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El hospital de mineros

El hospital de mineros
“Entré en este (hospital) el día 9 de agosto próximo pasado (año 1774), a tiempo que me registró el Cirujano, en el que me dio por inhávil para todo trabajo corporal, con cuyo informe dispuso el señor Superintendente me quedase en la cárcel con media ración, alimento tan corto que experimento alguna necesidad, pues aquí más sirvo de inutilidad que de útil alguno.

Presento una *úlzera fistolosa a rraiz de la espaldilla derecha que fluie continuamente por la erida y boca humores pútridos y llevo muchos meses así pero no despierto clemencia. En la sala de los forzados del hospital nuevo comparto espera con otros tres forzados que trajeron desde la cárcel, el primero  no tiene más ayá de 20 años, tiembla desmedidamente hasta el extremo de tenerle atado al camastro, tiene sudor vaporoso dice el doctor Parés. Estuvo achacoso del temblor y padece agora un furioso nuevo intenso de el mismo. Está variamente atado, según la cualidad de concusión que padece y la parte que lo sufre, comenzó dice a sentir unas terribles congojas en el corazón, la respiración le sirve de trabajo, siente flaqueza mucha de fuerzas, el ánimo lo tiene turbado y ansía por el agua, clama que se muere, que se acalora aunque sea poca la ropa de su abrigo, tiene blandamente madoroso (sudoroso) el cuerpo. Despide de su cuerpo un tan copioso vapor, que mirado contra la luz, no hallo más acomodada explicación de él que parece al humo caudaloso de una chimenea cuyo hogar esté con mucha leña ardiendo, la ropa de su cama se moja de tal conformidad que pasando la mano por ella sale enteramente mojada. Si entra en calentura morirá dice otro de los forzados, ya ha visto el insultar a uno de estos trémulos extremados una rigurosa pulmonía, y a poco el sudor vaporoso y luego la muerte.

Díjome el médico que me dispondrá para escribiente en la intervención de la cárcel, aunque agora quedaré en la enfermería mientras no mejore, bendita fue la cristiana educación con la que criáronme mis padres…”

He querido releer este escrito sentado en unos de esos camastros a los que se refería el pobre Josef, en la sala de los forzados del Hospital de Mineros. No he conseguido saber que fue del joven de 20 años que relataba en su escrito, no se vuelve a referir a él más, quizás porque sanó y fue puesto en libertad o más bien porque murió aquel día y Josef se olvidó de él.

*NOTA: El texto recrea la grafía del diario de Josef Ramón de Osta (personaje real que vivió en el siglo XVIII), antiguo forzado en las minas de Almadén, condenado por desertor.

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