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El agua en Marte y los premios Ig Nobel

El mundo vibró cuando la NASA anunció un descubrimiento más de agua en Marte, esta vez en forma líquida. Como un torrente, las emociones científicas inundaron los diarios, la televisión e internet, como cuando se informó del descubrimiento de un exoplaneta muy parecido a la Tierra y después de que una nave construida por el hombre cruzara los umbrales de la Vía Láctea.

“Este es un descubrimiento importante que parece confirmar que en estos momentos el agua fluye en Marte”, señaló John Grunsfeld, un ex astronauta y ahora administrador conjunto del directorio de misiones científicas de la NASA en Washington.

Imagen de un cráter del planeta Marte. ESA/DLR/FU Berlin


Por supuesto, de inmediato se planteó la probabilidad de que haya algún tipo de actividad biológica, tal y como ocurrió cuando se anunció la existencia de ese exoplaneta que es un “gemelo” de la Tierra a 1.200 años luz de nuestros ojos.

Pero, exista o no vida en Marte, el Planeta Rojo está mucho más cerca de nosotros y el agua podría saciar la sed de los hombres que lleguen a posarse en su superficie. Más todavía, los percloratos de ese líquido podrían usarse para preparar el combustible que impulsará las naves hacia otros mundos.

Parece ciencia ficción. Pero en cien años o más esto podría ser un hecho”, señaló Lujendra Ojha, científico que encabezó la investigación cuyos resultados fueron publicados por la revista Nature Geoscience.
Como aficionado a la ciencia me emocionó el anuncio. Sin embargo, mi reacción se moderó al preguntarme cómo esos descubrimientos o acontecimientos científicos pueden ayudar a resolver problemas más inmediatos de la humanidad.

¿Cuánto se ha avanzado en la búsqueda de una cura para el cáncer, para frenar el avance inexorable del alzhéimer, neutralizar el cambio climático, erradicar el hambre, la pobreza y los fanatismos políticos, religiosos y hasta deportivos que, en gran medida, son la causa del mortal enfrentamiento del hombre contra el hombre?

Es innegable que en los últimos años se han logrado enormes avances especialmente en la investigación médica y, sobre todo, en la exploración espacial y que muchos de ellos forman parte de nuestro quehacer cotidiano.

En estos días se anuncian los Premios Nobel que galardonan a mentes privilegiadas que han realizado grandes estudios científicos, que han promovido la paz en el mundo (sin mucho éxito, como se ha visto) o que con su pluma (más bien su ordenador) hayan elevado el nivel de la palabra a través de la literatura.

Es de esperar que, al menos en parte, los premios en el terreno científico sirvan para allanar el camino a las soluciones que el planeta necesita de forma urgente y que no sean una aparente pérdida de tiempo y esfuerzos como los galardones que les preceden: los Premios Ig Nobel.

Durante la ceremonia realizada en septiembre en la Universidad de Harvard, la organización que los concede y que se autodenomina “Anales de la Investigación Improbable”, anunció ganadores en diversas categorías de la investigación científica.

Entre ellas se incluyeron un estudio sobre las consecuencias de los besos prolongados (Medicina), el descubrimiento de que la exclamación o palabra “oh” figura en todos los idiomas (Literatura), una medida del dolor de una picadura de insecto (Entomología) y los que determinaron que casi todos los mamíferos tardan una media de 25 segundos en concluir una meada(Biología).

EFE/Javier Etxezarreta.


En el caso de la Entomología, el investigador Michael Smith se hizo picar más de 200 veces para determinar que donde más duelen las picaduras es en el pene, después de las fosas nasales y el labio superior.

También hubo premio (el de la Paz) para los investigadores que descubrieron que muchos empresarios desarrollaron una capacidad para asumir riesgos después de sufrir grandes problemas en su niñez.

Asimismo, se mencionaron los esfuerzos de la Policía Metropolitana de Bangkok (Tailandia) que ofreció a sus agentes dinero para que no acepten sobornos y una investigación que determinó que en el siglo XVIII el emperador marroquí Moulay Ismael fue padre de 888 hijos durante un reinado de 30 años.

Según la investigadora Elisabeth Oberzaucher, de la Universidad de Viena, el monarca tuvo una tarea ardua y cotidiana para lograr tan grande descendencia con 65 mujeres y no con las 500 que formaban parte de su harén.

El Premio en dinero para los ganadores: 10 billones de dólares de Zimbabue que equivalen a unos dos euros.

Según manifiesta el portal en internet de los Ig Nobel, estos galardones buscan “premiar logros que hacen reír a la gente y que también la hacen pensar. Celebran lo extraño, atizan la imaginación y alientan el interés en la ciencia, la medicina y la tecnología”.

Todos los años me divierto con estos premios que celebran investigaciones inútiles y ridículas…pero también me impulsan a interesarme más todavía en la ciencia y la tecnología.

 
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