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Como sigamos así, nos tendremos que mudar

Era lo que faltaba. Como si fuera un bombardeo incesante, cada día se conocen más informes que vaticinan que en algunos siglos, milenios tal vez, nuestro planeta será un cuerpo inhóspito cubierto por los océanos hinchados por el deshielo.

Uno tras otro nos dicen que se ha reducido aún más la capa de ozono que nos protege de los rayos ultravioleta, que las aguas más tibias invaden los continentes, que otros lugares otrora territorios fértiles son agobiados por las sequías, que se reducen las fuentes de agua potable, que los inviernos son más severos, que las tormentas tropicales son más destructivas y que cada año es más caluroso que el anterior.
No habían pasado más de dos semanas del 2015 y el mundo recibió otra mala noticia: el año 2014 fue el más caluroso desde que comenzaron las mediciones en 1880 y la razón, al menos parcial, fue el calentamiento de los mares.

Y como para enfatizar que es un fenómeno actual, el informe de la NASA y de la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica de Estados Unidos (NOAA), agregó que este calentamiento superó las marcas registradas en 2005 y 2010.  Nosotros los seres humanos somos los culpables de esta lenta e inexorable catástrofe, según Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. 

Recreación artística que muestra a un planeta similar a la tierra orbitando sobre una estrella que ha formado un impresionante “nebulosa planetaria”. Centro para la Astrofísica de la Universidad de Harvard/Instituto Smithsonian. 


Desde hace tiempo, “esto es atribuible a los factores de cambio climático que en este momento son dominados por las emisiones de gases invernadero” que crean los seres humanos, señala el científico.

Más enfático aún es Simon Donner, profesor de climatología de la Universidad de Columbia Británica, quien afirma que “el récord de temperatura es un ladrillo más en el muro gigantesco de evidencia en cuanto a que el clima se calienta debido a la actividad humana”.

Y como si eso fuera poco este mes se difundió otro informe que dice que el Totten, uno de los glaciares más grandes del mundo, se está reduciendo de tamaño debido al calentamiento de las aguas que le rodean en la Antártida Oriental, igual como ocurre en el Artico y, en general, en los dos polos.

Según Steven Rintoul, científico australiano que encabezó una expedición que midió la temperatura del agua que circunda al glaciar, la Antártida Oriental es más vulnerable de lo que se pensaba y puede contribuir al aumento del nivel de las aguas”, en una medida que aún se desconoce. 

El panorama es desolador y no parece tan descabellado el presagio de la película Interstellar que señala que llegará el momento en que será imposible salvar a nuestro planeta de la destrucción y que para preservar la especie el ser humano tendrá que buscar nuevos hogares en el Universo.

Nuevos hogares


En este torrente de malos augurios, también hay buenos vaticinios y el telescopio espacial Kepler de la NASA, nos ha hecho pensar que esos nuevos hogares están allí, en alguna galaxia, esperando que llegue el hombre a ocuparlos.

Se trata de dos exoplanetas que se suman a los ya millares de cuerpos similares a la Tierra que giran en torno a un sol a miles de años luz y de los cuales solo ocho reúnen las condiciones que pudieran hacerlos habitables para el hombre.

Según informaron ante la Sociedad Astronómica de Estados Unidos los científicos que controlan las tareas de Képler, estos dos exoplanetas, muy probablemente rocosos, están a una distancia de su sol similar a la de la Tierra, lo que excluye la posibilidad de que sean de hielo o gaseosos, y aumentan la de que haya en ellos alguna actividad biológica.

Estamos más cerca que nunca de haber encontrado un gemelo para la Tierra”, aseguró Fergal Mullally, científico que presentó el descubrimiento ante la Sociedad Astronómica este mes.

Los científicos señalan que uno de los exoplanetas, el Kepler-438b, es sólo un 12 por ciento más grande que la Tierra y muy probablemente rocoso. El otro exoplaneta, el Kepler-442b es un 33 por ciento más grande y también rocoso. Ambos giran en torno a una estrella un poco más pequeña que el Sol, pero orbitan a una distancia menor lo que les asegura una mejor radiación.

Entre la mala noticia del calentamiento global y la buena del descubrimiento de dos planetas que serían similares a la Tierra y un potencial refugio para la especie humana, hay un factor clave que es el tiempo.

¿Cuándo terminará el hombre por destruir el planeta y cuándo decidirá viajar por el cosmos en busca de un nuevo hogar para la especie humana? Y en todo ese tiempo ¿habrá descubierto la forma de llegar a esos exoplanetas que están a miles de años luz de la Tierra?

 
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