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ALMA nos ha abierto una ventana a cosas que no imaginábamos. Por Cristina Gallardo

Desde hace más de 15.000 años, una vieja estrella que en sus orígenes fue similar a nuestro Sol, mengua por momentos a medida que expulsa al universo gas y polvo, formando una de las nebulosas más simétricas y hermosas que se conocen, con un color tan intenso que su nombre de catálogo ha sido desterrado por el de “Rectángulo Rojo”. El astrónomo Valentín Bujarrabal ha apuntado el telescopio ALMA hacia ella, convirtiéndose así en uno de los primeros españoles en observar el universo con el telescopio más potente de la historia.



Nebulosa Rectángulo Rojo o HD 44179, tomada por el telescopio Hubble en 2004


También conocida como HD 44179, esta nebulosa de la Vía Láctea esconde en su centro un par de estrellas viejas, que han atraído el interés de los astrónomos. Una de ellas fue en su día una gigante roja de grandes dimensiones, que en la actualidad está disminuyendo de tamaño. De su acompañante se sabe más bien poco.Pero no menos interesante resulta el hecho de que se trata de la única formación de este tipo alrededor de la cual se ha detectado un disco ecuatorial en rotación. Los expertos esperan que a lo largo de un puñado de miles de años, la Rectángulo Rojo se transforme en una magnífica nebulosa planetaria, que resplandezca con un brillo muy superior al actual, a medida que su estrella principal, demasiado fría aún, se conviertan en una enana blanca, mucho más caliente. Tiempo después, la nebulosa se irá diluyendo y terminará confundiéndose con el medio interestelar, del que se formarán nuevas estrellas y planetas.

Estas características convierten a esta formación, situada en la constelación Monoceros -a 2.300 años luz de la Tierra-, en un jugoso objeto de estudio para expertos como Bujarrabal, miembro del Observatorio Astronómico Nacional (OAN), cuyo empeño es conocer mejor ese proceso regenerativo por el que las nebulosas, es decir, los restos de una estrella en las últimas etapas de su vida, dan lugar a nuevos astros. Su proyecto es uno de las cinco investigaciones dirigidas por españoles que están utilizando el telescopio ALMA durante sus primeros nueve meses de funcionamiento.




¿Cuál es el objetivo del proyecto que diriges?


Estudiar la estructura y la dinámica de la nebulosa “Rectángulo Rojo”. Se trata de una nebulosa eyectada por una estrella vieja, a las que llamamos por razones históricas “nebulosas planetarias”, aunque tienen poco que ver con los planetas. Al final de su vida, las estrellas devuelven al medio interestelar, del que se formaron, la mayor parte de su masa. Así se forman nebulosas alrededor de estrellas ya próximas a su muerte, con formas a menudo muy espectaculares.
Nuestro Sol también sufrirá una evolución de este tipo y la mayor parte del material del que se compone pasará en el futuro a formar una de estas nebulosas, es decir, el Sol y todos los planetas que le rodean se convertirán literalmente en una de estas nebulosas. Nuestro objetivo es comprender las últimas fases de la evolución estelar y la formación de las nebulosas planetarias.



¿Cuántas personas trabajan en él?


Un total de ocho, de los cuales cinco somos españoles, hay además un astrónomo belga, un italiano y un francés. Tres de los ocho pertenecemos al Observatorio Astronómico Nacional.



¿Qué es lo que convierte a esta nebulosa en un objeto de estudio tan interesante?


El Rectángulo Rojo es una de nebulosa planetaria que rodea una estrella vieja, una de las más espectaculares nebulosas del cielo. Tiene una característica importante para nosotros: se sabe que en su ecuador tiene un disco de gas y polvo que gira alrededor de la estrella, sujeto por la atracción gravitatoria de ésta. El Rectángulo Rojo es la unica nebulosa planetaria en la que se ha identificado con certeza uno de ellos.



