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El motín de 1874 (2)

El motín de 1874 (2)

(Continuación)


Iniciadas las investigaciones por parte del juzgado civil de primera instancia de Almadén las mismas concluyen con la condena de una sola persona a la pena de muerte, lo que no fue del agrado de las autoridades por lo que se dio traslado de las diligencias a un juzgado militar. La sentencia se dictó a primeros de agosto condenando a la máxima pena a cuatro de los reos, de entre 18 y 23 años, todos ellos solteros y naturales de Almadén excepto uno de ellos, que era casado y natural de la vecina localidad de Chillón. Además se condenó a diversas penas de prisión y trabajos forzados a otras trece, se tiene noticia de que algunos de ellos fueron enviados a Gomera. Por otra parte el expediente que se instruyó para depurar la responsabilidad en los hechos de los empleados dependientes de la Hacienda pública concluyó con el despido de siete trabajadores por su comportamiento no adecuado en los hechos y a los tres porteros, al ser menor su responsabilidad, se les impuso sólo quince días de suspensión de empleo y sueldo.


El seis de agosto se cumplió la sentencia, y los cuatro reos fueron decapitados en un cadalso que se instaló en un cerrete que existe entre la Bajada al Pozuelo y la Tenería. En la construcción del patíbulo se negaron a participar algunos carpinteros y sastres por lo que tuvo que hacer el alcalde un requerimiento para que todos los de la población participasen en ella.


Investigar en las causas de este motín es aventurado, el sr Monasterio, ingeniero de minas y Jefe del Establecimiento Minero introdujo notables mejoras en el mismo, modernizó las instalaciones y mejoró sin lugar a dudas las condiciones de trabajo. Trajo las máquinas de vapor para la extracción en los pozos y así se acabó el bajar a la mina en interminables escaleras. Montó el plano automotor para el transporte de mineral hasta los hornos y construyó también el paseo de El Óvalo entre los Cercos de San Teodoro y Buitrones. Además había logrado estar al corriente de pago de todos los servicios de los mineros. Parece que fue orden suya modificar las condiciones de subasta, lo que según algunos llevaría a la miseria a los trabajadores de los contratistas que pujaban en las mismas. Los periódicos de la época también apuntan a algunos funcionarios que, al objeto de mejorar su popularidad y quizás con aspiraciones políticas, corrompieron la sensatez de aquellos hombres. Lo que también parece innegable es que los salarios que se percibían y la rotación de los trabajadores, que les impedía volver a trabajar hasta que lo hicieran todos sus compañeros, los llevaba a la pobreza muchas veces absoluta.


En Almadén quisieron olvidar para siempre estos hechos. En Madrid en cambio se colocó una placa conmemorativa del crimen en la entonces sede de la Escuela de Ingenieros de Minas, en plaza del Conde de Barajas número 8. En 1925, y ya el Salón de Actos del edificio actual de la calle Ríos Rosas, se instaló una lápida con los nombres de los ingenieros de minas muertos en el cumplimiento del deber hasta aquella fecha. En la lista, encabezada por Mariano Santa Cruz muerto en Hiendelaencina en 1844, Monasterio y Buceta ocupan el 2º y 3º puesto, triste honor. La placa actualizada ya con 23 nombres se puede contemplar aun allí.


A los cuatro ajusticiados en cambio se les condenó también al olvido, no se recogen sus nombres ni en los diarios de la época, jóvenes que acaso pagaron algunos justos por pecadores al ser juzgados con la rapidez que exige la justicia militar. Sus nombres son: Antonio Cayetano Recio, Antonio Casiano Flores, Epifanio Fuentes y Natalio Eustaquio Aceña.


Ver entrega anterior


El motín de 1874 (1):http://www.efeverde.com/opinion/el-motin-de-1874/

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