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El tiempo que le queda es el de su condena

El tiempo que le queda es el de su condena
“Vuelvome a ver acompañado de Silvestre Navarro, ayudante del presidio, siempre me asiste. Insisteme en ayudar a mi labor de escribiente de la intervención del presidio. Trabajo en mi manuscrito a Don Francisco Antonio Chacón, caballero residente de Esparragosa de Lares. Don Francisco visita con frecuencia al doctor Parés, es un estudioso de las minas y sus peligros, aunque desconozco su carrera. Mi escrito recoge un Breve Historico Prologo de lo Perjudicial de las Minas de Almadén, Don Francisco tiene ascendencia con el superintendente pienso.

Silvestre se apresta siempre a ayudarme y escribió de su puño y letra un párrafo que bien pareciome escribí yo mismo:

Desde la tierna hedad de nueve, o diez años, no tubo el mas antiguo minero otro exercicio que el seguimiento de faenas de Minas por no haver sus Padres inclinado su infancia a otros empleos, ya por haver ellos tenido la misma crianza, ya por faltarles medios para destinarlos a otra carrera.

Pareceme que sus delitos son de mala conducta y estafar varias cantidades de maravedíes a diferentes sugetos por medios ilícitos, facilitándoles el logro de empleos. En la cárzel tiene varias tareas y se mueve con libertad en la misma. Parece con importantes amigos, yo solo al doctor Parés.”

Según se desprende del diario, Joseph no parece que establezca finalmente amistad con sus compañeros de celda, sino con un estafador. Está obsesionado con salir, después de intentar las súplicas para su liberación y de presentar una queja por escrito tras la negativa recibida, decide buscar apoyos para conseguirlo. Ha perdido su individualidad y su dignidad. Pero lo menos que logra es rebatir o criticar, se le somete al trabajo forzado, para que olvide el tiempo, y la espera y su vida se transforman en el castigo permanente de todos los instantes que le quedan por vivir. No puede olvidarse de quien es, de cómo ha llegado a allí y de lo que acabará siendo. El tiempo que le queda es el de su condena, 10 años y no puede rebelarse a perderlo, no lo dejan y además todo aquello le recuerda permanentemente su condición y su precariedad. Es un sistema que le impone todo y le quita todo al mismo tiempo.

El diario llegado a este punto tiene varias hojas arrancadas, no es posible apreciar si las escribió, y después él u otra persona las arrancó, o si nunca se llegó a escribir en ellas. Todavía quedan algunas páginas escritas, pero ya no son muchas.

 

*NOTA: El texto recrea la grafía del diario de Josef Ramón de Osta (personaje real que vivió en el siglo XVIII), antiguo forzado en las minas de Almadén, condenado por desertor.

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