¿Qué nos podría enseñar el estudio de esta nebulosa sobre el ciclo de vida y muerte de las estrellas?


Creemos que los discos ecuatoriales son muy importantes para entender la formación de las nebulosas planetarias. Gracias al material que está rotando alrededor de la estrella vieja, ésta es capaz de lanzar chorros de gas muy colimados y rápidos durante ciertas fases tempranas de la formación de las nebulosas planetarias. Estos chorros parecen ser la fuente de energía que rige la llamativa formación y evolución de las nebulosas planetarias.

El Rectángulo Rojo, a pesar de contener los principales ingredientes de la dinámica nebular (discos, chorros, material nebular extenso), permanecía hasta ahora mal observado, principalmente debido a la falta de instrumentación adecuada. Los resultados que hemos obtenido con ALMA permiten estudiar con gran precisión el disco y, a la vez, el gas eyectado por la estrella en diferentes fases.



¿Cuál es el mayor reto de vuestra investigación?


Hemos encontrado dos dificultades principales. Primero, los aspectos técnicos del proyecto han sido difíciles, al tratarse de un instrumento de gran complejidad y que está empezando ahora a funcionar, tanto en lo referente a la definición de las observaciones como a la reducción de los datos. Segundo, la información suministrada por el telescopio es tan detallada y novedosa que, para extraer los resultados científicos más importantes, requiere un análisis esencialmente diferente de lo que se ha hecho hasta ahora en este sentido. Éste es el gran reto, abordar y asimilar la información contenida en los datos.



¿Cuándo esperáis poder hacer públicos los primeros resultados?


Estamos activamente trabajando en ello. Esperamos publicar los resultados en revistas especializadas a finales de este verano y presentarlos al gran público lo antes posible.



¿Qué tal han sido las primeras observaciones con el telescopio ALMA?


Ya tenemos los primeros datos y los hemos reducido. Su calidad es incomparablemente superior a lo que hasta ahora existía. Estamos muy satisfechos.



¿Cómo se siente un astrónomo cuando le puede poner las manos encima a un telescopio tan potente como éste?


Es una sensación realmente gratificante. Hemos abierto una ventana nueva que nos permite ver cosas que no imaginábamos. La aportación de ALMA significará un avance muy importante en nuestra comprensión de la evolución estelar tardía.



Si comparásemos el salto en resolución del telescopio ALMA respecto a sus antecesores, con el de una cámara de fotos respecto a las versiones anteriores, ¿de qué diferencia estaríamos hablando?


ALMA ha significado un doble avance. Por un lado, alcanzamos una sensibilidad muy superior a la que era posible con la anterior instrumentación y, por otro, la resolución angular es mucho mayor.


El aumento de sensibilidad nos permite ver componentes varias veces más débiles que hasta ahora. La mejora es similar al avance que han significado las mejores máquinas fotográficas digitales -con valores ISO de varios miles y estabilizador de imagen- respecto a las antiguas analógicas -típicamente con 100 ISO-, que no permitían fotos de interior sin flash, por ejemplo. El aumento de resolución es parecido a comparar las primeras máquinas digitales de menos de un megapíxel, que sólo permiten imprimir en formato muy pequeño, con las más potentes de la actualidad, que tienen más de veinte megapíxeles y permiten ampliar espectacularmente una fotografía.



Los expertos que trabajáis con instrumentos fruto de grandes cooperaciones internacionales como el ALMA, ¿os sentís más a salvo de los recortes en ciencia? ¿Os preocupa menos que vuestro proyecto pueda truncarse por un recorte de financiación?


Los resultados están ahí y seguiremos trabajando en ellos durante años. Es muy probable que estos grandes instrumentos sigan adelante, a pesar de la crisis, y que podamos seguir teniendo acceso a ellos. De cara a conseguir financiación siempre ayuda el tener resultados de alta calidad. Dicho esto, no hay duda de que en la actualidad la financiación es siempre incierta.



Serie de entrevistas “Frontera Espacial”

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