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El oso polar podría no adaptarse a un Ártico sin hielo


CRISTINA GALLARDO – Los osos polares difícilmente recordarán el verano de 2012 como el mejor de su vida. En los tres meses estivales del año pasado, la extensión de la capa de hielo marino del Ártico, de la que dependen en gran medida para sobrevivir, se redujo en un tamaño superior a todo Estados Unidos. Cuando el biólogo Geoff York llegó a la región en los noventa aún era posible trabajar sobre el hielo durante todo la mayor parte del año. Ahora le preocupa que la velocidad creciente del deshielo ponga en riesgo la seguridad de los científicos pero, sobre todo, la supervivencia de los osos polares como especie. 




El biólogo Geoff York con una cría de oso polar. Foto: WWF

“Cuando comencé a estudiar a los osos polares, a finales de los años noventa, teníamos dos temporadas de captura, en primavera y otoño, en las que sedábamos a los osos y tomábamos muestras para evaluar su condición corporal, alimentación, genética y enfermedades potenciales. En 2005, tuvimos que abandonar la temporada de otoño porque el hielo se formaba mucho más tarde y su grosor era tan fino que operar sobre él dejó de ser seguro. Nuestra campaña tuvo que retrasarse hasta fechas del año mucho más frías y oscuras, en las que apenas teníamos horas de luz para trabajar”, cuenta York, Director de Conservación de Especies de Programa Ártico de WWF Global. Tras dos décadas de experiencia estudiando a esta especie en su hábitat natural, York teme que el deshielo y otras amenazas como la presencia de mercurio en la cadena trófica del Ártico supongan el último capítulo de la existencia de los osos polares, tras alrededor de cinco millones de años de evolución.






Probablemente, 2013 tampoco marcará un giro positivo para esta especie, pese a celebrarse el cuadragésimo aniversario de la firma del Acuerdo Internacional sobre la Conservación de los Osos Polares y de su Hábitat, por el que se prohibió la caza desde aviones y vehículos a motor, limitando esta práctica a las técnicas tradicionales utilizadas por los indígenas de Canadá y EEUU. La velocidad de deshielo prácticamente se ha duplicado en estos cuarenta años, pero York comenzó a percibir realmente sus efectos en 2012, cuando constató un incremento “muy considerable” del hielo marino durante la primavera. “La disminución del hielo marino lo hace mucho más vulnerable al viento y a las corrientes. Esto provoca que las plataformas heladas, sobre las que se desplazan tanto los osos como los científicos, sean mucho menos estables”, añade York, en una entrevista con Gravedad Cero.

El retroceso de los hielos provoca situaciones no deseables tanto para las personas como para los osos, bautizados como nanook por los inuit y Ursus maritimus por los científicos. “Dado que los osos pasan cada vez más tiempo sobre tierra y fuera del hielo, tienen más posibilidades de encontrarse con seres humanos. El grosor y la extensión cada vez menor de la capa de hielo marino puede obstacularizar los esfuerzos de la investigación de campo y provocar dificultades adicionales”, detalla este experto, que llegó al Ártico fascinado por “el dominio absoluto y la facilidad de los osos para desenvolverse en un entorno tan hostil para los humanos como el Polo Norte”. 

Los biólogos estiman que en este extremo del mundo habitan entre 20.000 y 25.000 ejemplares, alrededor de un 60 por ciento de ellos en Canadá. De las diecinueve subpoblaciones que viven en la región ártica, ocho de ellas se encuentran en declive, mientras que tres permanecen estables y solo una ha aumentado su número, según datos aportados por el Grupo Especialista en Osos Polares de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, en inglés).

Pese a la idea general de que el Ártico es un lugar grande y bastante homogéneo, la situación de los osos polares depende mucho de la zona en la que habitan. Steven Amstrup George Durner, del Servicio Geológico de Estados Unidos, propusieron cuatro únicas ecoregiones para estos mamíferos, en función de las mediciones del hielo marino: el Archipiélago Ártico, la región convergente -una zona en la que históricamente el hielo marino se mantiene durante todo el año-, la región divergente -áreas en las que la capa retrocede y avanza de nuevo, en un proceso que se repite anualmente-, y la región estacional, que abarca lugares como la Bahía Hudson, en los que el hielo se derrite completamente cada año. 

“Los osos polares y el resto de fauna marina del Ártico responderán de forma diferente en cada una de estas regiones, ya que todas ellas están experimentando cambios a una escala temporal y espacial diferente”, explica York.

Oso polar camina sobre el hielo en Spitsbergen, Svalbard, Noruega. Foto: Steve Morello / WWF.


La amenaza del mercurio


La población de zorros polares en la Islas del Comandante, en el mar de Bering, ha sufrido un descenso dramático en los últimos veinte años que, según un estudio reciente publicado por la revista científica “Plos One”, se debería a la presencia de niveles elevados de mercurio en su organismo. Este metal, altamente tóxico, ya se encuentra en la cadena trófica del Ártico y el oso, el único superdepredador de la región, es uno de los animales que más cantidad acumula en su cuerpo.





“En algunas partes del Ártico, particularmente en el Atlántico Norte, se ha demostrado que la presencia de algunos compuestos ha alcanzado niveles muy elevados y que en algunos casos están relacionados con la supresión del sistema inmune, daños a los órganos, hermafroditismo y pérdida de densidad ósea. Es necesario continuar con estas investigaciones, aplicadas a todas las especies salvajes, para evaluar correctamente los riesgos”, subraya el investigador. 


Pocas probabilidades de adaptación


Ante un panorama nada alentador, los científicos se preguntan si el oso polar podría adaptarse a climas más cálidos. York considera poco probable que esto suceda. “Dada la historia evolutiva de los osos polares que conocemos hasta hoy en día -escindidos de un ancestro común con los osos pardo hace unos 5 millones de años- es altamente improbable que pudieran retornar a una vida terrestre en el plazo tan corto de tiempo en el que se prevé que la capa de hielo desaparecerá”. 




Si finalmente las poblaciones de osos decidieran abandonar la capa de hielo y poner rumbo al sur, hacia terrenos con climas más cálidos, encontrarían un obstáculo adicional: la competencia con el oso grizzly, que ya ocupa el nicho terrestre del Ártico. 


“Hay pocas probabilidades de que el oso polar pueda evolucionar sin más hacia una especie competidora y mejor equipada en cuanto a necesidades calóricas, tamaño o color. El aumento de la hibridación es un resultado posible, pero eso significaría algo totalmente nuevo y no el oso polar que conocemos hoy. Es posible que hubiera osos en climas cálidos, pero no serán polares, si las cosas suceden como se espera que pasen”, aventura York, con cierto optimismo, pese a la gravedad de su pronóstico. Cree que la situación es mala, pero no irreversible. 


“Trabajar con osos polares te transforma. No se puede dejar la experiencia sin sufrir el impacto de ver a estos animales magníficos interactuando entre sí y con su entorno. Simplemente tenemos que hacer todo lo posible para bajar el termostato del mundo y ofrecer una oportunidad al hielo y a los osos. Debemos actuar pronto y decididamente si queremos prevenir el derretimiento del Ártico y ofrecerles una posibilidad mayor de sobrevivir a los cambios que les aguardan. Dado que el Ártico regula y enfría la temperatura del resto del planeta, necesitamos salvar esta capa de hielo para salvarnos a nosotros mismos”, concluye.



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