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Encuentran muestras de ADN que podrían probar la existencia de formas de vida bajo el hielo de la Antártida


 

Según un estudio ruso, el Lago Vostok, en la Antártida, podría albergar muchos de los ingredientes necesarios para la puesta en marcha de un complejo ecosistema.

Incluso para los estándares del Antártico, la estación investigadora del Lago Vostok es inhóspita. El puesto avanzado en el corazón del continente congelado mantiene el record por la temperatura natural más baja nunca registrada en la Tierra. De hecho, los científicos suelen definirla como un lugar castigador, sin perdón, el más desolado del planeta.

Pero esto no es nada, porque cerca de 4000 metros por debajo de la estación, debajo de la demoledora capa Este del Antártico, se asienta un enorme cuerpo de agua. El Lago Vostok ha existido desde hace milenios en la oscuridad, en un helado aislamiento, previsiblemente sin albergar nada que no sean los microbios más resistentes.

Sin embargo, ahora un equipo ruso ha profundizado a través de la capa de hielo, alcanzando el Lago Vostok por primera vez en 15 millones de años. Según un estudio hecho público recientemente, los científicos han encontrado fragmentos de material genético en el interior de muestras congeladas de agua que incluyen no sólo el ADN de microbios, sino de otras muchas especies más complejas: una pulga de agua, un molusco y quizás algo parecido a una anémona marina. Incluso más intrigante todavía es el hecho de que hayan aparecido algunas secuencias genéticas que son similares a las de las bacterias y los parásitos típicamente encontrados con vida dentro de los pescados, las langostas o los langostinos.

Muchos científicos consideran difícil de creer esta afirmación. El Lago Vostok parece demasiado profundo, frío y oscuro para la vida compleja. Podría ser, sugieren, que los investigadores que descubrieron el ADN contaminaran accidentalmente las muestras con material genético de la superficie. O quizás que estén llevando los datos genéticos demasiado lejos y viendo similitudes con la vida compleja en lo que sólo es un fragmento de ADN bacteriano.

No obstante, en contra de lo que sucede con otras afirmaciones sobre la existencia de vida en medioambientes muy antiguos, el caso de la vida compleja en el Lago Vostok no precisa de la reformulación de las teorías. Se hace necesaria la existencia de un intrincado ecosistema con la ausencia de la luz solar y la fotosíntesis, pero nada descarta la posibilidad de que extrañas criaturas de otro mundo estén esperando a ser descubiertas bajo uno de los lugares más remotos de la Tierra.

El Lago Vostok es casi tan grande como el Lago Ontario y mucho más profundo, con estimaciones de que es hasta 900 metros más profundos en algunas de sus áreas. Por volumen, es el séptimo mayor del mundo. A pesar de los indicios que remitían a su existencia, su presencia no puedo ser confirmada hasta mediados de los años 90. Casi desde ese mismo momento, comenzaron las sospechas sobre que pudiese albergar vida.

Después de varios intentos fallidos o mejorados de perforación, los miembros de un equipo científico ruso han obtenido muestras del interior sobre las que esperan poder ofrecer pronto conclusiones. Pero Scott Rogers, un experto en ADN Antiguo de la Bowling Green State University de Ohio, ha podido estudiar parte de las muestras correspondientes a Estados Unidos y que se encontraban en el National Ice Core Laboratory de Denver. A pesar de que su muestra contenía, sobre todo, partes del glaciar, en el fondo de ella aparecía agua del Lago que se había congelado y unido al hielo superior.

Rogers y su equipo, en el que se incluía su alumno Yury Shtarkman, han empleado más de dos años en analizar sus muestras de hielo. Y como esperaban, han encontrado material genético que sustenta la existencia de vida bacteriana. El equipo tenía muestras de dos partes del lago: en una, en torno al 77% de las secuencias genéticas identificables proceden de bacterias, la mayoría de ellas, de hongos. En la otra, alrededor del 95% de lo que pudieron identificar, era bacteriano.

 


Un equipo de perforación consiguió, tras años de intentos, alcanzar el Lago Vostok en febrero de 2012, y recoger muestras de hielo para poder analizar sus componentes y los restos de ADN que hubiera en ellas. Imagen cortesía de Y. Shtarkman. Adaptada por M. Atarod.


