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El vapor llega a Almadén

En este nuevo año de 2014 se cumple el II Centenario de la muerte de Diego de Larrañaga y Gárate. Nosotros los guías nos referimos a él durante las visitas guiadas a la mina, pero quizás deberíamos hablar más de su figura, sobre todo en este año.

Diego nace en Azkotia, un pueblo guipuzcoano en 1760, tras los estudios básicos se traslada a Madrid para estudiar matemáticas y ciencias naturales hasta que en 1790 se le nombra cadete de la Academia de Almadén, así se llamaban a esos jóvenes estudiantes por los cordones del regimiento de la Corona de Nueva España que incluía su uniforme, siendo director de la misma Juan Martín Hoppensack, ingeniero alemán. De 1792 a 1794 asiste en Madrid al curso de docimasia (arte de ensayar los minerales para determinar los metales que contienen y en qué proporción) y metalurgia de François Chavaneau, químico, físico y matemático francés, descubridor del platino. En 1796 se le envía junto a Francisco Carlos de la Garza, alumno de la primera promoción de alumnos de la Academia, a un largo viaje de 4 años a través de Alemania, Austria y Hungría. En este periplo conocen las técnicas mineras e industriales más avanzadas del momento. Asisten al curso de geometría subterránea de Moeling en la Academia de Minas de Videnhak (Hungría) que luego traduciría al español para sus alumnos de Almadén y al de Abrahan T. Werner sobre mineralogía, geología estructural y formación de filones en la prestigiosa Academia de Freiberg, que también tradujo. Recorrió numerosas minas y fábricas relacionadas con el acero, la plata y diversos metales; y visitó, como no, las minas de mercurio de Idrija en Eslovenia, junto a las que nos hemos incluido en la lista de Patrimonio Mundial recientemente.

En 1800 vuelve a Almadén y se le encarga la enseñanza de la Academia. Dos años después se le nombra director de la misma y de las Minas. Las reformas que introduce revolucionan el anticuado Establecimiento Minero. Reorganiza la Academia en dos cátedras y luego en tres (mecánica aplicada, mineralogía y geometría subterránea). En 1803 modifica el sistema de explotación de las minas, abandonando el sistema de explotación en testeros o de cielo, introducido en Almadén en 1784 por su profesor Hoppensack y del que se conserva un taller en perfecto estado en nuestra visita al Parque Minero. El nuevo sistema sustituye la madera por sólida mampostería y está en uso en la mina hasta 1914. Introdujo el uso de agujas de cobre con ojo de hierro para la colocación de la mecha en la carga de pólvora de los barrenos, mejoró el diseño de los malacates de caballerizas. En 1805 logró hacer funcionar a pleno rendimiento la máquina de vapor para las labores de desagüe de la mina tras 20 años de obras y reticencias para su montaje (fue la segunda existente en España después de la dispuesta en el arsenal de Ferrol). En 1806 le toca a la metalurgia del mercurio, construye un par de hornos iguales a los que conoció en Idrija llamados San Carlos y San Luis que compiten con los de Bustamante. También dirigiría la fábrica de bermellón y lacre adjunta al centro y mejoró el método hasta hacerla competir con las mejores del mundo.

En 1810 Almadén es invadido por las tropas francesas del mariscal Victor y sus conocimientos de la cultura y del idioma franceses le permiten mantener la explotación. Consiguió que le permitiesen recibir recursos del gobierno español desde su refugio en Cádiz y logró que el mismo mariscal Soult le ayudase al sostenimiento de las minas desde Sevilla. Así las minas sólo dejaron de producir mercurio 4 años (de 1809 a 1812).

En 1813 con los franceses retirados y ya con las minas en producción, se le acusa de colaboracionista y se le destituye. Abatido se refugia en Madrid donde muere en 1814. Recibe la sentencia absolutoria un mes antes de su muerte. No satisfecho cedió en su testamento a Fernando VII la colección de minerales que había formado y sus libros de minería con sus valiosas notas. A su hermana dejó los créditos que tenía contra la Hacienda Pública por los atrasos de su sueldo que nunca cobró.

Creo que en el II Centenario de su muerte D. Diego de Larrañaga bien merece un reconocimiento en Almadén…
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