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Encuentran las evidencias más tempranas de caza en antepasados humanos

Encuentran las evidencias más tempranas de caza en antepasados humanos
Vista área del yacimiento de Kanjera Sur, en Kenia. Imagen: Thomas Plummer

Las excavaciones en el yacimiento de Kanjera Sur, en Kenia, revelan el consumo de carne y la existencia de comportamientos destinados a asegurar la alimentación, clave para el fortalecimiento y la expansión de la especie humana.

Un estudio de la Universidad de Bailor ha introducido novedades respecto a la dieta y las estrategias alimenticias de algunos de los más tempranos antepasados africanos del hombre. Este trabajo, basado en los hallazgos del yacimiento de Kanjera Sur (KJS), en Kenia, que tiene una antigüedad de dos millones de años, revela el consumo de carne, la práctica de la caza y la existencia de comportamientos destinados a asegurar la alimentación. Estas actitudes “facilitaron la expansión del cerebro dentro de la evolución humana, movimientos de grupos de individuos desde África a Eurasia, y también importantes cambios en el comportamiento social, la anatomía y la fisiología humana”, según afirma Joseph Ferraro, profesor auxiliar de Antropología en Baylor.

Hace unos dos millones de años, los primeros especímenes humanos que utilizaban herramientas de piedra, conocidos científicamente como el Hombre de Oldowan, comenzaron a mostrar un alto número de adaptaciones psicológicas y ecológicas al medio natural. Para hacer frente a ellas, el individuo precisaba de un notable gasto energético, incluyendo un incremento del tamaño del cerebro y del cuerpo, mayor esfuerzo en la crianza de su progenie y una significativa extensión de su territorio vital. La demostración de cómo el hombre había adquirido la energía adicional que precisaba para llevar a cabo estos cambios ha supuesto una controversia a lo largo de los años.

El reciente estudio liderado por el doctor Joseph Ferraro, profesor auxiliar de Antropología en Baylor, y publicado recientemente en PLOS One, ofrece nuevos datos sobre este tema, a la luz de los abundantes datos obtenidos en el yacimiento de Kanjera. “Considerado en su totalidad –explica Ferraro-, este estudio aporta tempranas e importantes evidencias arqueológicas sobre la caza y los comportamiento destinados a asegurar el sustento alimenticio, elementos básicos para la evolución humana. Nuestro trabajo ayuda a resolver el debate entre caza y almacenamiento de comida en el Paleolítico. Los hallazgos en KJS muestran que el hombre de Oldowan no hacía una elección sobre uno u otro sistema, puesto que muchos de ellos practicaban ambos”.

Localizado en las orillas del Lago Victoria, el yacimiento de Kanjera Sur, contiene tres grandes capas estratificadas de restos animales, muy bien conservadas. El equipo de investigadores ha trabajado durante más de una década ahí, recuperando miles de huesos animales y rudimentarias herramientas de piedra. De acuerdo con las conclusiones de estos científicos, los homínidos de KJS obtuvieron sus nuevos requisitos energéticos gracias a un incremento del consumo de carne. De hecho, las evidencias muestran que estos antepasados adquirieron abundantes provisiones alimenticias animales combinando la caza y el almacenamiento. El yacimiento de Kanjera Sur es la prueba arqueológica más antigua de este comportamiento.

Las evidencias fósiles de la caza humana encontradas son especialmente convincentes. Los documentos obtenidos muestran que el hombre de Oldowan cazó y descuartizó numerosos cadáveres de pequeños antílopes. Estos animales son abundantes en el yacimiento, donde aparecen la mayoría de sus huesos, desde las cabezas hasta la punta de sus pezuñas, lo que indica a los científicos que fueron trasladados enteros hasta el yacimiento, y allí se procedió a su troceado. Muchos de los huesos muestran marcas de cortes hechos con herramientas simples de piedra para separar la carne del animal, mientras que otros han sido quebrados empleando piedras del tamaño de un puño para obtener el tuétano de su interior.

Además, estudios recientes en la zona del Serengueti, muy similar al yacimiento de KJS, muestran que los depredadores devoraban los antílopes de este tamaño en apenas unos minutos desde su caza. Como consecuencia de ello, los homínidos sólo podían conseguir estos valiosos restos en la sabana por medio de la práctica activa de la caza. El yacimiento también contiene cabezas de antílopes del tamaño de un ñu. A diferencia de lo que sucedía con sus crías, estas cabezas se conservaban en buen estado durante días, por lo que pudieron ser recogidas para su almacenamiento, ya que ni los leones ni las hienas era capaces de quebrarlas para obtener su cerebro, muy rico en nutrientes.

“Empuñando sus herramientas –concluye Ferraro en su comunicado oficial-, los homínidos podían acceder a este tejido y hacerlo, probablemente, tras el almacenamiento de estas cabezas después de que los cazadores animales hubieran consumido el resto del cuerpo. Los antepasados de KJS no sólo almacenaron estas cabezas, sino que también las transportaron hasta el yacimiento antes de romperlas y consumir esos cerebros. Este dato es importante porque aporta la evidencia arqueológica más antigua de este tipo de recurso al transporte como comportamiento dentro del linaje humano”.
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