NOBEL FÍSICA

Thorne: El premio debería ir a más de mil científicos

Uno de los científicos estadounidenses premiados con el Nobel de Física, Kip S. Thorne, lamentó no poder compartir el galardón con cientos de científicos e ingenieros que hicieron posible detectar las ondas gravitacionales, hallazgo por el que fue galardonado junto a Rainer Weiss, Barry C. Barish.

<p>Los ganadores del Premio Nobel de Física 2017, Barry C. Barish (i) y Kip S. Thorne (d). EFE/Mike Nleson</p>

Los ganadores del Premio Nobel de Física 2017, Barry C. Barish (i) y Kip S. Thorne (d). EFE/Mike Nleson

El Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (LIGO) detectó en septiembre de 2015, aunque no se difundió hasta cinco meses después, ese tipo de ondas, las fluctuaciones en el espacio-tiempo producidas por la aceleración de los cuerpos masivos cuando explota una supernova o colisionan agujeros negros.
“El premio pertenece a los cientos de científicos e ingenieros de LIGO que construyeron y perfeccionaron nuestros complejos interferómetros de onda gravitatoria y los cientos de científicos de LIGO y Virgo que encontraron las señales de onda gravitacional en los ruidosos datos de LIGO y extrajeron la información de las ondas”, aseguró hoy Thorne.

Thorne (Logan, 1940), licenciado en Físicas en el Instituto de Tecnología de California (Caltech) en 1962 y doctorado por la Universidad de Princeton, recibió la llamada de la Academia sueca poco después de las dos de la mañana (hora del Pacífico), y lamentó no poder extender tal honor a todos los que contribuyeron a su logro.

“Es lamentable que, debido a los estatutos de la Fundación Nobel, el premio tenga que ir a no más de tres personas, cuando nuestro maravilloso descubrimiento es la obra de más de mil”, aseveró en un comunicado.

Cuatro décadas de esfuerzos


Las investigaciones de Thorne, Barish y Weiss han contribuido de forma “decisiva” para culminar cuatro décadas de esfuerzos y coronar un proyecto en el que han colaborado más de un millar de científicos de una veintena de países y que ha revolucionado la astrofísica.

“Me siento honrado y conmovido de recibir este premio”, aseguró Barish en otra nota de prensa.

“La detección de las ondas gravitatorias es verdaderamente un triunfo de la moderna Física experimental a gran escala. Desde hace varias décadas, nuestros equipos de Caltech y MIT desarrollaron LIGO en un dispositivo increíblemente sensible que hizo el descubrimiento”, explicó.

A mediados de los setenta, Kip Thorne y Rainer Weiss iniciaron sus proyectos para poder descubrir las ondas. Mientras Weiss desarrollaba detectores en el Instituto de Tecnológico de Massachusetts (MIT), Thorne empezó a colaborar con Ronald Drever, que había construido sus primeros prototipos en Escocia.

Los tres se juntaron años después -aunque Drever, fallecido el pasado marzo, se acabaría apartando- para iniciar un trabajo pionero que incluyó el diseño de un interferómetro láser, la base del futuro LIGO, que cuenta con dos detectores localizados en Estados Unidos, en Livingston (Luisiana) y en Hanford (Washington).

Imagen del Observatorio estadounidense de interferometría láser (LIGO) localizado en Hanford (Washington). EFE/NASA




La complejidad del trabajo hizo que se tardase años en completar el proyecto, en el que Thorne se ocupó del análisis sofisticado y la teoría avanzada; y Weiss, de la ingeniería creativa para desarrollar el instrumental necesario.

Cuando Barry Barish asumió el liderazgo del LIGO, en 1994, transformó lo que hasta entonces era un pequeño grupo de cuarenta científicos en un proyecto a escala internacional con más de un millar de expertos, un paso que la Academia considera fundamental para el éxito de la iniciativa dos décadas más tarde.

Desde el descubrimiento en septiembre de 2015, el LIGO ha observado dos eventos similares, y el detector franco-italiano VIRGO, localizado cerca de Pisa (Italia) y que se unió al proyecto hace unos meses, otro a finales del mes pasado. EFE
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Publicado en: Ciencia
El Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (LIGO) detectó en septiembre de 2015, aunque no se difundió hasta cinco meses después, ese tipo de ondas, las fluctuaciones en el espacio-tiempo producidas por la aceleración de los cuerpos masivos cuando explota una supernova o colisionan agujeros negros.
“El premio pertenece a los cientos de científicos e ingenieros de LIGO que construyeron y perfeccionaron nuestros complejos interferómetros de onda gravitatoria y los cientos de científicos de LIGO y Virgo que encontraron las señales de onda gravitacional en los ruidosos datos de LIGO y extrajeron la información de las ondas”, aseguró hoy Thorne.

Thorne (Logan, 1940), licenciado en Físicas en el Instituto de Tecnología de California (Caltech) en 1962 y doctorado por la Universidad de Princeton, recibió la llamada de la Academia sueca poco después de las dos de la mañana (hora del Pacífico), y lamentó no poder extender tal honor a todos los que contribuyeron a su logro.

“Es lamentable que, debido a los estatutos de la Fundación Nobel, el premio tenga que ir a no más de tres personas, cuando nuestro maravilloso descubrimiento es la obra de más de mil”, aseveró en un comunicado.

Cuatro décadas de esfuerzos


Las investigaciones de Thorne, Barish y Weiss han contribuido de forma “decisiva” para culminar cuatro décadas de esfuerzos y coronar un proyecto en el que han colaborado más de un millar de científicos de una veintena de países y que ha revolucionado la astrofísica.

“Me siento honrado y conmovido de recibir este premio”, aseguró Barish en otra nota de prensa.

“La detección de las ondas gravitatorias es verdaderamente un triunfo de la moderna Física experimental a gran escala. Desde hace varias décadas, nuestros equipos de Caltech y MIT desarrollaron LIGO en un dispositivo increíblemente sensible que hizo el descubrimiento”, explicó.

A mediados de los setenta, Kip Thorne y Rainer Weiss iniciaron sus proyectos para poder descubrir las ondas. Mientras Weiss desarrollaba detectores en el Instituto de Tecnológico de Massachusetts (MIT), Thorne empezó a colaborar con Ronald Drever, que había construido sus primeros prototipos en Escocia.

Los tres se juntaron años después -aunque Drever, fallecido el pasado marzo, se acabaría apartando- para iniciar un trabajo pionero que incluyó el diseño de un interferómetro láser, la base del futuro LIGO, que cuenta con dos detectores localizados en Estados Unidos, en Livingston (Luisiana) y en Hanford (Washington).

Imagen del Observatorio estadounidense de interferometría láser (LIGO) localizado en Hanford (Washington). EFE/NASA




La complejidad del trabajo hizo que se tardase años en completar el proyecto, en el que Thorne se ocupó del análisis sofisticado y la teoría avanzada; y Weiss, de la ingeniería creativa para desarrollar el instrumental necesario.

Cuando Barry Barish asumió el liderazgo del LIGO, en 1994, transformó lo que hasta entonces era un pequeño grupo de cuarenta científicos en un proyecto a escala internacional con más de un millar de expertos, un paso que la Academia considera fundamental para el éxito de la iniciativa dos décadas más tarde.

Desde el descubrimiento en septiembre de 2015, el LIGO ha observado dos eventos similares, y el detector franco-italiano VIRGO, localizado cerca de Pisa (Italia) y que se unió al proyecto hace unos meses, otro a finales del mes pasado. EFE

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