CIENCIA ECOSISTEMAS

Confirmado: la actividad humana alrededor de las reservas selváticas daña a la biodiversidad

EFEFUTURO.- Las actividades humanas en la periferia de las reservas de selva tropical amenazan la biodiversidad al interior de las mismas y comprometen los esfuerzos de conservación, según un estudio llevado a cabo en el sureste de México durante cuatro décadas.

<p>Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas (México), gravemente afectada por la actividad humana. EFE/Sáshenka Gutiérrez</p>

Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas (México), gravemente afectada por la actividad humana. EFE/Sáshenka Gutiérrez

El estudio señala que la pérdida de fauna y la deforestación alrededor de la Estación de Biología de Los Tuxtlas, en el estado de Veracruz, ha resultado en un incremento exponencial de la población de una especie llamada palma espinosa (Astrocaryum mexicanum).

Esta planta tiene una altura de 1,5 a tres metros y su expansión va en detrimento de los árboles dominantes de la selva.

Por un lado, los cazadores de la región han acabado con varios herbívoros que son muy apreciados como alimento, como el pecarí de collar y el tapir, que comen brotes o frutos de la palma“, explicó a Efe el investigador José Sarukhán, quien encabezó el estudio divulgado por la revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Como los animales que se alimentan de los brotes y los frutos con semillas ya no están, “lo que tenemos es una explosión de la población de palmas que acaba modificando profundamente el ambiente lumínico del piso de la selva, que es donde germinan las semillas de los árboles dominantes, de 30 o 40 metros de alto”.

“Y entonces esto se empieza a encaminar a una modificación profunda de la composición y la estructura de la selva, que es lo que ha estado pasado en los 40 años que hemos hecho observaciones en Los Tuxtlas“, añadió Sarukhán (1940), biólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la que fue rector de 1989 a 1997.
Otra de las formas en que las actividades humanas externas a las reservas afectan la composición de éstas es el uso del suelo circundante para producción de alimentos, que además de reducir el hábitat genera fragmentación de las selvas, lo que incide directamente en la viabilidad de las poblaciones de grandes carnívoros.

Esto a su vez altera el balance entre estos carnívoros y sus presas, que en la mayoría de los casos son los mismos herbívoros que dependen de las semillas y los brotes de las palmas y otras plantas, de acuerdo con el estudio.

Un desequilibrio destructor


De persistir este desequilibrio durante períodos largos se afecta la viabilidad de los propios herbívoros, lo que una vez más propicia la sobreabundancia de plantas que antes no eran tan frecuentes.

De acuerdo con Sarukhán, la fragmentación de la selva en Los Tuxtlas, en especial a través de la agricultura y una ganadería extensiva “muy ineficiente, en la que se puede tener una cabeza de ganado por hectárea”, ha dejado a la Estación de Biología, de unas 800 hectáreas, “como una isla en un mar de potreros (terreno para el ganado)”.

El investigador, quien tiene un doctorado de la Universidad de Gales, Reino Unido, señaló que otro factor importante es que, con la fragmentación también aumenta el llamado “efecto de borde”.
Este ocurre cuando los linderos de las selvas quedan más expuestos a fenómenos como huracanes y fuertes vientos, que suelen coincidir con fuertes lluvias que saturan el suelo y que en conjunto propician la caída de árboles.

Sarukhán refirió que una de las personas que más ha estudiado estos efectos tanto en México como en otros países es un exalumno suyo llamado Rodolfo Dirzo, otro de los autores del artículo en PNAS y actualmente profesor en la Universidad de Stanford.

“Uno de los sitios que ha usado como referencia es Los Tuxtlas y otro es uno en Chiapas, en Chajul, y lo ha hecho en comparación con lugares en África central y el sureste de Asia“, precisó.

Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, que además afronta problemas de caza furtiva y robo de especies salvajes para su comercialización ilegal. EFE/Sáshenka Gutiérrez 



Al preguntársele si lo observado en Los Tuxtlas puede extrapolarse a otras zonas selváticas del mundo, el experto replicó: “Sí, claramente, en condiciones diferentes y con especies diferentes, obviamente”.

Advirtió que lo que está ocurriendo en Veracruz “es una especie de prostitución de la selva, una distorsión muy grande que va a llevar a una comunidad totalmente diferente de la que teníamos previamente”.

Una escuela de ecólogos


Más allá de la importancia biológica de la Estación, que yace al interior de la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, una área natural “protegida” que constituye el mayor bastión selvático de Norteamérica con 155.000 hectáreas, el doctor enfatizó su papel “absolutamente crucial en la formación de la escuela ecológica mexicana tropical, que es muy reconocida en todo el mundo”.

