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El primer crustáceo venenoso conocido por la Ciencia

El primer crustáceo venenoso conocido por la Ciencia

 El Speleonectes tulumensis fue observado por primera vez hace más de tres décadas. Ahora los científicos han determinado que se trata del primer crustáceo que utiliza el veneno para cazar del que la ciencia tiene conocimiento. Imagen cortesía de Björn von Reumont/Natural History Museum.


 

El animal, que vive en cuevas, emplea una neurotoxina para matar a las presas y comenzar a digerirlas antes incluso de llegar a comérselas.

Dispersas a lo largo de México y América Central hay piscinas en las que el agua brota de redes subterráneas de cuevas, y que según los antiguos mayas eran puertas de salida para el mundo subterráneo. Un grupo de biólogos ha descubierto ahora que estos cuerpos de agua son el hogar de una misteriosa criatura del mundo: el primer crustáceo venenoso conocido por la ciencia.

El crustáceo en cuestión es el Speleonectes tulumensis, que pertenece a la familia de los remípedos, descrita por primera vez en 1981. Observar a este pálido, ciego y minúsculo animal en su hábitat natural ha resultado duro porque vive en redes laberínticas de cuevas que son dificultosas de navegar para los buzos, además de muy peligrosas. No obstante, el grupo de biólogos, en el que se incluían Björn von Reumont y Ronald Jenner, del Museo de Historia Natural de Londres, encontraron remípedos que expulsaban lejos de sí exoesqueletos vacíos de langostinos, probablemente después de haberse alimentado de ellos.

En el año 2007 los investigadores descubrieron estructuras en las pinzas frontales de estos animales que recordaban a las agujas hipodérmicas, lo que alimentó la especulación de que podría ser que inyectaran algún tipo de sustancia a sus víctimas. Esta idea se está comprobando ahora como cierta, a juzgar por el estudio que Von Reumont y Jenner han publicado en Molecular Biology and Evolution. Los científicos han encontrado que los depósitos anexos a la estructura de las agujas están rodeados por músculos que pueden bombear fluido a través de ellas. Pero sus descubrimientos no se terminan ahí, porque además hallaron glándulas en el centro del cuerpo de los remípedos que fabrican veneno y están conectadas con los depósitos.

Von Reumont y Jenner también desvelaron que el veneno de los crustáceos está compuesto predominantemente de péptidos, unas enzimas que tiene un papel esencial en el proceso de la digestión, y que se encuentran así mismo en el veneno de las serpientes de cascabel para ayudarles a hacer la digestión de sus presas. El veneno de los crustáceos también contiene una toxina que es casi idéntica a las neurotoxinas paralizantes que fueron observadas por primer vez en las arañas en el año 2010. “Creemos que la neurotoxina paraliza a la presa para que no pueda huir mientras que los péptidos permiten que los remípedos se beban a sus víctimas como si fueran un batido”, explica Jenner.

Aunque tener un veneno es común en algunos artrópodos como las arañas, los escorpiones, los ciempiés y las avispas, nunca antes de ahora había sido localizado en ninguno de los 70.000 crustáceos conocidos, un subgrupo de los artrópodos que incluyes a los langostinos y los cangrejos. Por el momento no se conoce la razón por la que se trata de una característica tan extraña dentro de este subgrupo.

Jenner tiene la sospecha de que la razón es que la dieta de los crustáceos es mucho más variada que la de los depredadores venenosos. Marshall McCue, fisiólogo comparativo de la St Mary’s University de San Antonio (Texas), está de acuerdo con esta teoría. “Como experto en razas que actúan como alimento y como carroñeros, creo que los crustáceos podrían no haberse visto sujetos a tanta presión como otros artrópodos y, por tanto, no habrían desarrollado un arma depredadora como el veneno”, confirma.

Si el veneno de los crustáceos tiene algún efecto sobre los humanos es algo que se desconoce todavía. “A menudo hemos escuchado de buzos que habían muerto en cuevas acuáticas en circunstancias misteriosas –concluye Jenner-. Me pregunto si los remípedos podrían ser responsables de esas muertes. Y si lo fueran, entonces los mayas tenían razón después de todo”.

 

 

 

 
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