INVESTIGACIÓN MICROBIOTA

La microbiota intestinal: rica, compleja, cambiante y aún por escudriñar

EFEFUTURO.- El cuerpo humano está ‘invadido’ por un gran número de microorganismos que, conjuntamente, conforman la microbiota humana. La más rica en cuanto a composición de especies es la intestinal, pero en todo el cuerpo estos organismos microscópicos juegan un papel fundamental para la salud.

<p>EFE/Andy Rain.</p>

EFE/Andy Rain.

No nacemos libres de microorganismos (se han detectado bacterias en el meconio -primer excremento de los niños recién nacidos-) y a medida que nos desarrollamos nuestra microbiota se va haciendo cada vez más compleja y única: se enriquece con nuevos organismos.

La del intestino es la más rica y única en cada individuo. Se estima que el intestino humano alberga cien billones de microorganismos, principalmente bacterias de más de mil especies.

Por ser la más rica y compleja es la más estudiada por los investigadores, que, si bien han ido dando pasos en su conocimiento, aún no comprenden bien, por ejemplo, qué tipo de factores genéticos hacen que una persona sea más susceptible a albergar unas bacterias y no otras, o cómo definir exactamente que es una microbiota sana.

Un artículo de revisión


En una revisión publicada en la revista Trends in Microbiology, los investigadores Andrés Moya (Universidad de Valencia) y Manuel Ferrer (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) ahondan en el conocimiento de la microbiota y proponen estrategias complementarias a las más utilizadas para abordar las enfermedades asociadas.

Se sabe que cuando una bacteria desaparece en el intestino enseguida otra está lista para dividirse y ocupar su lugar, y que el intestino es capaz de estar saludable bajo este plan cambiante.

Varias placas de petri en un laboratorio. .EFE/JORGE DIRKX. 



Cada vez más investigadores apuntan a que diferentes especies de bacterias cumplen las mismas funciones en el intestino y es eso lo que garantiza la estabilidad frente a la perturbación constante.

Y es que esta transformación no quiere decir que nuestra microbiota sea inestable pues, como señala a Efe Moya, también de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (FISABIO), “tenemos en cada momento la microbiota que debemos tener”. Estabilidad es aquí sinónimo de normalidad, lo que no es opuesto a complejidad y cambio constante.

Así pues, la relación entre los seres humanos y sus microbios forma parte de una “antigua relación simbiótica”: ofrecemos a nuestras bacterias intestinales un lugar para vivir y nutrientes para desarrollarse, mientras que ellas nos ayudan a descomponer los alimentos y a combatir mejor a los patógenos invasores, señala la propia revista del grupo Cell en una nota de prensa resumen.

Cambios diarios como comidas o los antibióticos pueden provocar cambios en la composición o la muerte de algunos de nuestros inquilinos intestinales, pero estas poblaciones han evolucionado para mantenerse estables, volver a crecer o ser reemplazadas por bacterias que actúan similarmente.

Al menos 50 trastornos asociados a cambios en microbios


¿Pero qué pasa si esto no ocurre? Hay al menos 50 trastornos que están asociados con cambios en el número o la composición de microbios que golpean este equilibrio.

“A veces las alteraciones son tales que la microbiota no se recupera. Ésta tiene muy buena capacidad de resistir, pero hay veces que no funciona, se altera y es cuando aparece el cuadro patológico (por ejemplo, enfermedad de Crohn)”, explica Moya, quien señala que tratar de resolver las causas de esta alteración irreversible forma parte de la investigación clínica.
En este sentido, este artículo de revisión propone que hay que acercarse a tales enfermedades desde el punto de vista funcional.

No solo hay que estudiar qué especies de microorganismos están, sino analizar sus genes, qué proteínas se están expresando o qué metabolitos son los que sintetizan, etc, para así poder entender mejor cómo funciona la microbiota, detalla el investigador valenciano.

“Hay que ir más allá de la composición de especies y aproximarnos a la función, que es lo que puede ser más relevante desde el punto de vista clínico”.

