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Cotilleo, tecnología y bodas en Serbia

Cotilleo, tecnología y bodas en Serbia

Os cuento un cotilleo. Mi dueña me llevó a visitar su primo. Como siempre, hubo comida, café y todo lo típico de esos encuentros. Casi me quedo dormido con las historias de la familia, que si la tía dijo eso, que si el otro primo va tener hijos pronto, que si otro empezó un negocio. Hasta que llegó la charla del que había montado su propio negocio.


La historia es la siguiente. El primo Kika es el menor de sus hermanos y estudiaba informática. Comparándole con su hermano Gaga, que siempre estaba más interesado en el trabajo de su padre, un taller de coches, Kika estaba un poco en la sombra.


No entendían como se podía encerrar en la habitación todo el día, por qué llevaba zapatillas de la marca Converse rotas cuando tenía dinero para comprar unas nuevas, por qué iba en transporte público cuando tenía el coche aparcado en el garaje y, sobre todo, qué pensaba conseguir jugando todo el día a esos estúpidos vídeojuegos.


Durante una temporada corrió la voz en la familia que a lo mejor era gay. Y hay que tener en cuenta lo que eso significa en Serbia dentro de una familia tradicional. ¡Un desastre!


Pero la posibilidad se descartó cuando empezó a salir con Sanja, que ahora después de diez años es su mujer y, además, su compañera de trabajo. ¿Qué trabajo?


Pues esa es la parte que me hizo más gracia. Resulta que todo ese tiempo que pasó en su habitación encerrado con su ordenador, entre otras cosas estaba jugando un videojuego de estrategia.


Según contó el peropio protagonista, una de las pocas noches que salió con sus amigos conoció a Sanja y resultó que también estaba enganchada al juego. Una cosa llevó a la otra y empezaron a salir y compartir la experiencia del videojuego jugando juntos, buscando “truquitos” en los diferentes foros de Internet, etcétera.


Al final, cansados de tener que entrar cada vez en 15 foros diferentes para consultar cada cosa, decidieron crear una página en la que iban a compartir sus propios trucos. Luego fueron reuniendo todos los que encontraron por la red y acabaron creando el mejor portal del dicho juego.


La página tuvo tanto éxito que a veces se caía el servidor por las visitas. Entró la publicidad de la mano de Google y menos de dos años pudieron comprarse un piso con lo que habían ganado.


Parecía un cuento de niños en el que al final llueven chocolates, pero lo que les cayó a ellos fueron euros. Me encantan estas historias de talento, iniciativa y nuevas tecnologías que acaban en boda.



Memorias de un smartphone serbio

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