PREMIOS ECOLOGÍA

La Sociedad Británica de Ecología premia a Bascompte y a Jordano

Efefuturo.- La Sociedad Británica de Ecología (BES) ha premiado como mejor libro del año en el área de ecología un trabajo de los españoles Jordi Bascompte, catedrático de Ecología en la Universidad de Zurich, y Pedro Jordano, profesor de investigación de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).

<p>Imagen de una tala ilegal en la amazonía brasileña. EFE/ARCHIVO/Marcelo Sayão</p>

Imagen de una tala ilegal en la amazonía brasileña. EFE/ARCHIVO/Marcelo Sayão

“Mutualistic networks” (Redes de mutualismo), estudia las interacciones ecológicas entre especies y ha sido galardonado con el Marsh Ecology Book of the Year, según ha explicado Jordano en una entrevista con Efe.

Este libro, publicado en 2014 por la prestigiosa Universidad de Princeton (Princeton University Press), profundiza en el estudio de las denominadas relaciones mutualistas de especies, como las que protagonizan las abejas y las plantas a las que polinizan, uno de los campos de mayor proyección de la ecología moderna.

El libro de Jordano explora las interacciones ecológicas

Es el primer libro que aborda este tema a escala mundial y explora en detalle aspectos teóricos y metodológicos para estudiar las interacciones ecológicas, ha añadido.

Pionero en el estudio de estas interacciones desde la teoría de redes complejas, surgida en el ámbito de las ciencias matemáticas a mediados del pasado siglo, Jordano acoge este premio “como una bocanada de aire fresco dentro de la situación bastante desoladora del apoyo a la ciencia en España y en Andalucía“.

Al igual que el cerebro funciona mediante una red compleja de interacciones entre neuronas, o internet configura otra red compleja de comunicaciones, el funcionamiento de un ecosistema no se explica solo con la mera suma de sus especies animales o vegetales, sino que requiere conocer también las complejas interrelaciones que se establecen entre ellas, lo que Jordano define como “la otra biodiversidad” o bien “la red de la vida”.

Estas interacciones conforman redes mutualistas, porque benefician a las especies que participan de ellas, y desempeñan un papel muy importante para la supervivencia de las especies y de los servicios ecológicos que prestan diversidad, “la arquitectura de la biodiversidad”, según este científico.

De hecho, la reproducción de más del noventa por ciento de las especies de árboles y arbustos en las selvas tropicales no sería posible sin los insectos y otros animales que polinizan sus flores y dispersan sus semillas.

Imagen de un bosque mixto en las montañas del Jura (Suiza). Crédito: Yann Vitasse

Imagen de un bosque mixto en las montañas del Jura (Suiza). Crédito: Yann Vitasse

“Los ecosistemas son complejos y no hay ninguna especie en el mundo que viva sin interaccionar con otra. Precisamos identificar los componentes esenciales de esa complejidad para poder restaurarla y conservarla”, ha destacado.

El estudio premiado por la BES mejora el conocimiento del funcionamiento de los ecosistemas y resulta crucial en la toma de decisiones de conservación de la naturaleza ante los retos del cambio global, añade Jordano.

“Asistimos a una acelerada extinción de especies, pero es muy importante conocer si también están desapareciendo las interacciones entre ellas, porque una especie que se extingue puede ser sustituida por otra, pero la pérdida de interacciones acaba con servicios ecológicos vitales que prestan los ecosistemas”, explica.

Degradación de los ecosistemas

Sostiene Jordano que hay ecosistemas de alta diversidad de especies que se están degradando a una gran velocidad “y es importante saber qué restauración es más efectiva para que no se pierda su funcionalidad; es sumamente difícil recomponer todo, pero sí es abordable preservar los elementos (especies e interacciones clave) que garantizan la supervivencia”.

Este científico ha investigado en la selva tropical brasileña cómo la extinción o drástica disminución de grandes aves o monos frugívoros, que propagan las semillas de los árboles, impide regenerar especies arbóreas, algunas de gran valor ecológico porque son las que captan más CO2.

En áreas defaunadas, han documentado pérdidas de hasta tres cuartas partes del potencial de almacenamiento de carbono. “Es lo que llamamos el síndrome del bosque vacío; en el que los árboles siguen ahí, pero con funciones ecosistémicas que se han perdido“, advierte Jornado.

El impacto de especies invasoras de insectos, la defaunación y deforestación, el aumento de la temperatura o el cambio de la pluviometría pueden alterar dramáticamente las interacciones mutualistas y los servicios ecológicos que prestan.

