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Descubren que la grasa “mala” puede convertirse en grasa “buena”

Descubren que la grasa “mala” puede convertirse en grasa “buena”
FOTO: Pazit Polak. Una almohadilla grasa del epidídimo de un ratón

Un equipo de investigadores de la Escuela Politécnica de Zurich ha descubierto que tejido adiposo blanco se transforma en ‘grasa beige’, que puede ayudar a desarrollar terapias contra la obesidad en humanos


Un grupo de investigadores asegura que el tejido adiposo blanco puede transformarse en ‘grasa beige’. El descubrimiento, realizado mediante el estudio de ratones, abre la puerta al desarrollo de nuevas terapias contra la obesidad en humanos.

La mayoría de mamíferos tiene dos clases de células grasas: las blancas y las pardas. Estas últimas ayudan a mantenerla temperatura corporal a roedores, animales que hibernan y a toda clase de mamíferos recién nacidos, al convertir los lípidos y la glucosa en calor, lo que aumenta el consumo energético del cuerpo.

La grasa blanca, por su parte, cumple una función opuesta, ya que almacena energía para cuando el cuerpo la pueda necesitar.

Por sus características, se cree que aumentar la cantidad de grasa parda puede ayudar a toda clase de mamíferos, incluidos los seres humanos, a consumir más calorías y, por tanto, a perder peso.

«Para desarrollar nuevas estrategias de tratamiento necesitamos encontrar una manera de convertir los adipocitos (las células que almacenan las grasas) blancos en pardos», aseguró Christian Wolfrum, director del laboratorio donde se llevaron a cabo los experimentos.

Desde hace unos años se sabe que, cuando se los somete a bajas temperaturas, los seres humanos, y otros mamíferos como los ratones, generan grasa beige. Es decir, grasa parda dentro del tejido adiposo blanco. Cómo se genera, sin embargo, aún es fruto de debate dentro de la comunidad científica.

Según los investigadores de la Escuela Politécnica de Zurich, que han publicado un artículo en la revista Nature Cell Biology, es la propia grasa blanca la que puede transformarse en parda.

Para demostrarlo crearon ratones con células adiposas marcadas, y los sometieron a un ciclo que incluía una semana a 8 ºC, y varias posteriores a temperatura ambiente, entre 20 y 25 ºC.

Los científicos descubrieron que durante la semana de frío los ratones generaron tejido adiposo pardo dentro de sus reservas de grasa blanca. Células de grasa beige que compartían la marca que los científicos habían puesto a las blancas.

«El marcaje genético y la caracterización de adipocitos aislados demuestra que se convierten en células con la morfología y los patrones de expresión genética de los adipocitos blancos», afirma el equipo de científicos.

Durante las siguientes semanas, ya a temperatura ambiente, el proceso de creación de grasa ‘beige’ se revirtió. Aun así, aseguran los investigadores, «los adipocitos beige que se formaron por la estimulación mediante frío no se eliminaron».

A pesar de que los experimentos se realizaron solo con ratones, es posible que el funcionamiento sea el mismo en humanos, ya que las células grasas son muy parecidas.

«Las terapias actuales contra la obesidad se centran en el lado de la ingesta de energía, mediante el control del apetito o la asimilación de nutrientes», explicó Wolfrum. Un tratamiento que aprovechase la creación de grasa ‘beige’, sin embargo, se centraría en generar un mayor gasto de energía y una mayor quema de calorías, por lo que podría ser más fácil de seguir, y más eficaz.
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