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A la espera de McFly, 30 años después

<p>Regreso al futuro. EFE/Pedro Pablo G. May</p>
Ni Robert Zemeckis ni Michael Robert Bob Gale imaginaban que su producción Back to the Future (Regreso al futuro), inicialmente una modesta película de Ciencia Ficción estrenada en 1985, alcanzaría tanta popularidad hasta convertirse, 30 años después, en uno de los grandes iconos modernos del viaje en el tiempo.

Como otras obras de éxito, el guión de BTTF -las siglas en inglés del título original que emplea el fandom para referirse a esta cinta, pero también a las dos secuelas de la serie- no tuvo unos comienzos fáciles.

Las productoras no terminaban de confiar en la historia de un adolescente, Marty McFly, que viaja por accidente desde su época en 1985 hasta 1955, conoce a sus padres cuando todavía no se han casado y, tras frustrar en un primer momento su relación, debe reunirlos de nuevo para garantizar que él mismo llegará a nacer años después.

Según confesaron sus autores, el guión surgió de las reflexiones personales de Gale hojeando un viejo anuario escolar de su padre y preguntándose qué habría sucedido si hubiera coincidido en la escuela con él, pero también reconocieron influencias de la versión cinematográfica de The time machine (El tiempo en sus manos) basada en la novela de H.G.Wells, la serie televisiva The twilight zone (En los límites de la realidad) y un relato de género de Ray Bradbury , A sound of thunder (El ruido de un trueno) entre otras.

Zemeckis tuvo que esperar a su éxito de dirección con la comedia de aventuras Romancing the stone (Tras el corazón verde) protagonizada por Michael Douglas, Kathleen Turner y Danny DeVito para poder obtener el visto bueno de Universal Pictures, incluyendo el apoyo de Steven Spielberg como productor ejecutivo.

Su empeño fue premiado con un éxito avasallador de taquilla y de crítica tras su estreno en 1985, además de varios galardones como un premio Hugo en la categoría de Mejor Producción Dramática.



Los viajes en el tiempo son un subgénero clásico de la Ciencia Ficción, pero esta película fue la primera en utilizar un deportivo contemporáneo como vehículo para el traslado temporal: un DeLorean DMC-12, modificado por el amigo de McFly: el excéntrico inventor Emmet L.Brown o, simplemente, Doc.

Éste es el único modelo que llegó a fabricar la DeLorean Motor Company entre 1981 y 1982: se construyó en Irlanda del Norte para el mercado norteamericano con un perfil muy característico gracias a sus puertas de alas de gaviota y su carrocería metálica de acero inoxidable sin pintura; sin embargo, la empresa se declaró en quiebra a finales de 1982 tras el arresto de su creador, el ingeniero John Zachary DeLorean, acusado por tráfico de drogas en el que, según la leyenda, se involucró para tratar de obtener fondos con que salvar la compañía ante las bajas ventas del coche.

Si la película se hubiera estrenado antes, probablemente la venta del DMC-12 se habría disparado en el mercado automovilístico; eso puede deducirse del éxito que obtuvo BTTF, tan grande que obligó a rodar dos secuelas que, además, se filmaron simultáneamente aunque se estrenaron con un año de diferencia.

La parte II se estrenó en 1989 y es gracias a ella por lo que se ha celebrado especialmente el treinta aniversario de la serie puesto que en esta historia McFly viaja hacia el futuro, nuestro presente, en 2015.



Esta vez lo hace en compañía de su novia, Jennifer Parker, y de Doc, quien les explica que sus hijos corren peligro en el futuro; a partir de la premisa inicial, se desarrollará una compleja trama de paradojas temporales que concluye en la parte III, con el protagonista yendo a rescatar a Doc en el año 1885.

El 21 de octubre de 2015 es el día concreto en el que McFly viaja hacia el futuro y, para celebrarlo, estas últimas fechas se han organizado diversos actos protagonizados por el fandom (después de todo, como decía Claudia Wells, una de las actrices que interpretaba el papel de Jennifer, “los fans de ‘Regreso al futuro’ son la gente más obsesiva, inteligente, buena y amable del mundo”), el más importante de los cuales fue una reunión de los principales protagonistas técnicos y artísticos de la película.

En ella, Gale aseguró que el 2015 real era “bastante mejor” que el imaginado en la película, aunque no existan los coches voladores y sí los teléfonos móviles, “el aparato por antonomasia de nuestra época aunque, la verdad, no lo vimos venir”.

Sí aparecían en la película otros inventos como las pantallas planas de televisión, las videoconferencias o los drones (que, por lo demás, ya se habían estrenado años antes en verdaderos clásicos del género como 2001 una odisea espacial o Fahrenheit 451).

A propósito de la serie, Zemeckis dio una respuesta reconfortante al ser preguntado si habría una secuela más, o tal vez una precuela, tan de moda ahora en Holloywood, y contestar rotundamente que no, porque “la serie es una trilogía y sólo una trilogía”; de paso, reconoció esa realidad vital que muchas personas sólo entienden a partir de cierta edad: “los 30 años transcurridos desde la primera película han pasado muy rápido”.




Michael J. Fox alias Marty McFly revelaba en esta fiesta que hasta el presidente norteamericano Barack Obama le llamó personalmente por teléfono para felicitarle con motivo del aniversario, aunque no es el primer mandatario de EE.UU. que se confiesa públicamente seguidor de la serie puesto que Ronald Reagan la mencionó en su discurso del estado de la nación de 1986: le resultaba muy divertida la escena en la que el Doc de 1955 se muestra incrédulo ante la posibilidad de que el entonces actor hubiera llegado a la Casa Blanca en 1985.



Preguntado sobre el mundo que preveía de aquí a a 30 años más, en 2045, Fox expresaba su esperanza de que para entonces se hubiera encontrado la cura a diversas enfermedades como el párkinson, que él padece desde hace años y a cuya investigación colabora activamente desde su propia fundación.

El impacto popular de esta trilogía se ha podido ver estas semanas en varias partes del mundo, como en Austria, donde el Ministerio de Transporte, Innovación y Tecnología bromeó al celebrar en un comunicado oficial el “histórico día” del aniversario asegurando que el país permitiría el uso, sin necesidad de tener licencia ni emplear casco o coderas, del aerodeslizador Hoverboard como “un vehículo de pequeño tamaño para ser empleado fuera de la carretera” siempre que no supusiera “ninguna molestia ni peligro para los peatones y el tráfico rodado”.

Eso sí, para la versión posterior, el Pit Bull dotado de cohetes propulsores, anunció que se aplicarían más restricciones como exigir el título especial de piloto y una autorización de vuelo o, en caso de sobrevolar el Danubio, de navegación.

En Chile, el Museo de la Moda inauguraba una exposición de las siete copias del auto original utilizadas en la película, comprado por 80.000 dólares al propio Gale, además de mostrar el chaleco y las zapatillas originales de McFly.



Incluso en España hubo un recuerdo especial a la serie con la actual presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, subiendo a la torre del reloj de la Puerta del Sol para “esperar a McFly”, según publicaba en su cuenta de Twitter.

En la película original, el regreso a su época del protagonista se produce precisamente aprovechando la energía liberada por el impacto de un rayo sobre la torre del reloj de la localidad donde suceden los hechos, la ficticia Hill Valley en California.
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