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En recuerdo de Joe Simon, co-creador del Capitán América

<p>JOE SIMON. EFE/PEDRO PABLO G. MAY</p>
Desde que Marvel Comics descubriera el filón de rentabilidad que supone la adaptación al cine de las aventuras de sus personajes más populares, la “Casa de las Ideas” no ha hecho más que anunciar una producción tras otra que ha ido materializando a lo largo de los últimos años con títulos dedicados a Iron Man, Thor, Los Vengadores, Los Cuatro Fantásticos, Hulk…, y que tendrán continuidad en próximas temporadas con otros superhéroes como Doctor Extraño, Pantera Negra o los Inhumanos; pero su gran fetiche sigue siendo el Capitán América.

A él se le han dedicado dos aventuras exclusivas (Captain America, The first avenger y Captain America,The winter soldier), además de figurar en las películas de Los Vengadores como uno de sus líderes, y está en preparación la tercera dedicada específicamente a su persona  (Captain America, Civil War)

Precisamente este mes conmemoramos el fallecimiento, a los 98 años de edad, de uno de los creadores de este personaje: Joseph Herbert Simon, más conocido como Joe Simon, que murió hace ya cuatro años dejando tras de sí uno de los más importantes legados de Marvel Comics.

Este escritor, artista, editor y, sobre todo, creador de comics, fue uno de los padres de numerosos personajes clave en la conocida como la “edad dorada” de la historia del tebeo en los Estados Unidos, entre los años treinta y los cuarenta del siglo XX, gracias a dos factores fundamentales: haber sido el primer editor de Timely Comics, la empresa que andando el tiempo se convertiría en la hoy todopoderosa Marvel y, sobre todo, su colaboración con el gran maestro del género, Jack Kirby.

Simon y Kirby trabajaron juntos en numerosos proyectos en distintas editoriales y mano a mano crearon todo tipo de personajes como Manhunter, Newsboy Legion o Boy Commandos, y hasta subgéneros como las historietas de amor y romance y, paradójicamente, las de terror.



Pese a algunos roces entre ellos que condujeron a un período de alejamiento más tarde superado, su química funcionó en general muy bien hasta el punto de que uno de los principales ejecutivos de DC Comics afirmó en 2010 que el tandem Jack Kirby/Joe Simon era “una marca de calidad bien probada” equivalente a la de Jerry Siegel/Joe Shuster, los creadores de Superman.

De hecho, el Capitán América (en realidad, su nombre debería entenderse como Capitán Estados Unidos pues, como la inmensa mayoría de norteamericanos, ambos artistas empleaban el nombre del continente como sinónimo de su país) es una especie de Superman de andar por casa, más humilde y de poderes limitados.

Su nacimiento se produjo con la Segunda Guerra Mundial ya en marcha: aunque la mayoría de ciudadanos estadounidenses se definían en las encuestas como no intervencionistas y estaban en contra de entrar en “la nueva guerra de Europa”, una parte de la población estaba muy polarizada a favor o en contra de alemanes y aliados.

El Capitán América nació dispuesto a darle lo suyo al Tercer Reich y, para que quedara lo suficientemente claro, en la portada de su primer número publicado en marzo de 1941, aparecía golpeando al mismísimo Adolf Hitler en la barbilla en medio de un conciliábulo nacionalsocialista: ese puñetazo adquirió un significado mucho más allá de un simple dibujo y sin duda ayudó a vender un millón de copias a diez centavos cada una, copias que, en buen estado, cuestan hoy una pequeña fortuna en los círculos de coleccionistas.



Como curiosidad, en aquel momento el Capitán América no llevaba todavía su característico escudo circular sino que era triangular, pero lo cierto es que tuvo tanto éxito que la portada del segundo número se repetía de forma casi idéntica y hubo que esperar al tercero para sustituir al Führer por uno de los primeros archienemigos del nuevo superhéroe a partir de entonces: Cráneo Rojo, un hombre de negocios estadounidense con una doble vida como jefe de un círculo de espías y saboteadores nazis.

Hoy día, la creación más famosa de Simon y Kirby ha adquirido un sesgo totalmente diferente, después de que el actual editor en jefe de Marvel Comics, Axel Alonso, lanzara en noviembre pasado el número 1 de un nuevo Capitán América…, pero de piel negra, cuya identidad civil es la de Samuel Wilson (o, lo que es lo mismo, Halcón, el antiguo compañero de luchas de Steve Rogers, el Capitán América original, que sube así en el escalafón) y su aspecto general es el de un Barack Obama hormonado.

Esta “herejía” para los seguidores más clásicos de Marvel, se suma a una ya larga lista basada en la nueva estrategia que ha tomado la compañía al publicar historietas con personajes que destrozan todo tipo de tabúes sociales, religiosos, sexuales y hasta culturales, con el fin de mantener e incrementar su cuota de mercado buscando a todo tipo de públicos.

Así sucedió con la homosexualidad de Northstar (el mutante francocanadiense que se declara y luego se casa con su novio); con la religión musulmana de Mrs. Marvel (una adolescente pakistaní de 16 años cuyo traje de superheroína luce paradójicamente una enorme runa Sieg); con la nueva raza (o mejor dicho, mezcla de razas, a medias negro a medias latino) del jovenzuelo que encarna ahora a Spiderman; o con la mayor de las “aberraciones”: el cambio de sexo de Thor, el dios del trueno de la mitología nórdica, cuyo papel ha sido asumido ahora por una mujer (aunque ya en la película de 2011, uno de los habitantes de Asgard, el dios Heimdall, conocido como el Dios Blanco en la mitología original, era contradictoriamente interpretado por el actor Idris Elba, británico por su pasaporte pero muy poco “blanco” al ser hijo de una pareja de nativos centroafricanos).

 

 
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