CAMBIO CLIMÁTICO

La gestión del cambio climático, ¿un tren que se nos escapa?

Que el cambio climático alterará a los ecosistemas está documentado. Que tendrá consecuencias para la salud y la economía de todo el planeta, es un hecho. Ahora, la cuestión es ver si el ser humano sabrá o no gestionar este desafío y aprovechar las oportunidades para convertirlo en un éxito.

<p>Musgo en la zona Especialmente Protegida de la Antártida. Crédito: Snowchange 2016/Tero Mustonen</p>

Musgo en la zona Especialmente Protegida de la Antártida. Crédito: Snowchange 2016/Tero Mustonen

Y es que, a pesar de que algunas consecuencias del calentamiento global ya han comenzado, y de la multitud de estudios que advierten de lo que ocurrirá en el futuro, los objetivos globales, las políticas mundiales y los acuerdos internacionales siguen sin tener en cuenta que el mundo está cambiando de manera radical.

Así lo advierte un artículo internacional publicado en Science, firmado, entre otros, por el profesor de investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), Miguel Araújo.

El estudio recuerda que el calentamiento global está provocando -y seguirá haciéndolo- un desplazamiento de las especies hacia los polos y hacia las áreas de mayor altitud.

“Unas van más rápidas, otras más lentas, pero la redistribución es masiva. Es el patrón general”, explica Araújo a Efe.

En tierra, por ejemplo, las especies se desplazan 17 kilómetros hacia el norte cada década, mientras que en el mar, el desplazamiento hacia los polos alcanza los 34 kilómetros por década.

Sin embargo, esta migración de especies tiene un “efecto cascada” que provoca interrupciones bióticas, es decir, hace que muchas especies que dependen o están acostumbradas a interactuar entre sí dejen de hacerlo, con consecuencias en la cadena trófica y otros impactos que aún son difíciles de predecir.

Un desafío con ganadores y perdedores

Pero, en todos los cambios hay ganadores y perdedores. Todo depende de cómo se afronte el desafío.

A grandes rasgos, el cambio climático supondrá un aumento de las temperaturas en Centroeuropa, lo que mejorará la productividad general del territorio, mientras que en el sur, en las regiones más áridas del continente, habrá una gran perdida de productividad.

Un hombre pesca en el río Näätämö River, Finlandia. Crédito: Snowchange 2017 / Chris McNeave

Un hombre pesca en el río Näätämö River, Finlandia. Crédito: Snowchange 2017 / Chris McNeave

En la Península Ibérica, por ejemplo, se prevé que el aumento de la temperatura conlleve una disminución de las precipitaciones, lo que tendrá consecuencias en la agricultura y en la superficie forestal del territorio.

Mientras, en el resto de Europa, un tercio del área forestal está dominado por especies como el abeto europeo, que es muy productivo para la economía pero “con el cambio climático, los abetos desaparecerán en favor de otras especies, como el alcornoque, de menor valor económico”, advierte Araújo.

Bienestar y salud humanas

Pero, al margen de los efectos medioambientales del cambio climático, todos los cambios que tendrán lugar en los ecosistemas tendrán su reflejo en la vida y la salud humanas.

“La disminución de vertebrados en todo el planeta, por ejemplo, que tienen un papel esencial en el control de plagas, especialmente en el sur de Europa, afectará negativamente a la agricultura”, lamenta el investigador español.

Por otra parte, la tropicalización del clima tendrá efectos sobre la salud humana.

De hecho, “ya estamos viendo cómo los mosquitos transmisores de enfermedades infecciosas como la malaria se están propagando por el planeta, y las previsiones apuntan a que en el futuro la superficie mundial de áreas de riesgo de enfermedades infecciosas como la malaria seguirá creciendo.

Mosquitos como el Aedes o el Anopheles son importantes vectores para enfermedades como malaria, fiebre amarilla o dengue. Crédit: Anders Lindström/SVA

Mosquitos como el Aedes o el Anopheles son importantes vectores para enfermedades como malaria, fiebre amarilla o dengue. Crédit: Anders Lindström/SVA

Todos estos ejemplos “demuestran que no podemos abordar el cambio climático como una situación con efectos directos sobre un único territorio”, sino en un contexto en el que “los sistemas biológicos tendrán consecuencias en la economía global. Y eso es algo que todavía no se está haciendo”.

Es más, el estudio sugiere que si la gobernanza internacional es capaz de gestionar estos cambios “con inteligencia“, la humanidad podrá incluso “sacar partido” de la situación.

“Todos los cambios por definición pueden ser una oportunidad, incluso el deshielo del Ártico, que tendrá un efecto brutal para los ecosistemas pero que también supondrá la apertura de vías de comercio en el norte”, apunta.

