NEUROCIENCIA BIOLOGÍA

La testosterona, agresiva pero también generosa

Efefuturo.- La testosterona promueve comportamientos orientados a alcanzar un estatus social más elevado, lo que significa que está relacionada con actitudes agresivas, pero también con otras generosas, según un estudio que publica la revista Proceedings of The National Academiy os Sciences (PNAS).

<p>Concentración contra la violencia machista. EFE/Juan Ferreras</p>

Concentración contra la violencia machista. EFE/Juan Ferreras

Tradicionalmente, los altos niveles de esa hormona esteroidea clave en el desarrollo sexual masculino se habían asociado con la agresividad y la falta de generosidad en los humanos, pero hasta ahora los estudios que habían tratado de certificarlo se consideraban poco creíbles por supuestos problemas metodológicos.

El nuevo estudio, liderado por el Instituto de Neurociencia del Instituto Trinity College de Dublín, concluye que la testosterona “puede causar en los hombres un comportamiento prosocial”, es decir, que beneficie a otros, por lo que tiene un “papel más complejo” en la conducta humana del que se creía.

El juego del ultimátum

A los participantes en el estudio, un grupo de 47 hombres jóvenes sanos, se les inyectó o bien enantato de testosterona o bien un placebo, y se les sometió a una variación de la prueba económica experimental conocida como “el juego del ultimátum”.

En esta prueba, un jugador propone a otro una manera de dividirse una importante suma de dinero y, si el segundo acepta la oferta, ambos reciben la misma cantidad de dinero, pero si la rechaza, ninguno de los dos obtiene nada.

Para el estudio, el juego se modificó de tal forma que una vez que los participantes habían aceptado o rechazado una oferta, tenían la posibilidad de recompensar o “castigar” a quien se la había hecho al quedarse con más o menos dinero del ofrecido originalmente.

“Concluimos que los participantes tratados con testosterona eran más proclives a castigar a quien les proponía (el trato), y que los niveles altos de testosterona estaban específicamente asociados con un castigo mayor para quienes hacían ofertas injustas”, indica el estudio.

Pero además, “cuando los participantes tratados con testosterona recibían ofertas de cantidades grandes, eran más proclives a recompensar a quien se lo proponía y también elegían recompensas mayores”, añade.

“Este aumento de generosidad en un entorno donde no hay provocación indica que la testosterona también puede causar comportamientos prosociales que son apropiados para mejorar el estatus”, sostiene el estudio.

“Este descubrimiento no encaja con (la idea tradicional de) una simple relación entre la testosterona y la agresión, y proporciona una prueba causal de que la testosterona tiene un papel más complejo a la hora de motivar comportamientos de mejora del estatus en los hombres”, concluye.

En el estudio también participaron investigadores del Instituto de Ciencias Cognitivas Marc Jeannerod en Bron (Francia), del Departamento de Biología Humana de la Universidad de Lyon (Francia), de la Universidad de Magdeburgo (Alemania) y del Instituto de Tecnología de California, en Pasadena (EEUU), entre otros. EFE

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Publicado en: Ciencia

Tradicionalmente, los altos niveles de esa hormona esteroidea clave en el desarrollo sexual masculino se habían asociado con la agresividad y la falta de generosidad en los humanos, pero hasta ahora los estudios que habían tratado de certificarlo se consideraban poco creíbles por supuestos problemas metodológicos.

El nuevo estudio, liderado por el Instituto de Neurociencia del Instituto Trinity College de Dublín, concluye que la testosterona “puede causar en los hombres un comportamiento prosocial”, es decir, que beneficie a otros, por lo que tiene un “papel más complejo” en la conducta humana del que se creía.

El juego del ultimátum

A los participantes en el estudio, un grupo de 47 hombres jóvenes sanos, se les inyectó o bien enantato de testosterona o bien un placebo, y se les sometió a una variación de la prueba económica experimental conocida como “el juego del ultimátum”.

En esta prueba, un jugador propone a otro una manera de dividirse una importante suma de dinero y, si el segundo acepta la oferta, ambos reciben la misma cantidad de dinero, pero si la rechaza, ninguno de los dos obtiene nada.

Para el estudio, el juego se modificó de tal forma que una vez que los participantes habían aceptado o rechazado una oferta, tenían la posibilidad de recompensar o “castigar” a quien se la había hecho al quedarse con más o menos dinero del ofrecido originalmente.

“Concluimos que los participantes tratados con testosterona eran más proclives a castigar a quien les proponía (el trato), y que los niveles altos de testosterona estaban específicamente asociados con un castigo mayor para quienes hacían ofertas injustas”, indica el estudio.

Pero además, “cuando los participantes tratados con testosterona recibían ofertas de cantidades grandes, eran más proclives a recompensar a quien se lo proponía y también elegían recompensas mayores”, añade.

“Este aumento de generosidad en un entorno donde no hay provocación indica que la testosterona también puede causar comportamientos prosociales que son apropiados para mejorar el estatus”, sostiene el estudio.

“Este descubrimiento no encaja con (la idea tradicional de) una simple relación entre la testosterona y la agresión, y proporciona una prueba causal de que la testosterona tiene un papel más complejo a la hora de motivar comportamientos de mejora del estatus en los hombres”, concluye.

En el estudio también participaron investigadores del Instituto de Ciencias Cognitivas Marc Jeannerod en Bron (Francia), del Departamento de Biología Humana de la Universidad de Lyon (Francia), de la Universidad de Magdeburgo (Alemania) y del Instituto de Tecnología de California, en Pasadena (EEUU), entre otros. EFE

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