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El reto de la Smart Society. Por Anibal R. Figueiras

El reto de la Smart Society. Por Anibal R. Figueiras

El último premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales reconoce los muchos méritos de la profesora Saskia Sassen, quien añade brillantez a los claustros de la Columbia University en Nueva York y de la London School of Economics. Una reciente entrevista con ella en el diario ABC concluye con la siguiente declaración: “Para que las tecnologías disponibles realmente alimenten las ciudades, la tecnología debe reflejar el conocimiento de los habitantes de la ciudad”. Por muestras de valioso saber como ésta merece la profesora Sassen el mencionado galardón, y muchos más.


A lo largo del último decenio se han venido sucediendo iniciativas bajo la etiqueta general de “smart cities”. No siendo idénticas, tienen como denominador común el aprovechamiento de las ya ingentes capacidades de almacenamiento de datos y cómputo, vertebradas por muy intrincadas y veloces redes de telecomunicación digitales. No se inquiete el lector, que las personas somos esencialmente digitales: hablamos con fonemas, escribimos mediante símbolos, reconocemos objetos, distinguimos opciones… Gracias a ello nos es dado soportar la obstinada presencia de las muchas formas del ruido que parecen intentar ocultarnos la realidad.

Muchos proyectos del ámbito de las “smart cities” se han propuesto y desarrollado con el loable propósito de hacer frente a problemas acuciantes, como el buen uso de la energía y la preservación del medio ambiente, cruciales para establecer una sociedad sostenible. Y no pequeños han sido los logros. Los primeros pasos no han ido desencaminados. No obstante, acontece aquí lo mismo que ha venido ocurriendo en otros ámbitos: una lenta introducción de herramientas y sistemas de ayuda a la toma de decisiones, así como un difícil incremento de la participación de las personas en las políticas que influyen en sus vidas. Sin embargo, ya están, disponibles tecnologías que permiten extraer valiosa información de datos masivos y heterogéneos. “Big data” es la denominación que reciben los problemas por ellos abordables. Y, por otra parte, la posibilidad de considerar y agregar opiniones o decisiones de grupos o muchedumbres de personas ha aparecido precisamente gracias a la interactividad de las actuales redes de telecomunicaciones. De modo que se puede acceder a la que se conoce como “inteligencia colectiva”, con reconocidas ventajas –no es vano el carácter social de nuestra especie– que han sido demostradas, sin ir más allá, por el inigualable poder predictivo e innovador de los conocidos como “electronic markets”. A esta segunda componente es a la que tan acertadamente se refería la profesora Sassen en la entrevista antes citada.

Aún ha de calificarse de escasa la presencia de la inteligencia computacional y la inteligencia colectiva (cuya apropiada combinación tiene precisamente el poder de la diversidad) en las realizaciones de las “smart cities” y otras análogas (“smart health”, “smart business”, etc). Es prudente no precipitarse; pero también es preciso no olvidar que las ya accesibles “herramientas cognitivas” serán en un no lejano futuro tan importantes o más que las universalmente adoptadas herramientas mecánicas. Y que el progreso de una sociedad requiere la contribución de sus integrantes. En la naciente “smart society” ha de constituirse un verdadero “cerebro colectivo” que integre nuestras inteligencias y los imprescindibles recursos instrumentales.

Nos enfrentamos a un desafío, y a una oportunidad, que no tiene precedentes. El biólogo Maynard Smith y el filósofo Szathmáry cierran su magistral “Ocho hitos de la evolución” diciendo que el acceso a las actuales telecomunicaciones –y, a través de ellas, también a la computación– es el último de esos hitos. Y predicen que tendrá mayores consecuencias que la invención y expansión de la escritura. Y hasta que la aparición del lenguaje. Nos encontramos ante el reto del siglo XXI. Hemos de dedicarle reflexión, planificación y esfuerzo.

 

Sobre el autor:

Aníbal R. Figueiras Vidal es Académico Numerario de la Real Academia de IngenieríaCatedrático Universidad Carlos III de Madrid


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