CERVANTES CIENCIA

La ciencia a través de los ojos del caballero andante

El Museo Nacional de Ciencias Naturales ha inaugurado hoy “Cervantes: Ciencia en el Quijote”, una muestra en la que dialogan literatura y ciencia de la mano del caballero andante, interesado sobre todo en la astronomía, en aquel entonces sinónimo de astrología.

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Póster de la exposición "La ciencia en el Quijote" . Museo Nacional de Ciencias Naturales

En la época de Cervantes, del que se celebra el 400 aniversario de su muerte, daban “los primeros pasos” hacia la ciencia moderna y su “Quijote” permite construir una visión aproximada del panorama científico y tecnológico en el reinado de Felipe II, ha explicado en la presentación la coordinadora de la exposición, Cristina Cánovas.

Además de rendir tributo al príncipe de la letras, “Cervantes: ciencia en el Quijote” despliega el conocimiento científico en los ámbitos de la tecnología, astronomía, paisaje natural y zoología.

La ciencia astronómica, la que más interesó a Cervantes

Gracias a la invención de la imprenta de Gutenberg, Cervantes pudo leer una gran cantidad de libros de geografía, astronomía o matemáticas etcétera, lo que permitió acceder a una gran variedad de conocimientos que después trasladó a sus propios textos, ha añadido.

Dentro de los ingenios tecnológicos, “El Quijote” no solo habla con los molinos de viento -que entonces se instalaban sobre todo en la costa-, sino también con los aceños (molinos harineros) y los mazos de batán (máquina que transformaba tejidos abiertos en otros más tupidos; funcionaban por la fuerza del agua que movía una rueda hidráulica).

Los piojos desaparecen al cruzar la línea del Ecuador, se sostiene en “El Quijote”

Cánovas contabiliza asimismo un centenar de citas de animales, a muchos de ellos humaniza -una tradición herencia de la Edad Media-, recupera ejemplares que aparecen en las novelas de caballería (aves fénix, basiliscos…), parafrasea dichos populares sobre animales o recoge afirmaciones de ciencia popular, como que los piojos desaparecen si se cruza la línea del ecuador.

Dentro de este apartado destacan asimismo los animales utilizados en la alimentación, especialmente las arenques y el bacalao en salazón, la técnica culinaria más utilizada en la época ya que el pescado fresco quedaba reservado a la nobleza.

Llama la atención también, ha añadido Cánovas, el hecho de que Cervantes considere a los murciélagos dentro del orden de las aves, pero era algo muy común en la época aunque se conocieran las diferencias morfológicas entre ambas especies.

Dentro de “El Quijote”, las referencias científicas más abundantes son las astronómicas, con alusiones a Copérnico o Ptlomeo, y a los instrumentos de navegación y a Juan de la Cosa.

Habla de “la luminaria” y sus tres caras, refiriéndose a la luna y sus tres fases ya que la cuarta fase (luna nueva) no es visible, cómo utilizan los pastores la bóveda celeste para orientarse y el sol para calcular las horas del día.

Por supuesto, el texto recoge citas botánicas de la mano del paisaje natural que acompaña las aventuras de sus personajes quijotescos, fundamentalmente la encina y el alcornoque.

En ocasiones nombra especies como la haya en Sierra Nevada que nunca crecen en esos ecosistemas o se olvida de los pinos, muy abundantes en la geografía española.

La exposición en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, que depende del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se podrá visitar hasta el próximo 30 de mayo. EFE

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Publicado en: Ciencia

En la época de Cervantes, del que se celebra el 400 aniversario de su muerte, daban “los primeros pasos” hacia la ciencia moderna y su “Quijote” permite construir una visión aproximada del panorama científico y tecnológico en el reinado de Felipe II, ha explicado en la presentación la coordinadora de la exposición, Cristina Cánovas.

Además de rendir tributo al príncipe de la letras, “Cervantes: ciencia en el Quijote” despliega el conocimiento científico en los ámbitos de la tecnología, astronomía, paisaje natural y zoología.

La ciencia astronómica, la que más interesó a Cervantes

Gracias a la invención de la imprenta de Gutenberg, Cervantes pudo leer una gran cantidad de libros de geografía, astronomía o matemáticas etcétera, lo que permitió acceder a una gran variedad de conocimientos que después trasladó a sus propios textos, ha añadido.

Dentro de los ingenios tecnológicos, “El Quijote” no solo habla con los molinos de viento -que entonces se instalaban sobre todo en la costa-, sino también con los aceños (molinos harineros) y los mazos de batán (máquina que transformaba tejidos abiertos en otros más tupidos; funcionaban por la fuerza del agua que movía una rueda hidráulica).

Los piojos desaparecen al cruzar la línea del Ecuador, se sostiene en “El Quijote”

Cánovas contabiliza asimismo un centenar de citas de animales, a muchos de ellos humaniza -una tradición herencia de la Edad Media-, recupera ejemplares que aparecen en las novelas de caballería (aves fénix, basiliscos…), parafrasea dichos populares sobre animales o recoge afirmaciones de ciencia popular, como que los piojos desaparecen si se cruza la línea del ecuador.

Dentro de este apartado destacan asimismo los animales utilizados en la alimentación, especialmente las arenques y el bacalao en salazón, la técnica culinaria más utilizada en la época ya que el pescado fresco quedaba reservado a la nobleza.

Llama la atención también, ha añadido Cánovas, el hecho de que Cervantes considere a los murciélagos dentro del orden de las aves, pero era algo muy común en la época aunque se conocieran las diferencias morfológicas entre ambas especies.

Dentro de “El Quijote”, las referencias científicas más abundantes son las astronómicas, con alusiones a Copérnico o Ptlomeo, y a los instrumentos de navegación y a Juan de la Cosa.

Habla de “la luminaria” y sus tres caras, refiriéndose a la luna y sus tres fases ya que la cuarta fase (luna nueva) no es visible, cómo utilizan los pastores la bóveda celeste para orientarse y el sol para calcular las horas del día.

Por supuesto, el texto recoge citas botánicas de la mano del paisaje natural que acompaña las aventuras de sus personajes quijotescos, fundamentalmente la encina y el alcornoque.

En ocasiones nombra especies como la haya en Sierra Nevada que nunca crecen en esos ecosistemas o se olvida de los pinos, muy abundantes en la geografía española.

La exposición en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, que depende del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se podrá visitar hasta el próximo 30 de mayo. EFE

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