ESTRELLAS SUPERNOVAS

El origen de una explosión de supernova termonuclear

Un equipo internacional de científicos ha logrado determinar el origen de una explosión de supernova termonuclear o de tipo Ia -un tipo de supernovas que se producen cuando una estrella enana blanca adquiere masa adicional, por acreción de una compañera estelar o por fusión con otra enana blanca-.

<p>Simulación de cómo se genera la detonación en la superficie de una estrella enana blanca por la ignición de helio en la superficie (CSIC).</p>

Simulación de cómo se genera la detonación en la superficie de una estrella enana blanca por la ignición de helio en la superficie (CSIC).

Los resultados aparecen publicados en el último número de la revista Nature, en un artículo que firman, entre otros, investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Los científicos han observado que la explosión en la supernova estudiada, la MUSSES1604D, fue producida por la detonación de una delgada capa de helio en la superficie de la enana blanca (la etapa final en la evolución de la gran mayoría de las estrellas).
Esta detonación podría haberse producido en una estrella con masa cercana a la masa límite de Chandrasekhar (un poco menos de vez y media la masa del Sol) o incluso en una menor por fusión con una estrella compañera más ligera, explica el CSIC en una nota de prensa.

“Se trata de la primera evidencia de este tipo, porque hasta ahora no sabíamos con certeza el mecanismo de estas explosiones. Además, revela la presencia de una estrella compañera”, indica la investigadora del CSIC Pilar Ruiz Lapuente, del Instituto de Física Fundamental.

Gigantescas explosiones


Las supernovas de tipo Ia son gigantescas explosiones que, por su luminosidad, sirven a los astrónomos como indicadoras de las distancias de las galaxias.

Su uso como patrones de distancia cosmológicos se basa en que puede conocerse su luminosidad intrínseca a partir de la rapidez con la que decae su brillo tras alcanzar un valor máximo.

Esta supernova, situada a una distancia de 550,3 megapársecs (unos 1.200 millones de años luz), fue observada inmediatamente después de su primera detección y, por tanto, los científicos pudieron ver el efecto del estallido que se produjo en la superficie de la enana blanca. Efefuturo
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Publicado en: Espacio

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