Y entonces dieron con lo destacado: los investigadores detectaron ADN similar al de unos pequeños animales acuáticos llamados tardígrados, u osos de agua, conocidos por su capacidad para sobrevivir en medios extremos. Algún material genético era casi idéntico al de las rotíferas. Otras secuencias sugerían una mezcla de algas (amarilla y verde, verde, roja…). Pero la verdadera sorpresa fue dar con secuencias que revelaban la presencia de organismo mayores como almejas o medusas. Las más extrañas de todas eran las marcas genéticas que recordaban a parásitos o compañeros simbióticos, como una bacteria intestinal de la trucha irisada, un simbiótico de la esponja o una bacteria intestinal de la langosta.

El hallazgo de esas secuencias de ADN no significa que esos organismos exactos están nadando varios kilómetros por debajo del hielo de la Antártida. Pero la mezcla de huellas genéticas sugiere la presencia de un rudimentario ecosistema funcional: había productores primarios (las bacterias y otros bichos que extraen nitrógeno y carbono del medioambiente y lo convierten en útil para otros organismos). También se registraban consumidores (varias clases de amebas, zooplancton y quizás otros seres vivientes). Y completando el círculo, había descomponedores, incluidos los hongos con su peculiar modo de proceder. Muchas de las secuencias de ADN son similares a las de esos organismos, que tienen una alta tolerancia a las circunstancias extremas, por frío, salinidad o presión.

A pesar de estos datos, muchos científicos son incapaces de hacerse a la idea de que exista este increíble ecosistema, ya que entienden que al tratarse de un espacio cerrado y oscuro, carece de alimentos para estos organismos. Sin embargo la existencia de una fuente energética en el Lago Vostok podría facilitar la presencia de vida multicelular. Los datos de los radares de penetración en el hielo y de los altímetros láser sugieren que el Lago se asienta en una gran frontera geológica. “Actividad menor reciente podría tener el potencial suficiente para introducir pequeñas, pero significativas, cantidades de energía térmica en el Lago”,   detalla uno de los geocientíficos del grupo.

Rogers cree que la actividad tectónica y otros datos sugieren la existencia de un conducto hidrotermal, probablemente cerca de una ensenada rica en sedimentos en la porción suroeste del lago. La más colorida muestra de organismos en sus análisis procede de ese área. “Realmente me gustaría conocer que hay en la zona suroeste, porque creo que toda la acción biológica se encuentra en esa zona”, afirma.

Respecto de las dudas sobre la contaminación de las pruebas, Rogers conoce que manejando secuencias muy frágiles de ADN Antiguo esto puede suceder. Pero trabajando con un equipo que lleva más de tres décadas sometido a estos riesgos, ha aprendido a tomar las precauciones adecuadas. De hecho, como destaca, les ha llevado cuatro años obtener las muestras del núcleo de hielo, detectando qué partes habían podido ser contaminadas por otro ADN y desarrollando un proceso para eliminar el material no deseado (que incluye lavados con blanqueadores de cloro).

Por último, había algunas dudas entre la comunidad científica sobre la forma de relacionar las secuencias de ADN Antiguo obtenidas con organismos que nos son familiares. Muchas de las pruebas apenas aportaban unos pequeños pedazos de lo que debía ser una larga cadena genética, y lo investigadores cotejaban su porcentaje de similitud con las secuencias genéticas ya desveladas y depositadas en las bases de datos públicas. El problema es que dos animales muy diferentes, como un ave y un ser humano, pueden compartir una base genética similar en un porcentaje muy alto, y diferente sólo a partir del momento en que se separaron evolutivamente, lo que conduciría a confusiones. Para eliminar este tipo de riesgos, y avanzar con la seguridad de estar dirigiéndose en la línea adecuada, los científicos construyen árboles genéticos familiares que reconstruyen la evolución genética que se puede apreciar en la realidad.

Por el momento, los árboles familiares de esta investigación están bien construidos y parecen demostrar que la teoría se sustenta sobre principios científicos adecuados, puesto que no aparece ningún dato muy extraño o aberrante. Aunque eso no significa, como aclara el equipo, que haya langostas en Lago Vostok, sino que hay secuencias genéticas similares a las de los microbios y parásitos asociados a especies más grandes, como la langosta, pero que podrían haber abandonado la vida parasitaria hace mucho tiempo. Eso justificaría su presencia en la muestras analizadas.

 

 

 

 
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