Señaló que es una estación de la UNAM desde 1967, que él utilizó mucho cuando regresó de su doctorado en Reino Unido para su trabajo de investigación. “Y ha sido fenomenal, porque ha sido un sitio en que hemos podido hacer investigaciones de esta longitud”, expuso.

Para el investigador, el centro es de suma importancia porque es “una escuela de formación de ecólogos y ecólogas“, acotó. EFEFUTURO
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Publicado en: Ciencia
El estudio señala que la pérdida de fauna y la deforestación alrededor de la Estación de Biología de Los Tuxtlas, en el estado de Veracruz, ha resultado en un incremento exponencial de la población de una especie llamada palma espinosa (Astrocaryum mexicanum).

Esta planta tiene una altura de 1,5 a tres metros y su expansión va en detrimento de los árboles dominantes de la selva.

Por un lado, los cazadores de la región han acabado con varios herbívoros que son muy apreciados como alimento, como el pecarí de collar y el tapir, que comen brotes o frutos de la palma“, explicó a Efe el investigador José Sarukhán, quien encabezó el estudio divulgado por la revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Como los animales que se alimentan de los brotes y los frutos con semillas ya no están, “lo que tenemos es una explosión de la población de palmas que acaba modificando profundamente el ambiente lumínico del piso de la selva, que es donde germinan las semillas de los árboles dominantes, de 30 o 40 metros de alto”.

“Y entonces esto se empieza a encaminar a una modificación profunda de la composición y la estructura de la selva, que es lo que ha estado pasado en los 40 años que hemos hecho observaciones en Los Tuxtlas“, añadió Sarukhán (1940), biólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la que fue rector de 1989 a 1997.
Otra de las formas en que las actividades humanas externas a las reservas afectan la composición de éstas es el uso del suelo circundante para producción de alimentos, que además de reducir el hábitat genera fragmentación de las selvas, lo que incide directamente en la viabilidad de las poblaciones de grandes carnívoros.

Esto a su vez altera el balance entre estos carnívoros y sus presas, que en la mayoría de los casos son los mismos herbívoros que dependen de las semillas y los brotes de las palmas y otras plantas, de acuerdo con el estudio.

Un desequilibrio destructor


De persistir este desequilibrio durante períodos largos se afecta la viabilidad de los propios herbívoros, lo que una vez más propicia la sobreabundancia de plantas que antes no eran tan frecuentes.

De acuerdo con Sarukhán, la fragmentación de la selva en Los Tuxtlas, en especial a través de la agricultura y una ganadería extensiva “muy ineficiente, en la que se puede tener una cabeza de ganado por hectárea”, ha dejado a la Estación de Biología, de unas 800 hectáreas, “como una isla en un mar de potreros (terreno para el ganado)”.

El investigador, quien tiene un doctorado de la Universidad de Gales, Reino Unido, señaló que otro factor importante es que, con la fragmentación también aumenta el llamado “efecto de borde”.
Este ocurre cuando los linderos de las selvas quedan más expuestos a fenómenos como huracanes y fuertes vientos, que suelen coincidir con fuertes lluvias que saturan el suelo y que en conjunto propician la caída de árboles.

Sarukhán refirió que una de las personas que más ha estudiado estos efectos tanto en México como en otros países es un exalumno suyo llamado Rodolfo Dirzo, otro de los autores del artículo en PNAS y actualmente profesor en la Universidad de Stanford.

“Uno de los sitios que ha usado como referencia es Los Tuxtlas y otro es uno en Chiapas, en Chajul, y lo ha hecho en comparación con lugares en África central y el sureste de Asia“, precisó.

Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, que además afronta problemas de caza furtiva y robo de especies salvajes para su comercialización ilegal. EFE/Sáshenka Gutiérrez 



Al preguntársele si lo observado en Los Tuxtlas puede extrapolarse a otras zonas selváticas del mundo, el experto replicó: “Sí, claramente, en condiciones diferentes y con especies diferentes, obviamente”.

Advirtió que lo que está ocurriendo en Veracruz “es una especie de prostitución de la selva, una distorsión muy grande que va a llevar a una comunidad totalmente diferente de la que teníamos previamente”.

Una escuela de ecólogos


Más allá de la importancia biológica de la Estación, que yace al interior de la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, una área natural “protegida” que constituye el mayor bastión selvático de Norteamérica con 155.000 hectáreas, el doctor enfatizó su papel “absolutamente crucial en la formación de la escuela ecológica mexicana tropical, que es muy reconocida en todo el mundo”.

Señaló que es una estación de la UNAM desde 1967, que él utilizó mucho cuando regresó de su doctorado en Reino Unido para su trabajo de investigación. “Y ha sido fenomenal, porque ha sido un sitio en que hemos podido hacer investigaciones de esta longitud”, expuso.

Para el investigador, el centro es de suma importancia porque es “una escuela de formación de ecólogos y ecólogas“, acotó. EFEFUTURO

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