INVESTIGACIÓN ANIMALES

¿Es posible domesticar caballos sin empobrecer su diversidad?

El análisis del genoma de 14 caballos antiguos ha constatado que el actual empobrecimiento de su diversidad genética -que dificulta la supervivencia- no empezó con su domesticación en la estepa rusa hace unos 5.500 años, sino que es consecuencia de la cría de estos animales en los últimos 2.300 años.

<p>Niños montando caballos mongoles tras una tormenta en el valle de Egyin Gol, Mongolia. Crédito: Eric Crubézy</p>

Niños montando caballos mongoles tras una tormenta en el valle de Egyin Gol, Mongolia. Crédito: Eric Crubézy

Esta es la principal conclusión de un estudio que publica la revista Science, liderado por Ludovic Orlando, de la Universidad de Copenhague y del Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas.

Participan también 33 investigadores de 16 centros, entre ellos el Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto de la Universidad Pompeu Fabra y CSIC).

La ‘cara b’ de la domesticación

A lo largo de la historia, los humanos han ido domesticando especies y con ello seleccionado los mejores rasgos de cada una de ellas para adaptarlas mejor a sus propósitos. En la ganadería, por ejemplo, para producir más leche o carne, y en el caso concreto de los caballos para conseguir ejemplares más veloces para los guerreros que entraban en combate o más tarde para las carreras.

Esta selección de rasgos y genes ha comportado una importante reducción de la diversidad genética, explica a Efe Tomàs Marquès-Bonet, del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y uno de los firmantes de este estudio, quien recuerda que con los caballos se ha ido usando un número cada vez más reducido de sementales, por lo que hoy, casi todos llevan prácticamente el mismo cromosoma Y.

Además, cruzar individuos iguales genéticamente una y otra vez ocasiona, por desgracia, la aparición de caracteres muchas veces “indeseables”, lo que puede impactar negativamente sobre la especie, según Marquès-Bonet.

Pero, cuándo empezó esta decadencia en la diversidad genética de los caballos. Se sabe, de estudios científicos anteriores, que la domesticación de estos animales comenzó hace unos 5.500 años, sin embargo su empobrecimiento genético no coincide con esta fecha, como se esperaba, dado lo que se observa en otras especies domesticadas.

Pastores escitas nómadas

El estudio de Science describe en concreto el uso que los pastores escitas nómadas de las estepas de Asia Central hacían de los caballos durante la Edad de Hierro, entre el siglo IX y siglo I antes de nuestra era, afirma una nota del IBE.

Estos ganaderos, que vivían en carros cubiertos por tiendas de campaña, dejaron huella en la historia de la guerra por sus excepcionales habilidades ecuestres y, precisamente, en la crianza de sus caballos ya practicaban, aunque sin saberlo, la mejora genética.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos, con los últimos métodos de análisis del ADN antiguo, analizaron restos de una yegua de hace unos 4.100 años en Chelyabinsk (Rusia), de dos sementales de hace unos 2.700 años en Siberia y de once sementales sacrificados hace 2.300 años en Berel, Kazajstán -donde varios caballos se han preservado en permafrost-.

Restos de caballos, con piel y pelo, conservados en el permafrost de Berel, Kazajstán. Crédito: Sébastien Lepetz, CNRS

Restos de caballos, con piel y pelo, conservados en el permafrost de Berel, Kazajstán. Crédito: Sébastien Lepetz, CNRS

Los resultados revelaron una gran diversidad de patrones de coloración de la capa de los caballos escitas, como el castaño, negro, crema o el caso de animales manchados, y variantes genéticas asociadas con los sprint de corta distancia, además de varios genes involucrados con el desarrollo de las extremidades anteriores.

Esto indica que los escitas, sin hacer una selección genética consciente, sí valoraban a los animales que demostraban resistencia y velocidad y que los criadores seleccionaron los caballos que mostraban morfologías más robustas, confirma Marquès-Bonet.

Sin embargo, su sistema de cruce de ejemplares no era el mismo que el de ahora, basado en el cruce de pocos individuos, y justo eso es lo que mantuvo su riqueza genética, subraya a Efe el científico catalán, quien explica que los escitas cruzaban caballos de diferentes grupos y esto evitó el empobrecimiento genético.

Los investigadores sugieren que esto fue así hasta hace 2.300 años, cuando se empezó a usar un número reducido sementales.

Este estudio también confirma genéticamente que entre los ritos funerarios de los guerreros escitas estaba el de ser enterrados con sus caballos.

