ESPACIO ESTRELLAS

Los restos del almuerzo de una enana blanca, un anticipo del final del Sistema Solar

EFEFUTURO.- Un equipo internacional de astrónomos ha estudiado, por primera vez y con gran detalle, los restos de la interacción entre una estrella muerta y su cena de asteroides, unas imágenes que son el adelanto de lo que, en un futuro lejano, será el destino del Sistema Solar.

<p>Una ilustración del disco de escombros alrededor de la enana blanca SDSS J1228+1040 (izquierda) en la misma escala que Saturno y sus anillos (dere

Una ilustración del disco de escombros alrededor de la enana blanca SDSS J1228+1040 (izquierda) en la misma escala que Saturno y sus anillos (derecha). Mientras que la enana blanca en SDSS J1228+1040 tiene un diámetro casi siete veces más pequeño que Saturno, su masa es unas 2.500 veces mayor. Crédito: Mark Garlick (www.markgarlick.com) and University of Warwick/ESO/NASA/Cassini

El equipo, dirigido por Christopher Manser, un estudiante de doctorado de la Universidad de Warwick (Reino Unido), utilizó datos obtenidos por el Very Large Telescope (VLT) de ESO en Chile y por otros observatorios para estudiar los restos de un asteroide esparcidos en los alrededores de un remanente estelar, una enana blanca llamada SDSS J1228+1040.

Utilizando varios instrumentos, incluyendo los espectrógrafo UVES (Ultraviolet and Visual Echelle Spectrograph) y X-shooter, ambos instalados en el VLT, el equipo obtuvo observaciones detalladas de la luz procedente de la enana blanca y del material circundante durante un período de doce años: del 2003 al 2015 (algo sin precedentes).

Tal y como explica Manser, “la imagen que obtenemos de los datos procesados nos muestra que estos sistemas realmente tienen forma de disco y revela muchas estructuras que no podemos detectar en una sola instantánea”.

El equipo utilizó una técnica llamada tomografía Doppler -similar, en principio, a las exploraciones tomográficas médicas del cuerpo humano- que les permitió trazar, por primera vez y con mucho detalle, la estructura de los brillantes restos gaseosos del “almuerzo” de la estrella muerta J1228+1040 orbitando a su alrededor.
Mientras que las estrellas grandes -unas diez veces la masa del Sol- sufren un clímax espectacularmente violento al estallar como supernovas al final de sus vidas, las más pequeñas se ahorran destinos tan dramáticos, y cuando llegan al final de sus vidas, tras agotar su combustible, se expanden como gigantes rojas y, expulsan sus capas exteriores al espacio.

Todo lo que queda es el núcleo denso y caliente de la antigua estrella, una enana blanca.

Pero, ¿sobrevivirían a esta prueba de fuego los planetas, los asteroides y otros cuerpos en un sistema de este tipo?. ¿Qué quedaría? Las nuevas observaciones ayudan a responder a estas preguntas.

Es raro que una enana blanca esté rodeada por un disco de material gaseoso que la orbite (hasta ahora sólo se habían descubierto siete).

El equipo llegó a la conclusión de que un asteroide se había desviado, acercándose peligrosamente a la estrella muerta y, debido a las potentes fuerzas de marea, acabó destrozado y formando el disco de material que vemos ahora.

El disco se formó de manera similar a los fotogénicos anillos que vemos alrededor de planetas más cercanos a nosotros, tales como Saturno. Sin embargo, mientras que J1228+1040 es más de siete veces más pequeño en diámetro que el planeta anillado, tiene una masa más de 2.500 veces mayor.

El equipo también detectó que la distancia entre la enana blanca y su disco es muy distinta: Saturno y sus anillos cabrían perfectamente en el espacio que hay entre la estrella y su disco.

Un estudio para comprender el futuro


Este nuevo estudio a largo plazo, llevado a cabo con el VLT, ha permitido al equipo ver el disco de precesión bajo la influencia del potente campo gravitacional de la enana blanca.

También han visto que el disco está un poco desequilibrado y aún no es circular.

“Cuando descubrimos este disco de escombros orbitando alrededor de la enana blanca en 2006, no imaginábamos los exquisitos detalles que ahora son visibles en esta imagen, construida con doce años de datos. Definitivamente, la espera mereció la pena”, añade Boris Gänsicke, coautor del estudio.

Remanentes como J1228+1040 pueden proporcionar pistas fundamentales para entender los ambientes que se generan cuando las estrellas llegan al final de sus vidas.

Esto puede ayudar a los astrónomos a entender los procesos que tienen lugar en sistemas exoplanetarios e incluso predecir el destino del Sistema Solar cuando el Sol se enfrente a su desaparición dentro de unos 7.000 millones de años.
Publicado en: Espacio

blogosfera de efefuturo

blogosfera de efefuturo

Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

Login