BIOLOGÍA CÉLULAS

El canibalismo celular protege al organismo y educa las defensas

La fagocitosis es un mecanismo biológico que hace que unas células especializadas se coman a las células que pueden causar daños en los tejidos, es decir, las que están viejas, muertas o en mal estado. Ahora, científicos españoles han descubierto que este proceso también tiene una labor educativa.

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Imágenes microscópicas de macrófagos en el proceso de comerse otra célula, o con la célula ya en su interior. A la derecha, el proceso en tejidos vivos, con la célula fagocitada en verde y el macrófago en rojo. Crédito: Jose María Adrover Montemayor (izquierda) y Noelia Alonso González (derecha).

El estudio, dirigido por científicos del Centro Nacional de Investigadores Cardiovasculares Carlos III (CNIC) y publicado en la revista Journal of Experimental Medicine, describe que la fagocitosis no solo elimina células inservibles, sino que además ‘educa’ a un tipo de células del sistema inmune, los macrófagos, que son las encargadas de comerlas.


Para que continúe la vida, la muerte es un proceso imprescindible, también en nuestros organismos, donde billones de células del intestino, la sangre o la piel, entre otros tejidos, mueren a diario para que otras puedan vivir.


Desde hace décadas los científicos se han preguntado cómo los organismos se deshacen de estos residuos celulares.


Uno de los mecanismos más comunes es la fagocitosis, en el que los macrófagos (literalmente “comedoras grandes”) se comen a las células viejas, muertas o dañadas.




Los macrófagos son células inmunes que en condiciones normales están distribuidas por todos los tejidos y limpian el organismo de cualquier tipo de material biológico que haya que eliminar (partículas nocivas como microcristales o virus, proteínas, etc).



También son importantes para eliminar células dañinas como los linfocitos que en ocasiones causan problemas de autoinmunidad, como los que aparecen en enfermos de lupus o artritis reumatoide, o incluso el cáncer.



Pruebas en laboratorio


En un trabajo, hecho en colaboración con científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y grupos de EEUU, coordinados por Noelia Alonso-González y Andrés Hidalgo del Área de Biología Celular y del Desarrollo del CNIC, utilizaron un sistema en el que se unía la circulación de dos ratones, uno de los cuales contiene una proteína fluorescente y el otro no.


“Cuando los macrófagos del ratón no-fluorescente comían células provenientes de la sangre de su compañero, adquirían su fluorescencia”, explica Noelia Alonso-González.


Este sencillo truco permitió a los investigadores aislar y estudiar por primera vez esta población comedora de células en tejidos vivos.


El estudio demuestra que los macrófagos comedores son diferentes en cada tejido, y diferentes a su vez de aquellos que no ingieren células muertas.


Estas diferencias, señala Andrés Hidalgo, “son importantes porque mantienen a raya procesos inflamatorios y fomentan a su vez la eliminación de otras células dañadas, es decir, aumentan su apetito”.


Investigaciones anteriores ya habían demostrado que cuando este proceso de fagocitosis no es normal, los organismos pueden desarrollar autoinmunidad pero este nuevo estudio del CNIC vislumbra por primera vez cómo se orquesta este proceso en tejidos vivos.



Educando al sistema inmune


El trabajo concluye que el proceso de ingestión de células inservibles educa al sistema inmune para mantener los tejidos limpios y sanos, un proceso en el que los macrófagos son esenciales.


Además, las observaciones del grupo identifican en detalle las moléculas que realizan parte del trabajo en cada uno de los órganos, desde el intestino al hígado, o la médula ósea, es decir, que sorprendentemente cada tejido tiene sus propios recursos moleculares para deshacerse de células innecesarias.


Aunque el potencial terapéutico queda aún lejos, el estudio describe cómo el organismo se mantiene limpio y sano, lo que permite prever que en no mucho tiempo se podría coordinar el trabajo de estos macrófagos limpiadores en nuestro beneficio, según los investigadores. EFE

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Publicado en: Ciencia

El estudio, dirigido por científicos del Centro Nacional de Investigadores Cardiovasculares Carlos III (CNIC) y publicado en la revista Journal of Experimental Medicine, describe que la fagocitosis no solo elimina células inservibles, sino que además ‘educa’ a un tipo de células del sistema inmune, los macrófagos, que son las encargadas de comerlas.


Para que continúe la vida, la muerte es un proceso imprescindible, también en nuestros organismos, donde billones de células del intestino, la sangre o la piel, entre otros tejidos, mueren a diario para que otras puedan vivir.


Desde hace décadas los científicos se han preguntado cómo los organismos se deshacen de estos residuos celulares.


Uno de los mecanismos más comunes es la fagocitosis, en el que los macrófagos (literalmente “comedoras grandes”) se comen a las células viejas, muertas o dañadas.




Los macrófagos son células inmunes que en condiciones normales están distribuidas por todos los tejidos y limpian el organismo de cualquier tipo de material biológico que haya que eliminar (partículas nocivas como microcristales o virus, proteínas, etc).



También son importantes para eliminar células dañinas como los linfocitos que en ocasiones causan problemas de autoinmunidad, como los que aparecen en enfermos de lupus o artritis reumatoide, o incluso el cáncer.



Pruebas en laboratorio


En un trabajo, hecho en colaboración con científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y grupos de EEUU, coordinados por Noelia Alonso-González y Andrés Hidalgo del Área de Biología Celular y del Desarrollo del CNIC, utilizaron un sistema en el que se unía la circulación de dos ratones, uno de los cuales contiene una proteína fluorescente y el otro no.


“Cuando los macrófagos del ratón no-fluorescente comían células provenientes de la sangre de su compañero, adquirían su fluorescencia”, explica Noelia Alonso-González.


Este sencillo truco permitió a los investigadores aislar y estudiar por primera vez esta población comedora de células en tejidos vivos.


El estudio demuestra que los macrófagos comedores son diferentes en cada tejido, y diferentes a su vez de aquellos que no ingieren células muertas.


Estas diferencias, señala Andrés Hidalgo, “son importantes porque mantienen a raya procesos inflamatorios y fomentan a su vez la eliminación de otras células dañadas, es decir, aumentan su apetito”.


Investigaciones anteriores ya habían demostrado que cuando este proceso de fagocitosis no es normal, los organismos pueden desarrollar autoinmunidad pero este nuevo estudio del CNIC vislumbra por primera vez cómo se orquesta este proceso en tejidos vivos.



Educando al sistema inmune


El trabajo concluye que el proceso de ingestión de células inservibles educa al sistema inmune para mantener los tejidos limpios y sanos, un proceso en el que los macrófagos son esenciales.


Además, las observaciones del grupo identifican en detalle las moléculas que realizan parte del trabajo en cada uno de los órganos, desde el intestino al hígado, o la médula ósea, es decir, que sorprendentemente cada tejido tiene sus propios recursos moleculares para deshacerse de células innecesarias.


Aunque el potencial terapéutico queda aún lejos, el estudio describe cómo el organismo se mantiene limpio y sano, lo que permite prever que en no mucho tiempo se podría coordinar el trabajo de estos macrófagos limpiadores en nuestro beneficio, según los investigadores. EFE

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