“Nos proponíamos ir más allá del mito de que los escitas eran guerreros agresivos y bebían sangre de sus enemigos en tazas hechas con cráneos. Queríamos revelar las muchas facetas de la relación excepcional que estos individuos desarrollaron con sus caballos”, resume Ludovic Orlando.

Publicado en: Ciencia

Esta es la principal conclusión de un estudio que publica la revista Science, liderado por Ludovic Orlando, de la Universidad de Copenhague y del Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas.

Participan también 33 investigadores de 16 centros, entre ellos el Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto de la Universidad Pompeu Fabra y CSIC).

La ‘cara b’ de la domesticación

A lo largo de la historia, los humanos han ido domesticando especies y con ello seleccionado los mejores rasgos de cada una de ellas para adaptarlas mejor a sus propósitos. En la ganadería, por ejemplo, para producir más leche o carne, y en el caso concreto de los caballos para conseguir ejemplares más veloces para los guerreros que entraban en combate o más tarde para las carreras.

Esta selección de rasgos y genes ha comportado una importante reducción de la diversidad genética, explica a Efe Tomàs Marquès-Bonet, del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y uno de los firmantes de este estudio, quien recuerda que con los caballos se ha ido usando un número cada vez más reducido de sementales, por lo que hoy, casi todos llevan prácticamente el mismo cromosoma Y.

Además, cruzar individuos iguales genéticamente una y otra vez ocasiona, por desgracia, la aparición de caracteres muchas veces “indeseables”, lo que puede impactar negativamente sobre la especie, según Marquès-Bonet.

Pero, cuándo empezó esta decadencia en la diversidad genética de los caballos. Se sabe, de estudios científicos anteriores, que la domesticación de estos animales comenzó hace unos 5.500 años, sin embargo su empobrecimiento genético no coincide con esta fecha, como se esperaba, dado lo que se observa en otras especies domesticadas.

Pastores escitas nómadas

El estudio de Science describe en concreto el uso que los pastores escitas nómadas de las estepas de Asia Central hacían de los caballos durante la Edad de Hierro, entre el siglo IX y siglo I antes de nuestra era, afirma una nota del IBE.

Estos ganaderos, que vivían en carros cubiertos por tiendas de campaña, dejaron huella en la historia de la guerra por sus excepcionales habilidades ecuestres y, precisamente, en la crianza de sus caballos ya practicaban, aunque sin saberlo, la mejora genética.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos, con los últimos métodos de análisis del ADN antiguo, analizaron restos de una yegua de hace unos 4.100 años en Chelyabinsk (Rusia), de dos sementales de hace unos 2.700 años en Siberia y de once sementales sacrificados hace 2.300 años en Berel, Kazajstán -donde varios caballos se han preservado en permafrost-.

Restos de caballos, con piel y pelo, conservados en el permafrost de Berel, Kazajstán. Crédito: Sébastien Lepetz, CNRS

Restos de caballos, con piel y pelo, conservados en el permafrost de Berel, Kazajstán. Crédito: Sébastien Lepetz, CNRS

Los resultados revelaron una gran diversidad de patrones de coloración de la capa de los caballos escitas, como el castaño, negro, crema o el caso de animales manchados, y variantes genéticas asociadas con los sprint de corta distancia, además de varios genes involucrados con el desarrollo de las extremidades anteriores.

Esto indica que los escitas, sin hacer una selección genética consciente, sí valoraban a los animales que demostraban resistencia y velocidad y que los criadores seleccionaron los caballos que mostraban morfologías más robustas, confirma Marquès-Bonet.

Sin embargo, su sistema de cruce de ejemplares no era el mismo que el de ahora, basado en el cruce de pocos individuos, y justo eso es lo que mantuvo su riqueza genética, subraya a Efe el científico catalán, quien explica que los escitas cruzaban caballos de diferentes grupos y esto evitó el empobrecimiento genético.

Los investigadores sugieren que esto fue así hasta hace 2.300 años, cuando se empezó a usar un número reducido sementales.

Este estudio también confirma genéticamente que entre los ritos funerarios de los guerreros escitas estaba el de ser enterrados con sus caballos.

“Nos proponíamos ir más allá del mito de que los escitas eran guerreros agresivos y bebían sangre de sus enemigos en tazas hechas con cráneos. Queríamos revelar las muchas facetas de la relación excepcional que estos individuos desarrollaron con sus caballos”, resume Ludovic Orlando.

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