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Demuestran que el efecto invernadero extremo se desencadena más fácilmente de lo que se suponía


 

El descubrimiento de la Universidad de Washington podría afectar también a la Tierra, aunque no lo haría antes de 1.500 millones de años

Que un planeta se sobrecaliente hasta fases inhabitables de calor dentro de una etapa de efecto invernadero ‘desatado’ o extremo podría ser más sencillo de lo que se creía, según un estudio de astrónomos de la Universidad de Washington recién publicado en el periódico Nature Geoscience.

En la fase del efecto invernadero ‘desatado’, un planeta absorbe más energía solar de la que puede desprenderse para mantenerse en equilibrio. Como resultado de ello, el mundo se sobrecalienta, poniendo en ebullición sus océanos y llenando la atmósfera de vapor de agua, lo que deja el planeta resplandeciente de calor e inhabitable para siempre, como lo es Venus en este momento.

Hay estimaciones que fijan en el extremo interior de la ‘zona habitable’ de la estrella el lugar donde el proceso del efecto invernadero da comienzo. La ‘zona habitable’ es ese anillo de espacio alrededor de una estrella que es adecuado para que permanezca el agua en forma líquida en la superficie de un planeta rocoso orbitante, permitiendo de este modo que la vida tenga una oportunidad de existir.

Revisando este escenario clásico de la ciencia planetaria con una nueva modelización computerizada, los astrónomos encontraron un umbral de radiación térmica más bajo para el proceso de puesta en marcha del efecto invernadero ‘desatado’, lo que supondría que esta fase podría ser más fácil de iniciar de lo que se había tenido por cierto durante mucho tiempo por parte de los científicos.

“La zona habitable se hace mucho más reducida, en el sentido de que no se puede permanecer durante más tiempo tan cerca de la estrella como pensábamos antes de un efecto invernadero ‘desatado’”, explica Tyler Robinson, astrónomo  e investigador postdoctoral de la Universidad de Washington y coautor del estudio que ha liderado Colin Goldblatt, de la University of Victoria. También han formado parte de este innovador trabajo Kevin J. Zahnle, del Ames Research Center, de la NASA, en Moffet Field (Calif) y David Crisp, miembro del Jet Propulsion Laboratory de Pasadena, en Calif.

 


Si se cumplen las estimaciones de los astrónomos de la Universidad de Washington, la Tierra, en el futuro, tendría una evolución similar a la de Venus. Imagen cortesía de NASA/SDO, AIA.


Aunque nuevos estudios han de ser puestos en marcha para confirmar estos extremos, los hallazgos podrían conducir a una recalibración de dónde comienzan y terminan las zonas habitables, lo que produciría la eliminación de algunos planetas que podrían ser candidatos a la consideración de ‘habitables’. “Estos planetas que, desde nuestra perspectiva, se habían colado en esa clasificación de forma un poco forzada porque cumplían de forma muy justa con los requisitos necesarios se sitúan ahora más allá del umbral del efecto invernadero ‘desatado’”, completa Robinson.

Una vez conocidos estos datos, los astrónomos creen que es preciso iniciar nuevas investigaciones, en parte porque su modelización computerizada fue concebida como una “simple sucesión de modelos de cielo despejado”, o una media de medidas unidimensionales de la esfera planetaria que no tomaba en cuenta factores tales como los efectos atmosféricos o las nubes.

Los hallazgos encontrados también tienen aplicación sobre la Tierra. Si el Sol incrementa su resplandor por encima de lo habitual, la Tierra, al igual que otros planetas, se verá inmersa en un proceso de efecto invernadero ‘desatado’, aunque esta circunstancia no sucederá, al menos en los próximos 1.500 millones de años. A pesar de ello, esta certeza ha inspirado a los astrónomos la sentencia: “Puesto que la constante solar se incrementa a lo largo del tiempo, el futuro de la Tierra es análogo al pasado de Venus”.
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