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El polen y el misterio de la civilización perdida

Las observaciones microscópicas del polen permiten obtener un sinfin de conocimientos.


Hasta ahora no se conocían las razones por las que una próspera civilización que habitaba hace unos 3000 años en lo que hoy es Israel había desaparecido por completo. Ahora, el polen de aquella época que descansa en el fondo de los lagos ha proporcionado las claves del misterio: un brusco cambio climático en la región, con reiteradas olas de frío, provocó una gran sequía y unas frías temperaturas que acabaron con los árboles endémicos. Ante esta desertización, los habitantes de aquella zona en los estertores de la Edad del Bronce no tuvieron otro remedio que emigrar hacia regiones más cálidas.

Hace más de 3.200 años, las civilizaciones prósperas de los alrededores de lo que hoy en día es Israel se derrumbaron de repente por razones que han sido un misterio durante mucho tiempo. Ahora, el profesor Israel Finkelstein y la doctora Dafna Langgut, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, y el profesor Thomas Litt, de la Universidad de Bonn en Alemania, han encontrado la respuesta en el polen del fondo de los lagos de Israel. En un estudio publicado esta semana en la Revista del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, los investigadores afirman que fue la sequía lo que llevó a la caída de la civilización del antiguo Levante meridional.

Como resultado de este cambio climático “en un corto periodo de tiempo todo el mundo de la Edad del Bronce se derrumbó” explica el profesor Finkelstein.

Un inusual análisis en alta resolución de los granos de polen tomados de los  sedimentos del fondo del mar de Galilea y de la orilla occidental del Mar Muerto, respaldados por una cronología de datación por radiocarbono, ha establecido claramente el período de la crisis entre el 1.250 y el 1.100 antes de Cristo. El estudio utilizó una combinación única de análisis tecnológico, arqueológico e histórico para proporcionar la imagen más completa conseguida hasta la fecha de aquella catástrofe ambiental.

Hace varios años, el profesor Finkelstein recibió una subvención del Consejo Europeo de Investigación para llevar a cabo investigaciones encaminadas a la reconstrucción de la antigua Israel. El proyecto consta de 10 vías de investigación, incluyendo el antiguo ADN y la arqueología molecular. Para la parte del proyecto referida al cambio climático, los investigadores extrajeron muestras de sedimento fangoso gris, a unos veinte metros por debajo del lecho del lago, del centro del Mar de Galilea, en el norte de Israel. El taladro utilizado pasa a través de 300 metros de agua y se introduce más de veinte metros en el lecho del lago, lo que permite recuperar datos de los últimos nueve milenios. En Wadi Zeelim, en el desierto de Judea, al sur, los investigadores extrajeron manualmente ocho núcleos de sedimento, cada uno de aproximadamente medio metro de largo, en los márgenes occidentales del Mar Muerto.

 


El equipo de investigadores con el taladro que les permitió obtener muestras profundas de fango.


“El polen es el material orgánico más perdurable en la naturaleza” explica  Langgut, el investigador que ha llevado a cabo el trabajo real de muestreo de polen. “Estas partículas nos hablan de la vegetación que crecía en las inmediaciones del lago en el pasado y, por lo tanto, dan testimonio de las condiciones climáticas de la región”. Los resultados mostraron una marcada disminución en la Edad de Bronce de árboles mediterráneos como encinas, pinos y algarrobos, y una disminución similar en el cultivo local de los olivos, que los expertos interpretan como consecuencia de los reiterados períodos de sequía. Las sequías probablemente fueron exacerbadas por las olas de frío, causando hambre y, por tanto, el movimiento de la población de norte a sur.

Otros estudios recientes sobre los granos de polen realizados por expertos en el sureste de Anatolia, Chipre, la costa norte de Siria y el delta del Nilo han llegado a resultados similares, lo que indica que la crisis fue regional. Tras esta devastación se produjo un período húmedo de recuperación que comportó un progresivo reasentamiento humano, dando lugar al nacimiento de los antiguos reinos bíblicos de Israel y Judá.

 

 

 

 
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