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Es muy original utilizar el propio órgano dañado como biorreactor

La obtención de tejido hepático funcionante (protohígado o yemas hepáticas) a partir de un cócctel de células madre, publicada recientemente en la revista Nature, es un hecho enormemente relevante y esperanzador.

Primero porque es una nueva constatación de que la utilización combinada de células madre y técnicas de ingeniería tisular permite realmente fabricar órganos y tejidos que se integran en el organismo receptor y funcionan adecuadamente.
Aunque todavía queda mucho tiempo para que esto tenga una aplicación clínica, es indudable que antes o después esta tecnología derivará en la obtención de órganos y tejidos fabricados con el material biológico del paciente que los necesita, lo que acabará con los graves problemas de carencia de órganos y de rechazo que plantea el trasplante en el momento actual.

Desde un perspectiva más técnico-científica, el trabajo desarrollado por el grupo del Prof. Tekebe no es menos relevante. Resulta especialmente interesante y novedoso la utilización de un cóctel de células sinérgicas para regenerar las diferentes estructuras del tejido hepático.

La inmensa mayoría de los experimentos de aplicación de células con fines de regeneración tisular se han realizado utilizando un único tipo celular. Los investigadores japoneses han probado con éxito el concepto de que la regeneración requiere células dirigidas no solo al parénquima propio del órgano sino también a las estructuras de soporte y a la perfusión vascular.

También es muy trascendente y original su idea de utilizar el propio órgano dañado como biorreactor.

En ingeniería tisular se intenta regenerar tejidos aplicando células sobre matrices dentro de incubadoras artificiales en las que se reproducen las condiciones biológicas normales del órgano que se intenta obtener (biorreactor).

Los investigadores japoneses han imitado el desarrollo embrionario y han trasplantado las yemas de tejido hepático creadas en el laboratorio en el interior de un hígado enfermo de ratón, logrando que en este entorno las yemas trasplantadas pasen a ser tejido hepático con función normal.

Existe riesgo de que este tipo de “neotejido” pueda originar tumores a largo plazo. Por otra parte, es muy difícil que este tipo de tecnología pueda aplicarse con éxito en órgano más complejos, como el corazón. Sin embargo, los conceptos que se han probado en este trabajo constituyen un hito importantísimo en la historia de la medicina regenerativa.

Francisco Fernández-Avilés es coordinador de la Red de Investigación Cardiovascular (RIC), director del Laboratorio de Órganos Bioartificiales y jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón.
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