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Antonio Suárez, barrenero

<p>Fotografía de mineros perforando en 1924</p>
“En la villa de Almadén martes veintitrés de setiembre de 1777, el interventor mandó traer ante si a Antonio Suárez, destajero de este pozo y preso agora en la cárcel. Ordenáronle que yaciera su barreno y estando en uno de los Destajos Dañosos respondió que no lo podía hacer. Deja fuera tres hijos huérfanos de Madre, que el mayor no llega a nueve años.

Alega que haze años la enfermería de la Cárcel de Forzados estaba llena de enfermos de temblores, inflamaciones de boca, salivaciones copiosas, toses ferinas y comsupción de sus cuerpos. Hoy los forzados no enferman de males minerales pues no se destinan como antes a los mas profundos y peligrosos trabajaderos. Es el caso, que en el incendio de las Minas de 1755 se creyó que la mala índole de esta gente huviese pegado fuego a los maderos más secos: y por esa razón se retiraron los forzados de lo interior de ellas, y se destinaron a los superficiales. Y se advierte que como los paysanos libres han tenido que substituir por los forzados en aquella parte de trabajo, se han canviado los males, pues oy por esta razón enferman ya los naturales , no los desterrados. Ayudó también a separarlos de lo interior de la Mina la experiencia de algunas maldades que no pudo alumbrar la corta luz de los Candiles y protegió la obscuridad de algunas galerías. Agora están recargados los destajeros y no abultan sus miserias para excitar a compasión. Pide socorro para sus tres hijos que no tienen sustento.”

Según he podido investigar, parece que resolvió el superintendente Soler conceder la libertad a Antonio Suárez, pero quedó apartado de los trabajos en las minas de Almadén, seguramente tendría que emigrar. El incendio de la mina de 1755 supuso un hito en la historia de los forzados de Almadén. El incendio, al que dedicaré un capítulo aparte, estuvo activo 2 años y medio. Es curioso saber que ya en 1753 hubo un incendio en la enfermería de la cárcel y en 1758 un conato de incendio que pudo ser sofocado. Sin posibilidad de enviar a los forzados a los trabajos más peligrosos y penosos su presencia en Almadén iba perdiendo sentido.

Los destajeros como Antonio Suárez hacían barrenos (taladros en roca) de 18 a 20 dedos de profundidad con barrenas de hierro redondas, del grueso de una muñeca y como de tres cuartas de largo, por un extremo redonda (cabeza donde se golpeaba) y por el otro en forma de plancha como un escoplo y calzada de acero (la punta). Las golpeaban con porrillas de hierro. Trabajaban por parejas, uno sostenía y giraba la barrena a cada golpe para ir cambiando su posición en el fondo del barreno y el otro era el que golpeaba. La roca triturada que se iba acumulando en el interior del barreno la sacaban después por medio de una cucharilla larga. Los barrenos se cargaban después con media libra de pólvora y se volaban. En la visita al Parque Minero nosotros los guías siempre mostramos a los visitantes algunos de estos barrenos que se pueden ver en las paredes de las galerías, quien sabe si alguno de ellos no fue perforado por Antonio Suárez.
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