Inicio / Entrada de Blog / Carlos Saiz Cidoncha, el adiós a un clásico entrañable

Carlos Saiz Cidoncha, el adiós a un clásico entrañable

Carlos Saiz Cidoncha, el adiós a un clásico entrañable
“No soy el Asimov español, Asimov es el Saiz Cidoncha norteamericano”, contestó en cierta ocasión en una entrevista el autor Carlos Saiz Cidoncha, uno de los clásicos del género contemporáneo en español, fallecido el pasado mes de marzo a los 79 años de edad.

El buen doctor


Así mostraba su sentido del humor y también su confianza en sí mismo este autor tan entrañable como polifacético, un verdadero puente entre el fandom del siglo XX y el XXI, apodado -igual que Asimov- el “buen doctor” por muchos de sus amigos y lectores.

No era médico, pero sí doctor. Consiguió el título en la facultad de Ciencias de la Información gracias a una tesis pionera sobre el género en nuestro país: ‘La Ciencia Ficción como fenómeno de comunicación y de cultura de masas en España’, que fue publicada por la Universidad Complutense de Madrid en 1988.



Hijo de un prestigioso veterinario y científico de Ciudad Real, su ciudad natal, se fue a estudiar a la capital de España donde se licenció en Ciencias Físicas, pero también en Derecho, además de diplomarse en criminología para obtener la licencia de detective privado.

Lector insaciable desde pequeño, también en inglés y francés, fue capaz de atesorar una cultura enorme, que manifestaría a lo largo de su vida literaria tanto en la Ciencia Ficción como en otros subgéneros del Fantástico, además de sus textos como ensayista, divulgador e historiador militar, incluyendo una historia de la piratería en la América española y otra de la aviación republicana en tres volúmenes.

Exotismo


“Me agrada la Ciencia Ficción exótica, que nos presenta mundos diferentes de la realidad que conocemos”, declaraba en una entrevista publicada dos años después de aparecida su primera y ya legendaria novela: La caída del Imperio Galáctico, ambientada en el subgénero del space opera que tanto le gustaba y tan bien se le daba.

Este imperio era una trasposición futura de la hegemonía desplegada por la Antigua Roma, con naves espaciales en lugar de trirremes, robots en lugar de esclavos o androides en lugar de paganos, con su capital estelar instalada  no en la Tierra sino en un planeta denominado, lógicamente, Olimpia.



En la línea de los acontecimientos en torno al año en el que fue publicada esta novela, en 1978, el protagonista es un terrestre de cierto nivel intelectual que intenta asesinar al emperador como parte del plan del grupo al que pertenece, cuya máxima aspiración es transformar el imperio en una democracia cósmica.

La pasión por el exotismo de este autor se extendía a otros aspectos de su vida, ya que también experimentó un interés especial por el viaje y la aventura que le proporcionó un material interesante para sus obras literarias.

De hecho, recién licenciado en Físicas, preparó y aprobó las oposiciones para el Cuerpo de Facultativos del Instituto Nacional de Metereología y solicitó la plaza en Guinea Ecuatorial, donde permanecería hasta dos años después de la independencia del país africano en 1968, cuando las amenazas contra los españoles se incrementaron hasta el punto de que participó en la complicada evacuación de la excolonia.

De la antigua Guinea española, además de aventuras y recuerdos, se trajo también un virus local que decidió alojarse en su cuerpo y que le acompañaría hasta el resto de sus días.

Picaresca cósmica


Con una marcada sensibilidad social en su obra, Saiz Cidoncha también se mostraba interesado en describir sociedades futuras de forma “detallada y coherente” y pobladas no por superhombres sino por gentes normales que reaccionan dentro de unos parámetros lógicos ante los desafíos que se les van presentando.

En un paso más allá en esta humanización de los héroes de género, fue capaz de conectar la Ciencia Ficción con la tradición de la novela picaresca española del Siglo de Oro en Memorias de un merodeador estelar, que recoge con la historia de Gabriel Luján, un chaval que comienza su carrera personal como acólito de la religión imperial y termina siendo comandante estelar.

La curiosidad de Saiz Cidoncha por el género le llevó a participar activamente en el Círculo de Lectores de Anticipación, que acabó transformándose en la Asociación Española de Ciencia Ficción, y publicó relatos y críticas en la mítica revista ‘Nueva Dimensión’.



Activo impulsor de la HispaCon, recibió dos premios Ignotus: en 1993, a la labor de toda una vida y, en 1998, al mejor libro de ensayo por su estudio La gran saga de los Aznar, firmado al alimón con Pedro García Bilbao.

Cronista del futuro


Especialmente curiosa es su Historia del futuro: desde la llegada del hombre a la luna hasta la caída del imperio galáctico, que publicó en 2003 y en la que partía de la realidad consensuada -la guerra fría y el final de la URSS- a la imaginada -echando mano de obras de Robert A. Heinlein, Ray Bradbury, Poul Anderson y muchos otros, incluyendo a españoles como Ángel Torres Quesada o Elia Barceló-.

Tampoco podemos olvidar su Lorna, una serie de historietas de ciencia ficción y erotismo en la que escribió los guiones que luego dibujaba Alfonso Azpiri y que estaba protagonizada por una aventurera espacial que se pasaba la mayor parte del comic semidesnuda, con el apoyo especial de su “robot lascivo”.

Azpiri se adelantó sólo unos meses a Saiz Cidoncha en su camino hacia las estrellas, ya que este dibujante madrileño falleció en agosto de 2017.
(Sin votaciones)
Cargando…