Jordano advierte de la importancia de la investigación en el campo de las redes mutualistas de especies a fin estar mejor equipados para abordar el grave problema de la conservación de la biodiversidad y todos sus componentes. Efefuturo

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Publicado en: Ciencia

“Mutualistic networks” (Redes de mutualismo), estudia las interacciones ecológicas entre especies y ha sido galardonado con el Marsh Ecology Book of the Year, según ha explicado Jordano en una entrevista con Efe.

Este libro, publicado en 2014 por la prestigiosa Universidad de Princeton (Princeton University Press), profundiza en el estudio de las denominadas relaciones mutualistas de especies, como las que protagonizan las abejas y las plantas a las que polinizan, uno de los campos de mayor proyección de la ecología moderna.

El libro de Jordano explora las interacciones ecológicas

Es el primer libro que aborda este tema a escala mundial y explora en detalle aspectos teóricos y metodológicos para estudiar las interacciones ecológicas, ha añadido.

Pionero en el estudio de estas interacciones desde la teoría de redes complejas, surgida en el ámbito de las ciencias matemáticas a mediados del pasado siglo, Jordano acoge este premio “como una bocanada de aire fresco dentro de la situación bastante desoladora del apoyo a la ciencia en España y en Andalucía“.

Al igual que el cerebro funciona mediante una red compleja de interacciones entre neuronas, o internet configura otra red compleja de comunicaciones, el funcionamiento de un ecosistema no se explica solo con la mera suma de sus especies animales o vegetales, sino que requiere conocer también las complejas interrelaciones que se establecen entre ellas, lo que Jordano define como “la otra biodiversidad” o bien “la red de la vida”.

Estas interacciones conforman redes mutualistas, porque benefician a las especies que participan de ellas, y desempeñan un papel muy importante para la supervivencia de las especies y de los servicios ecológicos que prestan diversidad, “la arquitectura de la biodiversidad”, según este científico.

De hecho, la reproducción de más del noventa por ciento de las especies de árboles y arbustos en las selvas tropicales no sería posible sin los insectos y otros animales que polinizan sus flores y dispersan sus semillas.

Imagen de un bosque mixto en las montañas del Jura (Suiza). Crédito: Yann Vitasse

Imagen de un bosque mixto en las montañas del Jura (Suiza). Crédito: Yann Vitasse

“Los ecosistemas son complejos y no hay ninguna especie en el mundo que viva sin interaccionar con otra. Precisamos identificar los componentes esenciales de esa complejidad para poder restaurarla y conservarla”, ha destacado.

El estudio premiado por la BES mejora el conocimiento del funcionamiento de los ecosistemas y resulta crucial en la toma de decisiones de conservación de la naturaleza ante los retos del cambio global, añade Jordano.

“Asistimos a una acelerada extinción de especies, pero es muy importante conocer si también están desapareciendo las interacciones entre ellas, porque una especie que se extingue puede ser sustituida por otra, pero la pérdida de interacciones acaba con servicios ecológicos vitales que prestan los ecosistemas”, explica.

Degradación de los ecosistemas

Sostiene Jordano que hay ecosistemas de alta diversidad de especies que se están degradando a una gran velocidad “y es importante saber qué restauración es más efectiva para que no se pierda su funcionalidad; es sumamente difícil recomponer todo, pero sí es abordable preservar los elementos (especies e interacciones clave) que garantizan la supervivencia”.

Este científico ha investigado en la selva tropical brasileña cómo la extinción o drástica disminución de grandes aves o monos frugívoros, que propagan las semillas de los árboles, impide regenerar especies arbóreas, algunas de gran valor ecológico porque son las que captan más CO2.

En áreas defaunadas, han documentado pérdidas de hasta tres cuartas partes del potencial de almacenamiento de carbono. “Es lo que llamamos el síndrome del bosque vacío; en el que los árboles siguen ahí, pero con funciones ecosistémicas que se han perdido“, advierte Jornado.

El impacto de especies invasoras de insectos, la defaunación y deforestación, el aumento de la temperatura o el cambio de la pluviometría pueden alterar dramáticamente las interacciones mutualistas y los servicios ecológicos que prestan.

Jordano advierte de la importancia de la investigación en el campo de las redes mutualistas de especies a fin estar mejor equipados para abordar el grave problema de la conservación de la biodiversidad y todos sus componentes. Efefuturo

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