecta entre investigadores y colaboradores es difícil, pero se va descubriendo el gran potencial de la fuerza ciudadana”, ha concluido Basnou. Efefuturo

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