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El flash, un compañero con el que es mejor compartir muchas posiciones

Txema Ruiz, periodista de EFEfuturo/EFEverde, experto en fotografía y economía


La fotografía se basa en la luz por lo que, evidentemente, sin luz no es posible tomar una imagen. Esta verdad de perogrullo lleva a la conclusión de que cuando no exista este factor habrá que conseguirlo de alguna forma y, es aquí, donde surge un difícil y variable compañero: el flash.




Para la mayoría de los fotógrafos parece claro que la peor forma de lograr esa luz es a través del flash, salvo en caso muy concretos para temas muy especializados, casi siempre en estudio y con iluminaciones muy cuidadas.



El flash, un compañero


Pero, en el caso de los aficionados, el flash ofrece más desventajas que ventajas y suele ser un elemento que o bien quema la foto, o produce el efecto de los “ojos rojos” o sombras donde no tendría que haberlas.


Esto es especialmente significativo en los casos en los que el flash está incorporado en el cuerpo de la cámara (la mayor parte de las compactas) y que enfoca en una sola dirección que incide directamente sobre la imagen a fotografiar.


Además, la potencia suele ser limitada y su eficacia no suele pasar más allá de los 4 ó 5 metros de distancia, entre la cámara y el objeto o personas que se quieren tomar.


La solución más práctica es usar un flash ajeno al cuerpo de la cámara y que se pueda orientar en varias posiciones tanto en vertical como horizontal para que el fogonazo no incida directamente sobre la imagen.


No es necesario, aunque es una decisión de cada usuario, hacer una gran inversión en un gran flash, del que luego no se va a obtener un rendimiento que justifique ese gasto. Lo mejor es adquirir uno que sea sencillo de usar y asequible para nuestras necesidades reales.


A la hora de usar uno de estos dispositivos, hay que tener en cuenta algunos aspectos: por ejemplo uno antiguo no sirve para una cámara digital, porque el voltaje es distinto y la cámara se puede estropear.


También, si se usa en un ángulo diferente a la línea recta y frontal respecto al objeto, por ejemplo, con el flash apuntando hacia el techo de una habitación hay que sumar la distancia entre éste y el techo y entre la cámara y el objeto para elegir la apertura del diafragma.


Estos dispositivos indican en una tabla la relación entre sensibilidad de la película o sensor y la distancia del objeto a fotografiar, con lo que el cálculo para esa elección es muy sencillo.


Por ejemplo, si se utiliza una sensibilidad ISO 100 y la persona u objeto está a unos 5 metros de distancia, la apertura, según la potencia del flash, será entre f5.6 y f4. Si la sensibilidad es 200 ISO, la apertura pasará a f8 y con ISO 400 a f11. Es decir cuanto mayor sea la sensibilidad menos necesidad de apertura, si se mantiene la distancia.


Por otro lado, habrá que tener en cuenta los datos del fabricante de la cámara a la hora de elegir la velocidad de obturación. Normalmente suele ser 1/30, aunque otros dispositivos funcionan con 1/60 o 1/125 e, incluso hay cámaras que admiten cualquier velocidad. Este dato está disponible siempre en el manual de instrucciones de la cámara.


El flash también se puede usar a pleno sol, como relleno, para resaltar, por ejemplo, el sujeto sobre el fondo (oscurecerlo) o para contrarrestar los efectos de un contraluz, resaltando el primer plano.


En definitiva, siempre es preferible usar la luz natural, incluso en espacios interiores pero, en caso de necesidad, es mejor un flash externo y aún más aconsejable uno que tenga la posibilidad de varios ángulos de iluminación. EFEverde


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