“El reto -continúa el investigador- será saber gestionar esos cambios con inteligencia para sacar partido de la situación”.

Traducir este desafío en una oportunidad de éxito para el desarrollo y el bienestar del ser humano es el reto más importante al que se enfrentará el hombre en los próximos años. EFE

Publicado en: Ciencia

Y es que, a pesar de que algunas consecuencias del calentamiento global ya han comenzado, y de la multitud de estudios que advierten de lo que ocurrirá en el futuro, los objetivos globales, las políticas mundiales y los acuerdos internacionales siguen sin tener en cuenta que el mundo está cambiando de manera radical.

Así lo advierte un artículo internacional publicado en Science, firmado, entre otros, por el profesor de investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), Miguel Araújo.

El estudio recuerda que el calentamiento global está provocando -y seguirá haciéndolo- un desplazamiento de las especies hacia los polos y hacia las áreas de mayor altitud.

“Unas van más rápidas, otras más lentas, pero la redistribución es masiva. Es el patrón general”, explica Araújo a Efe.

En tierra, por ejemplo, las especies se desplazan 17 kilómetros hacia el norte cada década, mientras que en el mar, el desplazamiento hacia los polos alcanza los 34 kilómetros por década.

Sin embargo, esta migración de especies tiene un “efecto cascada” que provoca interrupciones bióticas, es decir, hace que muchas especies que dependen o están acostumbradas a interactuar entre sí dejen de hacerlo, con consecuencias en la cadena trófica y otros impactos que aún son difíciles de predecir.

Un desafío con ganadores y perdedores

Pero, en todos los cambios hay ganadores y perdedores. Todo depende de cómo se afronte el desafío.

A grandes rasgos, el cambio climático supondrá un aumento de las temperaturas en Centroeuropa, lo que mejorará la productividad general del territorio, mientras que en el sur, en las regiones más áridas del continente, habrá una gran perdida de productividad.

Un hombre pesca en el río Näätämö River, Finlandia. Crédito: Snowchange 2017 / Chris McNeave

Un hombre pesca en el río Näätämö River, Finlandia. Crédito: Snowchange 2017 / Chris McNeave

En la Península Ibérica, por ejemplo, se prevé que el aumento de la temperatura conlleve una disminución de las precipitaciones, lo que tendrá consecuencias en la agricultura y en la superficie forestal del territorio.

Mientras, en el resto de Europa, un tercio del área forestal está dominado por especies como el abeto europeo, que es muy productivo para la economía pero “con el cambio climático, los abetos desaparecerán en favor de otras especies, como el alcornoque, de menor valor económico”, advierte Araújo.

Bienestar y salud humanas

Pero, al margen de los efectos medioambientales del cambio climático, todos los cambios que tendrán lugar en los ecosistemas tendrán su reflejo en la vida y la salud humanas.

“La disminución de vertebrados en todo el planeta, por ejemplo, que tienen un papel esencial en el control de plagas, especialmente en el sur de Europa, afectará negativamente a la agricultura”, lamenta el investigador español.

Por otra parte, la tropicalización del clima tendrá efectos sobre la salud humana.

De hecho, “ya estamos viendo cómo los mosquitos transmisores de enfermedades infecciosas como la malaria se están propagando por el planeta, y las previsiones apuntan a que en el futuro la superficie mundial de áreas de riesgo de enfermedades infecciosas como la malaria seguirá creciendo.

Mosquitos como el Aedes o el Anopheles son importantes vectores para enfermedades como malaria, fiebre amarilla o dengue. Crédit: Anders Lindström/SVA

Mosquitos como el Aedes o el Anopheles son importantes vectores para enfermedades como malaria, fiebre amarilla o dengue. Crédit: Anders Lindström/SVA

Todos estos ejemplos “demuestran que no podemos abordar el cambio climático como una situación con efectos directos sobre un único territorio”, sino en un contexto en el que “los sistemas biológicos tendrán consecuencias en la economía global. Y eso es algo que todavía no se está haciendo”.

Es más, el estudio sugiere que si la gobernanza internacional es capaz de gestionar estos cambios “con inteligencia“, la humanidad podrá incluso “sacar partido” de la situación.

“Todos los cambios por definición pueden ser una oportunidad, incluso el deshielo del Ártico, que tendrá un efecto brutal para los ecosistemas pero que también supondrá la apertura de vías de comercio en el norte”, apunta.

“El reto -continúa el investigador- será saber gestionar esos cambios con inteligencia para sacar partido de la situación”.

Traducir este desafío en una oportunidad de éxito para el desarrollo y el bienestar del ser humano es el reto más importante al que se enfrentará el hombre en los próximos años. EFE

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