Uno de los grandes retos es saber en qué consiste una microbiota saludable: “sabemos cuándo la estabilidad funciona correctamente, pero definir una microbiota sana no es algo que se sepa muy bien cómo definir”, continúa Moya, quien añade que debemos perseguir una definición de unos indicadores básicos, y en eso está su equipo. EFEfuturo

 
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Publicado en: Ciencia
No nacemos libres de microorganismos (se han detectado bacterias en el meconio -primer excremento de los niños recién nacidos-) y a medida que nos desarrollamos nuestra microbiota se va haciendo cada vez más compleja y única: se enriquece con nuevos organismos.

La del intestino es la más rica y única en cada individuo. Se estima que el intestino humano alberga cien billones de microorganismos, principalmente bacterias de más de mil especies.

Por ser la más rica y compleja es la más estudiada por los investigadores, que, si bien han ido dando pasos en su conocimiento, aún no comprenden bien, por ejemplo, qué tipo de factores genéticos hacen que una persona sea más susceptible a albergar unas bacterias y no otras, o cómo definir exactamente que es una microbiota sana.

Un artículo de revisión


En una revisión publicada en la revista Trends in Microbiology, los investigadores Andrés Moya (Universidad de Valencia) y Manuel Ferrer (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) ahondan en el conocimiento de la microbiota y proponen estrategias complementarias a las más utilizadas para abordar las enfermedades asociadas.

Se sabe que cuando una bacteria desaparece en el intestino enseguida otra está lista para dividirse y ocupar su lugar, y que el intestino es capaz de estar saludable bajo este plan cambiante.

Varias placas de petri en un laboratorio. .EFE/JORGE DIRKX. 



Cada vez más investigadores apuntan a que diferentes especies de bacterias cumplen las mismas funciones en el intestino y es eso lo que garantiza la estabilidad frente a la perturbación constante.

Y es que esta transformación no quiere decir que nuestra microbiota sea inestable pues, como señala a Efe Moya, también de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (FISABIO), “tenemos en cada momento la microbiota que debemos tener”. Estabilidad es aquí sinónimo de normalidad, lo que no es opuesto a complejidad y cambio constante.

Así pues, la relación entre los seres humanos y sus microbios forma parte de una “antigua relación simbiótica”: ofrecemos a nuestras bacterias intestinales un lugar para vivir y nutrientes para desarrollarse, mientras que ellas nos ayudan a descomponer los alimentos y a combatir mejor a los patógenos invasores, señala la propia revista del grupo Cell en una nota de prensa resumen.

Cambios diarios como comidas o los antibióticos pueden provocar cambios en la composición o la muerte de algunos de nuestros inquilinos intestinales, pero estas poblaciones han evolucionado para mantenerse estables, volver a crecer o ser reemplazadas por bacterias que actúan similarmente.

Al menos 50 trastornos asociados a cambios en microbios


¿Pero qué pasa si esto no ocurre? Hay al menos 50 trastornos que están asociados con cambios en el número o la composición de microbios que golpean este equilibrio.

“A veces las alteraciones son tales que la microbiota no se recupera. Ésta tiene muy buena capacidad de resistir, pero hay veces que no funciona, se altera y es cuando aparece el cuadro patológico (por ejemplo, enfermedad de Crohn)”, explica Moya, quien señala que tratar de resolver las causas de esta alteración irreversible forma parte de la investigación clínica.
En este sentido, este artículo de revisión propone que hay que acercarse a tales enfermedades desde el punto de vista funcional.

No solo hay que estudiar qué especies de microorganismos están, sino analizar sus genes, qué proteínas se están expresando o qué metabolitos son los que sintetizan, etc, para así poder entender mejor cómo funciona la microbiota, detalla el investigador valenciano.

“Hay que ir más allá de la composición de especies y aproximarnos a la función, que es lo que puede ser más relevante desde el punto de vista clínico”.

Uno de los grandes retos es saber en qué consiste una microbiota saludable: “sabemos cuándo la estabilidad funciona correctamente, pero definir una microbiota sana no es algo que se sepa muy bien cómo definir”, continúa Moya, quien añade que debemos perseguir una definición de unos indicadores básicos, y en eso está su equipo. EFEfuturo

 

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