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Científicos de la Universidad de Michigan desarrollan herramientas para mejorar la producción global de alimentos

Científicos de la Universidad de Michigan desarrollan herramientas para mejorar la producción global de alimentos
El acuífero de Ogalla, uno de los más grandes del mundo, también ha sido estudiado gracias al nuevo SALUS. Imagen Cortesía de Anthony Kendall.


El SALUS permite simular diferentes modelos de cosechas para conseguir un incremento de la producción de comida y la reducción de sus efectos negativos.

Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado modelos de cosecha para calcular la producción de comida necesaria para alimentar una población creciente, que se espera que alcance los 9 billones de persona a mitad del siglo, y en medio de un proceso global de cambio climático. En un estudio aparecido en Nature Climate Change, miembros del Agricultural Model Intercomparison and Improvement Project desvelan un sistema de modelización global que integra múltiples simulaciones de cosechas con modelos mejorados de cambio climático. El esfuerzo de AgMIP ha producido un nuevo conocimiento que mejora la predicción global de la producción de trigo y reduce las influencias políticas y socioeconómicas que pueden distorsionar los datos y los esfuerzos de planificación, según cuenta Bruno Basso, científico de ecosistemas de la Michigan State University y miembro de AgMIP.

“Cuantificar las incertidumbres es un paso importante para ganar confianza en las futuras predicciones de rendimiento generadas por los modelos de cosechas”, afirma Basso, que ha contado con el soporte del departamento de Ciencias Geológicas y la Kellog Biological Station de su Universidad. “Empleando un conjunto de modelos climáticos y de cosechas, podemos entender cómo el incremento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, junto con la subida de las temperaturas y la variación en los niveles de precipitaciones afectarán a la producción global de trigo”.

Los modelos de cosechas mejorados pueden ayudar a conducir el desarrollo del mundo y de sus naciones, puesto que se podrán adaptar al cambio climático y crear políticas que mejoren la seguridad alimentaria y tengan capacidad para alimentar a un mayor número de personas, aseguran los miembros del equipo que ha llevado a cabo la investigación. Basso, que también forma parte de la MSU’s Global Water Initiative, ha desarrollado junto a un grupo de científicos el System Approach for Land-Use Sustainability model (SALUS), una herramienta de nueva generación para la predicción de las cosechas, y las condiciones de la tierra, el agua, y los nutrientes en los parámetros climáticos actuales y futuros. SALUS puede, además, evaluar las rotaciones de cosechas, los datos sobre plantaciones, el riego, y la utilización de fertilizantes, y hacer una proyección sobre la mejora de las cosechas y su impacto sobre el territorio.

SALUS fue inicialmente diseñado por Joe Ritchie, profesor emérito de la MSU, mientras que Basso fue el encargado de finalizar el proyecto, añadiendo nuevas incorporaciones para mejorar la predicción del impacto de la gestión agronómica sobre la mejora de las cosechas en el tiempo y el espacio. “Podemos cambiar los escenarios y hacerlos funcionar simultáneamente para comparar sus resultados –revela Basso-. Esto nos ofrece la posibilidad de utilizar un gran marco de referencia para comparar con facilidad diferentes aproximaciones a modelos de gestión del suelo, y seleccionar las estrategias más eficiente para incrementar el rendimiento de las cosechas, al mismo tiempo que se reducen impactos medioambientales como la creación de gases de efecto invernadero o la filtración de nitratos”.

Para llevar a cabo el estudio, el equipo estudió simulaciones de rendimiento de 27 modelos de producción de cosechas de trigo diferentes. Gracias al SALUS, Basso predijo el impacto de los cambios de temperatura, precipitaciones y emisiones de dióxido de carbono en las cosechas de trigo de medios naturales muy distintos a lo largo de todo el planeta.

SALUS ha sido utilizado en otros proyectos para evaluar la mejora en la producción de cereales y la utilización del agua en zona con características hídricas muy complejas, como el acuífero de Ogalla (que abarca desde Dakota del Sur hasta Texas), Siberia, la India o África.

“Tengo el ambicioso objetivo de mejorar el conocimiento científico para conseguir que vivamos en un mundo mejor, y albergo la esperanza de lograrlo en un escenario con menor pobreza y comida suficiente para todos los habitantes del planeta”, concluye Basso. Este estudio ha sido financiado en parte con fondos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y del Departamento para el Desarrollo Internacional del gobierno del Reino Unido.
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